¿Está relacionada la pobreza con el deterioro cognitivo?
Un nuevo estudio en el Reino Unido prueba que las personas que han pasado penurias económicas a lo largo de su vida son más proclives a tener problemas cognitivos en la vejez.

Madrid-
Se dice popularmente que a perro flaco todo son pulgas, sin reparar en muchas ocasiones en los porqués. Sin negar la existencia de la mala fortuna o las coincidencias, también es cierto que en muchas ocasiones las desgracias están interrelacionadas. Es labor de la ciencia indagar en aquellas razones que le dan forma al mundo actual, así como encontrar aquellas respuestas que puedan, de manera directa o indirecta, mejorar la sociedad.
A este respecto, un estudio dirigido por investigadores del University College London (UCL) ha comprobado que las dificultades económicas persistentes aceleran el deterioro cognitivo relacionado con la edad. “La mayoría de los estudios sobre el envejecimiento cognitivo analizan las dificultades económicas en un único momento. Nuestro estudio, que utiliza datos de varias décadas, nos permite observar que es la acumulación de dificultades a lo largo de muchos años lo que está relacionado con los peores resultados en la salud cognitiva, en lugar de episodios ocasionales de adversidad”, detalla el doctor Jacques Wels, autor principal de la investigación.
La relación entre pobreza y deterioro cognitivo
Publicado en la prestigiosa revista científica Innovation in Aging, el estudio analizó los datos de 2.759 personas del Reino Unido que completaron cuestionarios a lo largo de sus vidas como parte de la Encuesta Nacional de Salud y Desarrollo del MRC. El equipo de investigación descubrió que las personas que experimentaron dificultades económicas persistentes durante la adultez temprana y media obtuvieron peores resultados en las pruebas cognitivas a los 53 años.
No solo eso, tras analizar un subgrupo de personas a las que se les realizaron escáneres cerebrales, el equipo descubrió que aquellos que habían experimentado bajos ingresos de forma persistente presentaban una peor salud cerebral, incluida una mayor atrofia cerebral, en la vejez (entre los 69 y los 71 años). Estas relaciones se mantuvieron incluso después de tener en cuenta factores que podrían haber sesgado los resultados, como la cognición infantil, el nivel educativo y las desventajas sufridas durante la infancia.
"Nuestros hallazgos sugieren que apoyar a las personas que enfrentan dificultades financieras y reducir la pobreza crónica también podría ayudar a prevenir el deterioro cognitivo y los casos de demencia en el futuro", dijo la profesora Praveetha Patalay al respecto.
Una relación que afecta especialmente a los hombres
El equipo de investigación descubrió que la relación entre las dificultades económicas y una peor salud cerebral en la edad adulta era particularmente fuerte en los hombres, en aquellos que sufrieron desventajas en la infancia y en aquellos que portaban una variante genética, APOE-e4, que aumenta el riesgo de padecer Alzheimer.
Entre las posibles razones de esta diferencia entre hombres y mujeres se encuentran que los hombres en situación de desventaja pudieran tener peores hábitos de salud, como fumar o el abuso del alcohol, que las mujeres en la misma situación. Además, también se cree que pudieron experimentar un mayor estrés debido a las dificultades financieras, no en vano los sujetos estudiados nacieron en 1946 y crecieron en una sociedad en la que los hombres eran el principal sostén económico de la unidad familiar.
Cómo se realizó el estudio
A los participantes del estudio se les preguntó sobre sus ingresos familiares en tres momentos diferentes: a los 26, 43 y 53 años. Se les clasificó como personas con bajos ingresos persistentes si se encontraban en el 20% inferior del grupo al menos dos veces, lo que representó el 16% (aproximadamente uno de cada seis) de los participantes.
Las dificultades económicas se evaluaron mediante preguntas como si a las personas les resultaba difícil administrar sus ingresos y si habían tenido problemas para pagar sus facturas. Se consideró que los participantes habían experimentado dificultades persistentes si obtuvieron una puntuación superior a un umbral en el cuestionario al menos dos veces entre los 36 y los 53 años. Esto representó el 12% (aproximadamente uno de cada ocho) de los participantes.
Las pruebas cognitivas evaluaron la memoria verbal y la velocidad de procesamiento; las resonancias magnéticas (RM) permitieron a los investigadores medir factores como la atrofia cerebral (reducción de tamaño) y la expansión ventricular, es decir, la expansión de las cavidades llenas de líquido en el cerebro, lo cual es un signo de mala salud cerebral.
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