Entrevista a Bob Pop"La ultraderecha no es un problema moral, es un negocio perfectamente orquestado"
Hablamos con el escritor y precandidato a las primarias de Barcelona en Comú, que se muestra enfadado con la cúpula del partido y muy crítico con sus políticas.

Barcelona--Actualizado a
Roberto Enríquez, más conocido como Bob Pop (Madrid, 1971), ha sido la gran sorpresa política de la izquierda barcelonesa en los últimos meses. El escritor, humorista y actor ha sacudido con su anuncio de querer ser alcalde de Barcelona un espacio político que esperaba un relevo de Ada Colau tranquilo y sin sobresaltos. Pero su voluntad ha forzado al partido a tener que celebrar sus primeras primarias desde que nació.
Y lo ha hecho con una estructura política y organizativa seria, mucho más de lo que la gente puede prejuzgar. Es consciente de que se enfrenta al statu quo del partido, pero lo hace porque cree que el espacio necesita un cambio real. El sábado anunció que la activista Mar Trallero será su número dos. Recibe a Público en su casa, un piso típico del barrio Gòtic de Barcelona, en medio de la gentrificación turística que ahoga la ciudad. Sentado ya a la mesa, con un té y una libreta, se le nota la ilusión con una sonrisa que cuesta que se le borre. Tiene ganas de hablar y de explicarse, y de que la gente se lo tome en serio.
¿Cómo está en los primeros días de esta aventura política?
Son días muy intensos y con muchas propuestas interesantes. Estoy hablando con gente que sabe de cosas que me interesa escuchar, con personas que tienen preocupaciones, problemas y puntos de vista complementarios a los míos. Es una experiencia muy estimulante.
Desde fuera da la sensación de que no es un paso improvisado, que hay una estructura y un planteamiento político detrás.
Claro que lo hay. Por un lado, mi trayectoria siempre ha tenido mucho que ver con la política. Llevo años haciendo política, ocupando los espacios que me han dejado ocupar, hablando de política como una forma distinta de pensar las cosas. He estado en medios de comunicación masivos donde he podido colar mi discurso, hasta que me han echado, y me parece bien: son las reglas del juego.
Barcelona se ha convertido en un negocio muy rentable, una superproducción en la que ni siquiera somos figurantes
Pero cuando decido presentarme a las primarias y dar el paso hacia el Ayuntamiento, lo hago porque tengo la sensación de que esta es mi ciudad. He vivido aquí mucho tiempo y vivo lo mismo que vive mucha gente: la precariedad. Vivo en una casa que ahora puedo pagar, pero no sé qué pasará cuando cambie el contrato. Vivo de mi trabajo, y muchas veces no llego a final de mes, aunque haya quien piense que soy una estrella internacional. No lo soy. Soy escritor y hago teatro, cosas que hoy no son especialmente rentables. Y tengo la sensación de que la ciudad, en lugar de cuidarnos, nos está pidiendo la vida a cambio. Barcelona se ha convertido en un negocio muy rentable, pero sin rostros ni nombres. Una superproducción en la que ni siquiera somos figurantes.
¿Cree que este proceso es imparable
No. Y te explico por qué. Más allá de cuestiones morales, lo que hay detrás es codicia. Y la codicia tiene muchas opciones: ahora han elegido la vivienda y el turismo masivo porque es lo más rentable y lo más fácil, y porque además sirve para blanquear dinero. Pero si lo haces más difícil y un poco menos rentable, no acabarás con los ricos: se irán a otro lugar donde sea más fácil. De eso se trata. Y eso solo se puede hacer desde las instituciones públicas. La política es, primero, la herramienta para modular el poder. Después, si hace falta, para tomarlo. Pero antes hay que modular un poder que nadie ha decidido.
¿Qué le inspira de su trayectoria artística para entrar en política?
Convertirla en una creación colectiva. Y eso empieza por algo muy simple: llegar al Ayuntamiento, si llego, y preguntar a todo el mundo qué hace, cómo se hacen las cosas, cómo se les puede ayudar y cómo nos pueden ayudar. Ser mucho más transparentes.
Antes de prometer nada sobre vivienda o turismo, quiero hablar con gente que sepa del tema
Cuando hablo de creación colectiva hablo también de pedagogía y de honestidad. Me comprometo a no hacer promesas vacías. Antes de prometer nada sobre vivienda o turismo, quiero hablar con gente que sepa del tema, aunque no forme parte de mi espacio político. Personas con experiencia y conocimiento. Escuchar, aprender y después comunicar bien las historias: eso es lo que he hecho toda mi vida.
Y también quiero quitarle solemnidad, aburrimiento y empaquetado a la institución. No frivolizar, pero sí quitarle esa rigidez que detesto. Se trata de dejar de pensar que las cosas solo se pueden hacer de una manera.
En Barcelona han gobernado fuerzas de izquierdas durante años y parece que estemos peor que hace una década. ¿Por qué?
Por muchas razones, pero sobre todo porque no supimos explicar bien las cosas. No supimos ser pedagógicos, no supimos anticipar el ataque brutal de las fuerzas del capital ni jugar eso a nuestro favor. El gobierno de Ada Colau mostró otra posibilidad de ciudad, incluso una posibilidad de futuro. Pero el ataque constante, mediático y político, hizo que el día a día pasara por encima. Y quizá lo que tendríamos que haber aprendido es que lo importante es la vida de la gente, no el relato sobre la vida de la gente.
Tendríamos que haber aprendido que lo importante es la vida de la gente, no el relato sobre la vida de la gente
Ahora se vuelve a impulsar una candidatura desde este mismo espacio. ¿Cómo lo ve?
Depende. En el caso del cabeza de lista, creo que después de 12 años en política, en los que también ha sido teniente de alcaldía, no ha tenido un compromiso real con la ciudad ni ha cambiado cosas sustanciales. No ha sido un buen teniente de alcaldía. Si quiere encabezar una propuesta colectiva, con gente que ha estado trabajando los barrios y haciendo cambios reales, perfecto. Pero si no lo ha hecho hasta ahora, no entiendo por qué ahora sí lo haría.
Se está enfrentando al aparato del partido. ¿Es consciente de ello?
Me parece durísimo que un partido tan joven se haya institucionalizado tan rápidamente. Que un candidato diga que quiere contar conmigo porque soy “maricón y tullido”, aunque lo diga con palabras bonitas, es profundamente machirulo y heterocentrista. Mi valor no es ese. Tengo ideas, propuestas, una manera de comunicar y de escuchar. A mí me gusta la gente.
Le noto enfadado.
Como espacio político no hemos envejecido bien, nos hemos institucionalizado demasiado rápido
Sí, estoy enfadado por esas declaraciones de Pisarello en Betevé. No por mí, sino porque que eso venga del espacio político del que formas parte es inaceptable. Es una muestra de cómo se desprecia la creatividad, la cultura y el pensamiento desde lugares que siguen siendo dominantes. Estoy enfadado con la sensación de que un espacio del que he formado parte, y que me ha llamado desde el principio, ahora considera que ya no soy válido. Y me pregunto: ¿por qué me llamabais? ¿Por qué contabais con mi opinión y mi capital social? Tengo la sensación de que como espacio político no hemos envejecido bien. Nos hemos institucionalizado demasiado rápido.
¿Cree que han perdido las ganas de cambio?
Han perdido la audacia y también las ganas. Y hoy perder las ganas de cambio es una irresponsabilidad absoluta. No basta con decir "frenaremos a la ultraderecha". ¿Cómo lo harás con ese discurso rancio? La ultraderecha no es un problema moral: es un negocio perfectamente orquestado. Le da igual la gente; lo que quiere es mano de obra cada vez más barata y dividida.
¿Qué opina del turismo, uno de los principales problemas de la ciudad?
Tengo claro que el turismo es la tapadera perfecta de la economía delincuencial: blanqueo de capitales, especulación brutal. Más que acabar con el turismo, hay que dejar de pensar que es la única solución económica de una ciudad. Falta imaginación. Barcelona podría ser una ciudad de formación, creación, arte, refugio y debate. Un lugar al que se venga a vivir y a entender una cultura, no un parque temático ni un zoo. Quiero quitarle al turismo ese lugar central que lo invade todo. Y podemos pensar e imaginar cosas. Por ejemplo, ¿por qué no hacemos franjas horarias en el transporte público para que los turistas no invadan el metro en hora punta?
El turismo es la tapadera perfecta de la economía delincuencial: blanqueo de capitales, especulación brutal
Se inclina por hacer del catalán una lengua "amable". Hay gente que no está de acuerdo.
Cuando hablo de eso, no hablo solo de cursos reglados, sino también de aprender catalán de una manera informal, cotidiana, acercándolo a la gente. Ahora mismo, si sales a la calle e intentas hablar catalán en las tiendas, es muy difícil: te responden en inglés o en castellano. Y aquí tenemos que hacer algo.
Desde la Generalitat hay campañas de aprendizaje del catalán, pero no hay dotación presupuestaria suficiente. Entonces, ¿de qué estamos hablando? Al final, no es tan importante si yo hablo mejor o peor el catalán. Lo que importa es si, como alcalde, impulso políticas de aprendizaje y de presencia del catalán, y no creo en absoluto en la imposición punitiva. No creo que nada tenga que ser difícil o un castigo: no es mi manera de ver el mundo.
Sé gestionar equipos, ilusionarlos, escuchar a gente más inteligente que yo
Uno de los argumentos contra usted es la inexperiencia.
¿De qué inexperiencia hablan? He dirigido programas de televisión con cien personas a mi cargo. He gestionado equipos de treinta, cuarenta o cincuenta personas. No he sido un mal jefe, no me odian. Sé gestionar equipos, ilusionarlos, escuchar a gente más inteligente que yo, y solo me rodeo de gente mejor que yo. Ada Colau no ponía las baldosas ni las luces de Navidad. Gestionaba equipos excelentes. El Ayuntamiento está lleno de gente muy válida. Yo tengo experiencia en no vetar talento y en poner a la gente adecuada en los lugares adecuados.
¿Cuáles son sus referentes políticos?
Antanas Mockus, exalcalde de Bogotá, Alexandria Ocasio-Cortez y Ada Colau.
Para terminar: ¿cuál es su lugar preferido de Barcelona?
Me encanta la carretera de les Aigües, una plaza detrás de la Central del Raval que nunca recuerdo cómo se llama, el Teatre Lliure de Gràcia, mi casa, las casas de los amigos.
¿Y algún lugar que no te guste nada?
Montjuïc, pero la parte de la Fira, las fuentes… me da un poco de miedo. Tiene una arquitectura como de régimen. Se parece un poco a Madrid. Los centros comerciales también me dan mucha tristeza. Y la plaza de toros.


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