De Ábalos, Cerdán y Koldo: así ha sido el programa de Marina Lobo

Madrid--Actualizado a
Esta semana, el programa de Marina Lobo se llama Miserias. Y no es casualidad. Porque lo que ha dejado la actualidad política estos días no tiene otro nombre. Miserias institucionales, mediáticas, emocionales y hasta románticas.
Desde partidos que hacen malabares con la ética según sople el viento judicial, hasta medios que convierten un "no he comido" en una crisis de Estado. Desde ultras que rezan mientras dan empujones, hasta figurones que te sueltan un monólogo machirulo entre sorbo y sorbo de cerveza. Y, como siempre, Marina ha venido a poner el foco, a señalar lo ridículo con precisión quirúrgica, y a reírse con todas las letras de quienes se lo tienen demasiado creído.
El resumen de la semana es como una novela negra escrita por un guionista de El Chiringuito: corrupción en el PSOE, indignación sobreactuada del PP, Évole en modo augur, Cayetana rearmándose con su hemeroteca venenosa, Negre jugando a ser corresponsal de guerra con chaleco de Aliexpress, y Ana Rosa girando más que una veleta con tal de no perder audiencia.
A eso se suma la orgía ultra en Ferraz con rosarios y empujones, los lloros por un nazi de dibujos animados y las confesiones bizarras de influencers confundidas con Ayuso. Y mientras todo arde, Lalachus nos recuerda que lo más revolucionario sigue siendo no odiarte por tener cuerpo y opinión.
Miserias, sí. Pero también algunas dosis de dignidad. En el capítulo de "citas que no deberían ser citas", Marina nos ha regalado una guía imprescindible: cómo detectar si estás ligando con un votante de Vox. Porque ya no llevan pulsera de España, ahora se camuflan con totebag, barba cuidada y discurso de sentido común.
Te dicen que no son fachas, solo "realistas". Que no odian a nadie, solo tienen "opiniones distintas". Y entre cita y cita, te sueltan perlitas como "el feminismo ya no hace falta" o "yo respeto mucho a las mujeres, pero...". También ha vuelto el safari. Sí, esa Fauna Ibérica que no para de reproducirse en tertulias, entrevistas y tuits patrocinados.
Vaquerizo como punk institucional a sueldo de Ayuso, Cayetana como cisne de hielo recitando bilis con elegancia marquesa, Negre en modo mapache mediático cazando odio para sus directos, Bosé negando todo salvo su derecho a hacer el ridículo en horario de máxima audiencia. Y no faltan los clásicos: Inda, buitre carroñero de la mentira; UTBH, el erizo que se pincha con su propio odio; Olona, el zorro populista que no llena ni regalando copas; y Gisbert, la mofeta que se reboza en barro porque sin barro no hay clip.
No es televisión, es un zoo con patrocinadores. Y tras tanto desfile de miserias, queda una certeza incómoda: nos estamos acostumbrando. A la mentira como estrategia, al odio como espectáculo, a la corrupción como rutina. Por eso programas como este importan. Porque frente a su relato gritón, hace falta un contrarrelato que escueza. Porque frente a sus bulos, necesitamos carcajadas que desmonten. Y porque frente a su cinismo, lo más revolucionario sigue siendo mirarlos a la cara… y reírse. Con Marina, siempre.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.