La psicología detrás de los propósitos de Año Nuevo: por qué funcionan (o no)
Aprender un idioma, hacer ejercicio, dejar de fumar... por qué algunas personas logran cumplir sus propósitos mientras que otros fracasan estrepitosamente.

Zaragoza-
Año Nuevo, vida nueva. Por norma general, el cambio de cifra en el calendario es motivo de celebración, sí, pero también de reflexión. Una fecha idónea, por lo simbólico de la misma, para mirar hacia dentro y hacernos aquellas cuestiones claves respecto a nuestra vida. ¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde queremos ir? Son los famosos propósitos de Año Nuevo, una serie de buenas intenciones que, sin embargo, en ocasiones se expresan con la boca pequeña.
Aprender un idioma, hacer más ejercicio, dejar de fumar… Son ejemplos tan habituales que muchos de ellos han caído en el cliché más absoluto. Sin embargo, no por ello son menos habituales. De hecho, si son clásicos es, precisamente, por repetirse cada año. Una lista de tareas pendientes que, en muchas ocasiones, se prolonga ad eternum sin que nunca nos pongamos manos a la obra. Al menos, no de una manera concienzuda.
Un estudio realizado en 2020 y publicado en la revista científica Plos One monitorizó los propósitos de Año Nuevo de 1.066 participantes. El resultado fue el siguiente: un 55% de los sujetos lograron cumplir con sus objetivos, mientras que el 45% falló en su empresa. Aunque la conclusión determinó que son mayoría las personas que con sus propósitos no habían realizado un brindis al sol, lo cierto es que la tasa de fracasos sigue siendo muy alta. ¿Por qué se produce este fenómeno?
Desde la psicología del comportamiento, este fenómeno se explica en parte por lo que se conoce como la brecha intención-conducta. Esto es, el hecho de que tener una intención clara de cambio no garantiza que, cuando llega el momento de actuar, el comportamiento se produzca. Queremos hacer ejercicio, comer mejor o dejar de fumar, pero en la práctica entran en juego otros factores como el cansancio, el estrés o los hábitos previos, los cuales pueden terminar imponiéndose a la buena intención inicial.
Por qué funcionan los propósitos de Año Nuevo
El estudio dejó otra conclusión importante: los propósitos formulados de manera asertiva se cumplen más que aquellos que se enfocan desde una perspectiva restrictiva. O expresado de otra manera, aquellos que se propusieron adoptar un nuevo hábito o comportamiento, como por ejemplo caminar 30 minutos al día, lograban una mayor tasa de éxito, concretamente un 58,9%, que aquellos que buscaban abandonar o evitar algo, como por ejemplo puede ser el dejar de consumir comida rápida (cuya tasa de éxito se situó en torno al 47%).
Esto se debe a que las metas de aproximación están compuestas por logros visualizables y repetibles. Es decir, se trata de hacer algo concreto. Un objetivo que ir repitiendo de manera habitual hasta que logramos incorporarlo como un hábito. Por si fuese poco, el hecho de cumplir con la meta diaria genera una respuesta de recompensa a nivel neurobiológico, asociada a los sistemas dopaminérgicos implicados en el aprendizaje y la repetición de conductas. O dicho de manera prosaica, nuestro cerebro va a querer repetir ese éxito logrado fechas sucesivas.
Por qué no funcionan los propósitos de Año Nuevo
Sin embargo, el intentar evitar algo suele generar el efecto contrario al deseado en nuestro cuerpo. Por ejemplo, si lo que deseamos es dejar de fumar, es muy probable que nuestras ganas de consumir tabaco aumenten. Es la llamada teoría de los procesos irónicos, formulada por el profesor de Harvard Daniel M. Wegner y que se resume de la siguiente manera: el decir “no pienses en un oso polar” automáticamente hace que pienses en un oso polar.
Básicamente, al intentar restringir un comportamiento o hábito automáticamente pasamos a pensar en él. Por ello, lo recomendable es cambiar el enfoque de los propósitos de Año Nuevo para poder cumplirlos con mayor facilidad. En consecuencia, en lugar de intentar dejar de comer comida basura, por ejemplo, el objetivo planteado debe ser comer más fruta y verdura. Una reestructuración de los propósitos que se puede aplicar casi con cualquier intención que tengamos.
Cómo cumplir con los propósitos de Año Nuevo
Además de la formulación correcta de nuestros propósitos de Año Nuevo, es importante seguir una serie de pautas que conviertan nuestros objetivos en algo realizable. En muchas ocasiones fracasamos por no tener un plan de acción determinado a ejecutar. Nuestros propósitos no son más que eso, una serie de buenas intenciones etéreas que no se diferencian de un simple deseo. Por ello, solo cuando existe una hoja de ruta se pueden materializar en la realidad.
Por ejemplo, si lo que queremos es perder peso, con expresarlo simplemente no basta. Sin embargo, si delimitamos una serie de objetivos como, por ejemplo, caminar 1 hora al día, comer más frutas y verduras, o contratar un plan de ejercicio delimitado por un profesional, es más probable que consigamos el objetivo final. Al fin y al cabo contamos con los pasos necesarios e ir cumpliéndolos poco a poco nos permite disfrutar del camino, en lugar de esperar que lleguen los resultados de una manera mágica.
Además, es muy importante contar, siempre que se pueda, con una red de apoyo que nos ayude en nuestros objetivos. De hecho, en el estudio de 2020 mencionado anteriormente, se recoge que el grupo que recibió algún tipo de apoyo fue el que logró mayores tasas de éxito en un año. Aunque el estudio no define exhaustivamente qué tipo de apoyo funciona mejor, sí demuestra que contar con asistencia, estructura y un acompañamiento que comprenda nuestra lucha puede marcar la diferencia entre si alguien mantiene su meta o la abandona.
Recaer no es fracasar
Además, hay que tener en cuenta que el error es parte del proceso. De hecho, es muy habitual que aquellos que logran cumplir sus propósitos de Año Nuevo recaigan en los malos hábitos en un momento dado. Por lo tanto, lo importante aquí es no tirar la toalla a las primeras de cambio. De hecho, esto redunda en la idea de tener un plan de antemano, pues nos permitirá regresar más rápido a la senda al contar con asideros a los que agarrarse de nuevo en caso de un fracaso momentáneo.
Los propósitos de Año Nuevo no están condenados al fracaso como indica el cliché. Sin embargo, no se cumplen por arte de magia. Afrontar el cambio desde una perspectiva proactiva y con la comprensión de que se tata un proceso gradual, flexible y con margen para el error nos permite encarar los propósitos con mayor realismo y, sobre todo, con más opciones de que no se queden en una promesa olvidada a mitad de enero.

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