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40 años de Aste Nagusia, la fiesta popular que incomoda a las autoridades

Bilbao vive desde este sábado una nueva Semana Grande. Su modelo festivo, marcado por la participación de numerosos colectivos ajenos a las instituciones, continúa enfrentando trabas por parte del ayuntamiento.

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Marijaia, la muñeca que representa el espíritu del Aste Nagusia de Bilbao | EFE

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De repente, el silencio se rompió con una pregunta. Posiblemente todos tenían ese miedo en la cabeza, pero sólo uno se atrevió a soltarlo: “¿Y si mañana no viene nadie?”. Tras varios días de interminables preparativos, aquellos jóvenes aguardaban el pistoletazo de salida de las primeras fiestas populares de Bilbao. Desde el balcón del ayuntamiento, algunos de ellos contemplaban el espacio callejero que habían habilitado para la diversión después de cuatro décadas de dictadura y aburrimiento. Ninguno lo sabía, pero estaban a punto de empezar a escribir una de las páginas más increíbles de la historia de esta ciudad.

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40 años más tarde, en la capital vizcaína ya nadie se pregunta qué pasará esta semana: aquí no hay alma que no conozca la Aste Nagusia (Semana Grande), una expresión festiva popular que nació en agosto de 1978 y que hoy, cuarenta fiestas después, se ha vuelto indestructible. “Es un modelo que ya está incrustado en la vida de las bilbaínas y bilbaínos. No se entendería una Aste Nagusia diferente”, resumió a Público Galder Antón, integrante de Bilboko Konpartsak, la organización conformada por distintas asociaciones y colectivos que da vida a las fiestas de Bilbao.

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La idea surgió, precisamente, de una de esas comparsas. Aquel verano del 78, el grupo Txomin Barullo, conformado por jóvenes que pertenecían a EMK (Movimiento Comunista de Euskadi, por sus siglas en euskera), se hizo con el primer premio del concurso organizado por El Corte Inglés para diseñar una nueva Semana Grande en esta ciudad, reducida durante la dictadura a toros, alguna verbena autorizada por el régimen y poco más. En ese contexto, la propuesta festiva de Txomin Barullo buscaba generar un espacio festivo en el que se plasmasen diferentes actividades de ocio. El sitio elegido fue El Arenal, exactamente el mismo lugar que este sábado volverá a convertirse en el foco principal de la Aste Nagusia.

Foto de la comparsa Hontzakiestas, en la Semana Grande de Bilbao de 1978

“Aquello fue un revulsivo para todo Bilbao”, recuerda a pocas horas del lanzamiento del txupin (cohete) de este año el veterano comparsero Fernando Toja. Para él también son días frenéticos: su konpartsa, la libertaria Hontzak, es una de las 27 que a día de hoy participan en la organización de la Aste Nagusia. Los nervios de 2018 no son los mismos de 1978, cuando Toja participaba en los primeros pasos de otra de las comparsas históricas, Pinpilinpauxa. “Todo se organizó desde la base, sin participación de los políticos. Para quienes somos anarquistas supuso la demostración de que no hacen falta jefes ni dirigentes, y que la gente sabe organizarse sola”, dice con orgullo.

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Las fiestas del alcalde

Revulsivas, libres y exitosas. La primera Semana Grande de la nueva época salió a la perfección. Aprovechando el parón de agosto, los responsables del ayuntamiento aún franquista –las primeras elecciones municipales se celebraron en abril de 1979- se ausentaron esos días de la ciudad, y las fiestas quedaron, literalmente, en manos de la comisión popular que se encargó de organizarlas. “Había que ver a los policías municipales dando cada mañana el parte de incidencias a los greñudos y peludos de la comisión. Aquello era increíble”, apunta Toja.

En cualquier caso, el camino de Aste Nagusia también ha tenido un buen número de trabas. Las primeras complicaciones surgieron en 1980, cuando el alcalde Jon Castañares (PNV) decidió apartar a la comisión de fiestas y asumir la organización desde el ayuntamiento. La cosa no pudo salirle peor: las comparsas optaron por boicotear la Semana Grande del alcalde y vaciaron las calles. Ni siquiera Marijaia, la gigantesca muñeca que representa el espíritu de la Semana Grande, hizo acto de presencia. En los papeles hubo fiestas, pero en la práctica Bilbao parecía un cementerio.

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“Señor gobernador…”

Marijaia y Aste Nagusia –en los términos que defendían las comparsas populares- regresaron al año siguiente con cierta normalidad. No obstante, los problemas con las autoridades siempre estuvieron presentes. En esa cronología hubo momentos históricos, como en agosto de 1983: aquel año, luego de que unas graves inundaciones se llevaran todo por delante, el entonces gobernador civil, Julián Sancristóbal –posteriormente condenado por su vinculación con el GAL-, llamó “hijos de puta” a los comparseros que estaban en la calle, pico y pala en mano, ayudando a quitar barro de las calles. La respuesta popular se hizo lema: “Señor gobernador, usted es bobo”, coreó la gente en una movilización inolvidable.

Imagen de las fiestas de la Semana Grande de Bilbao de 2016.

Los cruces con las autoridades –principalmente municipales- continuaron a lo largo de los años. “El modelo festivo participativo, popular y gratuito que plantea Bilboko Konpartsak y que han estado defendiendo las comparsas desde 1978, va totalmente en contra del modelo de ciudad que impulsan los gobernantes”, afirma Galder Antón en un paréntesis de una ajetreada semana marcada por el montaje de txosnas, ruedas de prensa y otros actos previos al inicio oficial de las fiestas, previsto para este sábado por la tarde.

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Lo de siempre

Precisamente, este año tampoco han faltado los problemas a la hora de fijar determinadas actividades. “A día de hoy continúan las zancadillas y las trabas por parte de una institución contra el modelo que defiende Bilboko Konpartsak”, contó Antón. En tal sentido, la coordinadora de comparsas ha denunciado las trabas puestas por el ayuntamiento para la proyección al aire libre del documental “Amets Nagusia. El sueño se vistió de fiesta”, en el que se relata precisamente los orígenes de la Semana Grande y los conflictos con quienes pretendieron boicotearla. La película iba a ser exhibida en la Plaza del Gas, donde Bilboko Konpartsak buscaba instalar el cine al aire libre. Sin embargo, el gobierno municipal no ha autorizado la utilización de ese parque, una decisión que las comparsas han calificado como meramente “política”.

Del mismo modo, el ayuntamiento tampoco ha tenido en cuenta a los colectivos populares a la hora de elaborar la exposición sobre el cuarenta aniversario de Aste Nagusia. “Desde un inicio buscamos la colaboración y el trabajo conjunto con el Área de Fiestas para poder ofrecer un resultado satisfactorio para todas y, en cambio, hemos recogido retrasos, largas, la externalización del proyecto y la falta de voluntad municipal para el trabajo en común, lo que ha desembocado en una exposición pobre que se limita a unos simples paneles”, remarcó la coordinadora. 40 años después, la fiesta de la calle sigue incomodando en los despachos.

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