Nankurunaisa: el secreto de los japoneses para vivir más felices
El estrés y la presión son escollos muy comunes de nuestro día a día, por ello es muy necesario tener herramientas con las que combatirlos.

Zaragoza-
Japón está de moda. En realidad, la sociedad nipona lleva ya muchos años seduciendo a Occidente. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se ha convertido en el centro irradiador cultural del planeta, quizá junto a Corea del Sur. Es por ello que, poco a poco, vamos comprendiendo mejor las peculiaridades de una civilización que puede parecer alienígena desde nuestro punto de vista. Sobre todo porque sus ritmos y ópticas nada tienen que ver con las que guían nuestros pasos.
No siempre para bien, es importante decirlo. Por ejemplo, en el Informe Mundial de la Felicidad 2025, realizado por Gallup World Poll, el país nipón aparece en una discreta posición número 55, mientras que España, por ejemplo, ocupa el lugar 38 del ranking. Sin embargo, eso no quiere decir que no haya cosas que aprender de los japoneses. Sobre todo en aquellos aspectos positivos que caracterizan su personalidad, como por ejemplo el estoicismo y la resiliencia con las que parecen afrontar la vida.
Qué es nankurunaisa
Nankurunaisa es una expresión que proviene del dialecto hablado en la isla de Okinawa, al sur del país. Una zona que es conocida por la particular longevidad de sus habitantes. Concretamente, nankurunaisa es la suma de tres ideogramas: nankuru, nai y sa, que por separado vendrían a significar “de algún modo”, “llegar a ser” más la partícula enfática sa, que ofrece una cierta calidad a la frase. Por ello, al unir estos tres conceptos se consigue una expresión que vendría a ser algo así como “el tiempo todo lo cura” que empleamos en castellano, o el castizo “no hay mal que cien años dure”.
Los japoneses utilizan nankurunaisa fundamentalmente para dar ánimos a alguien que está pasando por un bache o una situación anímica compleja. También en épocas de mucho estrés. La sociedad nipona se caracteriza por la tremenda presión social y laboral que en muchas ocasiones deben soportar sus ciudadanos, por ello encuentran el alivio en saber que, aunque las cosas parezcan muy complicadas, (casi) todo tiene solución.
La aplicación filosófica de nankurunaisa
Nankurunaisa es, en esencia, un ejercicio de relativización. Cuando los problemas nos acucian es habitual que estos acaparen el foco con el que contemplamos el mundo que nos rodean. Se trata, de hecho, de una reacción muy habitual. Por ello, al decir este término, ya sea de manera interna como mantra o a otra persona, es una invitación a echar el freno de mano y poner las cosas en contexto. No es, para nada, una negación del dolor, sino más bien la aceptación del mismo como parte de la experiencia vital.
Con el paso del tiempo, esta expresión ha evolucionado en una suerte de filosofía que aboga por el presentismo y que, a su vez, recoge muchas de las enseñanzas del budismo. Nuevamente, se trata de una actitud muy relacionada con el estrés y la ansiedad que tradicionalmente hemos asociado con la sociedad japonesa. La idea de fondo es mantener la calma en medio de la tormenta para, así, poder buscar soluciones pacíficas con una mirada positiva.
Esta actitud nankurunaisa está muy relacionada con el acto de meditar, por ejemplo. Una práctica cuyos efectos beneficiosos para la salud han sido acreditados por la ciencia. Al fin y al cabo, la meditación también es una pausa que hacemos dentro del mundanal ruido que nos rodea. La técnica mediante la cual se puede alcanzar un estado de relajación mental y física completa que nos permita poner las cosas en su justo valor.
Nankurunaisa no es resignación
Un matiz importante al respecto es que nankurunaisa no es lo mismo que la resignación vital. De hecho, nada tiene que ver con el fatalismo que suele acompañar a aquellas personas que ya han dado todo por perdido. Aunque la idea es aceptar el presente como viene, en el sentido de que no todo puede estar bajo nuestro control, eso no quiere decir que debamos quedarnos de brazos cruzados ante el destino. De hecho, es todo lo contrario.
Nankurunaisa no niega el dolor o la dificultad del problema, pero sí aboga por encontrar soluciones. De hecho, parte del proceso de resolución es comprender la grandeza del escollo con una óptica limpia. Es decir, no dejarse llevar por el derrotismo de quien está sufriendo el revés, sino tener en cuenta la magnitud del mismo para superarlo poco a poco. Es así como se consigue la regulación emocional deseada que permita rebajar los niveles de estrés para caminar, aunque sea pasito a pasito, hacia la solución.
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