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Caja Madrid multiplicó por veinte el sueldo de sus consejeros para asegurarse su lealtad

El expresidente de Caja Madrid Jaime Terceiro carga en su declaración ante el juez Andreu contra sus sucesores en el puesto. Asegura que los responsables de las "áreas clave" fueron cesados tras su marcha, entre ellos los encargados de fiscalizar las tarjetas

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Jaime Terceiro, a su llegada a la Audiencia Nacional el pasado viernes. EFE

MADRID.- Una herencia dañada. Así calificó el expresidente de Caja Madrid Jaime Terceiro el viernes ante el juez Andreu el resultado de la gestión de sus sucesores en el cargo. Fue citado a declarar como testigo en la instrucción del caso de las tarjetas 'black' en Caja Madrid, en una semana en la que desfilaron por la Audiencia Nacional los nuevos imputados por el juez en el caso.

En su declaración, a la que ha tenido acceso Público, Terceiro (presidente de la caja entre 1988 y 1996) confirma que las tarjetas para gastos de representación se comenzaron a utilizar bajo su presidencia, pero presume de que se logró establecer un sistema en el que no era posible el fraude.

En ella arremete también contra sus sucesores en el cargo, y contra los ceses en cadena que se produjeron entre las piezas "clave" del buen rumbo de la entidad hasta su salida y de la fiscalización de las tarjetas de representación, según Terceiro.

El expresidente acusa de forma velada a sus sucesores de haber dañado un sistema que se implantó durante su presidencia, y lo achaca a un pacto político que condicionó "toda la actuación futura del Consejo de Caja Madrid".

"Tras mi dimisión, el Consejo de Caja Madrid estuvo condicionado en toda su actuación futura por un pacto escrito entre un partido político y un sindicato", sentenció Terceiro ante el juez, añadiendo que lo que condujo a la situación crítica de Caja Madrid en 2009 fue "una disparatada política de gestión del riesgo", unido a que "multiplicar por más de veinte veces las retribuciones de los consejeros suponía el mejor mecanismo para asegurar su falta de independencia".

Jaime Terceiro se lamentó durante su declaración de que unos sistemas de fiscalización de las tarjetas y de funcionamiento general de la caja que la convirtió "en una de las instituciones más solventes y rentables de España" fueran eliminados tras su salida de la entidad.

"En una institución financiera son varias las áreas clave, pero entre ellas cabe destacar el área financiera y de riesgos, el control interno y la planificación estratégica. Pues bien, los responsables de estas tres áreas fueron cesados a las pocas semanas de presentar yo mi dimisión como presidente", aseguró durante su declaración.

"Los responsables de tres áreas clave fueron cesados a las pocas semanas de presentar mi dimisión"

"Es obvio que el problema no ha sido la utilización de las tarjetas, sino su mala utilización", dijo Terceiro señalando a sus sucesores en el cargo como responsables del presunto fraude cometido.

En concreto, se lamenta de que el "incomprensible uso de las tarjetas de empresa, exclusivamente para gastos de representación, ha conducido a la situación que me ha traído hoy aquí, y la pésima evaluación de los riesgos a la quiebra de Caja Madrid". Asegura que ambos procedimientos fueron "heredados y dañados posteriormente".

Los mecanismos de seguridad de las tarjetas originales

El límite de gasto en la tarjeta estaba situado en 600 euros, aunque Terceriro se mostró tajante al asegurar que no era, "desde luego, una autorización para gastar 600 euros mensuales". El gasto medio por parte de los consejeros era de unos 250 euros al mes, según el expresidente.

"Las tarjetas de empresa para gastos exclusivamente de representación hacen más difícil defraudar", aseguró Terceiro ante el juez Andreu. Entre las condiciones de estas tarjetas se encontraba también la no entrega del número PIN con el objetivo de evitar las retiradas de dinero en efectivo de las cuentas, lo que estaba prohibido según las normas internas de Caja Madrid.

Este tipo de tarjetas "estaban dentro del circuito establecido con carácter general y ordinario para todas ellas", lo que permitía, según Terceiro, que su información fuera "absolutamente transparente" para su auditoría.

"Estos gastos, que eran exclusivamente de representación, estaban sujetos a un doble control, tanto cualitativo como cuantitativo", relató Terceiro. Ángel Montero, secretario general de la Caja durante su presidencia, era la persona encargada de fiscalizar "minuciosamente" todos estos gastos, lo que se sumaba al control y verificación de la Auditoría Interna sobre esos gastos. El responsable de esta auditoría, Manuel Cobo, fue cesado unos días después de que Terceiro abandonara la presidencia de la caja.

Terceiro rechaza que a los consejeros se les dijera que podían usar las tarjetas para los gastos que quisieran, señalando una sesión del Consejo de Caja Madrid el 30 de octubre de 1995, en la que se deja "bien claro que los miembros del Consejo y de la Comisión de Control dispondrán de una tarjeta VISA de empresa exclusivamente para gastos de representación".

Para terminar, hizo una comparación general de su gestión con la que vino tras su marcha; Terceiro destacó en su declaración que mientras en su época como presidente un consejero podía percibir unos 9.000 euros al año como máximo, estos conceptos "oscilaron en 2009 desde 200.000 a 500.000 euros anuales".

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