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Zapatero exprime el aval de rigor de Solbes

Promete 5.000 millones para un plan de cercanías en MadridPromete 5.000 millones para un plan de cercanías en Madrid

GONZALO LÓPEZ ALBA

Cada vez recuerdan más los políticos a los futbolistas. Arrancan la competición reivindicando el juego bonito para acabar practicando el resultadismo. Como en la Liga de fútbol, lo importante en campaña electoral es sumar puntos. No importa que el gol lo meta el contrario en propia puerta, lo marque el delantero con el hombro o sea de penalti injusto en el último minuto y lanzado por el cancerbero.

José Luis Rodríguez Zapatero, que ya disputa más minutos de los que inicialmente estaban planificados -la próxima semana hará bolos de jueves a domingo-, recurrió ayer al estilo macedonio en un acto organizado en la sede del PSOE con la excusa de presentar la candidatura por Madrid.


Empezó con dos pases a la espalda de la defensa rival, intentado aprovechar su descolocación: el refrendo del Tribunal Constitucional a la Ley de Igualdad prueba, según dijo, que "el recurso del PP no era contra la ley, era contra de la igualdad de derechos de las mujeres"; y la actuación de la Comunidad de Madrid en el caso de las sedaciones en el hospital de Leganés, demuestra, primero con "una persecución intolerable" a los médicos y después rehuyendo la petición de disculpas a quienes han sido declarados inocentes por la Justicia, que el PP es "una derecha cada día más reaccionaria".

¿Solbes o Pizarro?

Lanzó después Zapatero dos balones a la hoya, buscando conectar con la cabeza de Pedro Solbes, que, si la campaña prosigue por los derroteros de la economía, lleva camino de convertirse en el jugador del equipo socialista que vende más camisetas. A falta de notorias diferencias entre los programas, embarcados los partidos en la consigna marxiana de "...y dos huevos más", la elección parece centrarse en una cuestión de empatía personal: ¿Zapatero o Rajoy? ¿Solbes o Pizarro?.

"Pedro Solbes es la persona a la que cualquiera en este país le encargaría gestionar su patrimonio", afirmó el líder socialista de su lugarteniente, con un recurso que recuerda al de: "¿A quién compraría usted un coche de segunda mano?". "Da tanta confianza y seguridad tener a una persona que toda su vida ha trabajado sólo para crear riqueza, alejado de aquellos que la adoran...".

Cuatro días después del anuncio, con parte de la hinchada quejosa porque se busque penetrar por el centro en lugar de abrir el juego por las alas y con Solbes ya sin parche aunque con el párpado izquierdo aún caído, Zapatero siguió desgranando razones en defensa de la promesa de devolver 400 euros a 13,5 millones de contribuyentes. "El problema del PP es que no se le ocurre nada, tiene sequía de ideas y no tiene sensibilidad ante los problemas de los ciudadanos", dijo.

En este avance hacia el área contraria, Zapatero ensayó también la pared, para la ocasión con el Banco de España. Así, esgrimió que su último informe confirma que la economía española creció en 2007 un 3,8%, por lo que, "está fuerte y segura para avanzar, con viento a favor o con dificultades".

Dos nuevos compromisos

En los minutos finales, el líder socialista lanzó dos zapatazos. Uno buscando la colocación: ya que la guerra interna que mantiene con Esperanza Aguirre no la garantiza el apoyo de los suyos, Zapatero ofreció al alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, "las inversiones necesarias" para lograr que Madrid sea sede olímpica en 2016.

El otro zapatazo fue una demostración de potencia de golpeo: anunció "un gran plan de cercanías" para Madrid, con una inversión de 5.000 millones para ampliar la red en 150 kilómetros -ahora tiene 400- y vertebrar la comunidad con una nueva línea transversal que una Sureste con Noreste.

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