Pasaporte perdido o equipaje extraviado: qué hacer para que los imprevistos no arruinen tus viajes
Un contratiempo puede arruinar toda la experiencia si no se frena a tiempo.

Zaragoza-
Paradójicamente, las vacaciones son una época de alto estrés para muchas personas. Lo son desde su génesis, además, cuando se comienzan a hacer planes o a preparar la maleta. Dónde ir, qué hacer, qué llevar… Todas estas cuestiones son preocupaciones añadidas a las propias del día a día, que pueden llegar incluso a arruinar la experiencia por completo.
Si se decide hacer un viaje, además, los problemas continúan más allá de los días previos. Primero, porque hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones suponen un gran desembolso para cualquier economía doméstica, por lo que la presión para amortizar la inversión es alta. Derivado de ello, en muchas ocasiones las expectativas depositadas pueden ser contraproducentes, e incluso el miedo a que algo arruine la experiencia supone una piedra más en la mochila emocional.
Dos experiencias muy comunes al respecto son perder el pasaporte o que el equipaje no llegue a destino. Situaciones críticas, más todavía si estas suceden en territorio desconocido. Al encontrarnos en otro país, y sobre todo si tiene otro idioma, las inseguridades sobre qué hacer o cómo afrontarlo pueden llevarnos, incluso, al bloqueo. Una respuesta emocional que se debe, sobre todo, al sesgo de negatividad.
Qué es el sesgo de negatividad
El sesgo de negatividad consiste en la tendencia psicológica por la cual los estímulos negativos poseen un mayor impacto en nuestro estado psicológico que los positivos de igual intensidad. El concepto fue formulado formalmente por los psicólogos Paul Rozin y Edward B. Royzman en 2001, quienes identificaron cuatro manifestaciones clave al respecto: la potencia (lo negativo se siente intrínsecamente más fuerte), el gradiente (el rechazo hacia un evento adverso crece más rápido a medida que se acerca), la dominancia (un solo elemento negativo contamina un conjunto positivo) y la diferenciación (el cerebro procesa y categoriza los sucesos negativos con mayor complejidad y detalle).
Aplicado al viaje, el sesgo de negatividad es lo que hace que un contratiempo pueda opacar por completo todo lo demás, hasta el punto de poder arruinar la experiencia. Un ejemplo muy claro se puede observar al perder las maletas. Si bien es un contratiempo indudable, lo cierto es que es una nimiedad respecto al hecho de, por ejemplo, haber llegado al destino sanos y a salvo. Sin embargo, el cerebro tiende a activar la dominancia negativa. Esto es, la mente se hiperconcentra en el objeto perdido, otorgándole el poder desproporcionado de arruinar los días restantes.
Cómo romper con la tendencia negativa
Lo primero que hay que tener claro es que desactivar el sesgo no significa ignorar el problema. De hecho, la idea es justamente la opuesta: salir del bloqueo mental para poder solucionar el contratiempo de manera efectiva. Pero, además, lo que se busca es evitar que la mala experiencia puntual secuestre la valoración global del viaje. Afortunadamente, para lograrlo existen varias estrategias psicológicas que permiten neutralizar el impacto del sesgo y recuperar el control.
Por ello, lo primero de todo es tomar el control de la situación desde un punto de vista racional. Para ello, la herramienta más eficaz es acotar el incidente en el tiempo y el espacio en el que sucedió. Esto es, delimitar el problema para que este no se expanda por toda la experiencia (o por el recuerdo de la misma si sucede durante la vuelta).
Acto seguido, resulta crucial activar el locus de control interno. Es decir, centrarnos en aquello que está en nuestra mano y podemos controlar, en lugar de aquello que se escapa a nuestras capacidades. Problemas como el extraviar las maletas u olvidar el pasaporte en muchas ocasiones tienen solución: ponerse en contacto con la aerolínea o acudir a las autoridades presentes en el aeropuerto para informar de la situación. Estas acciones son las que necesitan de toda nuestra energía para poder solucionar el entuerto, y por ello se han de convertir en la prioridad. Con el foco puesto donde toca, el estrés se reduce y la rumiación improductiva se sustituye por una conducta orientada a buscar soluciones.
Una vez encauzada la solución práctica, entra en juego el reencuadre cognitivo. Esta herramienta sostiene que la carga emocional de un contratiempo depende en gran medida del relato interno con el que se procesa. Transformar conscientemente la idea de una catástrofe en un simple reto de adaptación o en la futura anécdota divertida del viaje desactiva la alarma del cerebro y alivia la frustración.
Finalmente, es necesario compensar la balanza de forma deliberada. Puesto que el cerebro tiende por inercia biológica a sobredimensionar lo adverso, es necesario un esfuerzo consciente por registrar y valorar los aspectos positivos del entorno (el destino, la compañía, el mero hecho de estar de vacaciones, etc.). No se trata de practicar un optimismo ingenuo o irresponsable, sino de reequilibrar deliberadamente una percepción distorsionada por el sesgo.



Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.