El arco que levantó Franco y que la democracia no se atreve a tocar: "¿Para qué impulsan una ley si no la aplican?"
El Arco de la Victoria , ubicado en la zona de Moncloa de Madrid, es un monumento de origen franquista que ensalza la victoria en 1939 y cuenta, además, con simbología franquista.
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica exige que sea demolido, una idea que destacarta el Ayuntamiento, mientras que desde el Gobierno apuestan por resignificar el espacio
La Secretaría de Memoria Democrática asegura que es uno de los primeros elementos en incluirse dentro del catálogo de simbología franquista y pedirán la eliminación de los elementos ilegales

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El Arco de la Victoria, con más de cuarenta metros de altura, no pasa inadvertido. Por delante de esta estructura cruzan cada día miles de trabajadores, turistas y estudiantes que se dirigen hacia Ciudad Universitaria. Más conocida como la Puerta de Moncloa -por su parecido con la de Alcalá o Toledo- , es idea y obra de Franco y una exaltación de la "victoria nacional", una historia que pocos conocen y que nada recuerda a su alrededor.
Se construyó entre 1953 y 1956 y se encuentra en una de las principales entradas a la capital, por la carretera de la Coruña, en una zona clave, por donde el Ejército golpista se abrió paso tras caer Madrid. En 2022, de acuerdo a la ley de Memoria aprobada ese mismo año, la avenida en la que se encuentra, hasta entonces llamada "de la Victoria", fue renombrada como "Avenida de la Memoria". La eliminación del arco es el siguiente paso que exigen las asociaciones.
"Es un caso emblemático porque está a unos pocos cientos de metros del Palacio de la Moncloa y por ella han pasado decenas de ministros y ministras en todos estos años", recuerda Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). La asociación lleva años persiguiendo la eliminación de este tipo de estructuras que ensalzan los años de dictadura. Han contabilizado centenares. En un comunicado difundido a los medios, han anunciado que presentarán un escrito de denuncia ante la Fiscalía General del Estado por su "inactividad e incumplimiento de la ley".
Silva, nieto de un desaparecido por la represión franquista, no entiende cómo el mismo gobierno que ha promovido la normativa para declarar ilegales estos monumentos, "permanece impasible" con el paso de los años. "Su responsabilidad, si impulsan la ley, es hacer que se cumpla, porque quienes la estaban incumpliendo seguirán en las mismas. Es incomprensible que el Estado haga, no una, sino dos leyes y luego mire para otro lado", subraya.

Además, el activista denuncia la rapidez de algunas actuaciones mediáticas, frente a la parálisis de otras que "interesan menos": "Igual que van al juzgado para obligar a la Comunidad de Madrid a poner una placa en la Real Puerta de Correos, que nos parece perfecto, pedimos que se actúe siempre. No cuando interesa políticamente".
Desde la Secretaría de Memoria Democrática niegan en declaraciones a Público que exista tal "inactividad". Además, aseguran que este elemento es uno de los primeros en incluirse dentro del catálogo de simbología franquista y que una comisión técnica ha elevado un dictamen para que la administración competente proceda a eliminar dichos elementos. "Este Gobierno es el que ha promulgado la ley y queremos que se materialice lo antes posible", añaden fuentes de la Secretaría.
El catálogo al que hacen referencia desde el ministerio se recoge en la propia ley de Memoria, en su artículo 36. La normativa considera que deben eliminarse todos los elementos que realicen una exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar y de la dictadura, de sus dirigentes, participantes del sistema represivo o de la organizaciones que sustentaron la dictadura. El arco cumple de sobra los requisitos.
El gran debate: qué hacer con el arco
"A los ejércitos aquí victoriosos, la inteligencia que siempre es vencedora dedicó este monumento", se puede leer en una de las caras del arco, escrito en letras latinas. "Fundada por la generosidad del rey, restaurada por el caudillo de los españoles, la sede de los estudios matritenses florece en la presencia de dios", deja clara otras de las inscripciones, que no ha sido retirada. A estas citas le acompañan un escudo franquista y, cada cierto tiempo, algún grafiti de denuncia.
Como ha sucedido en otros edificios, no hay consenso sobre cuál debe ser el futuro del arco. Los partidarios de resignificar el espacio apuestan por eliminar toda la simbología de exaltación de la dictadura y aprovechar su interior para crear un centro de interpretación de la defensa de Madrid en Ciudad Universitaria. Sin embargo, desde el grupo memorialista creen que la única solución pasa por el derribo.
"Tenemos muy claro que no se pueden resignificar lugares donde no ocurrieron hechos históricos. Este espacio está hecho para humillar y que los derrotados se sintieran como tal al pasar por delante", explica Silva. Desde la alcaldía de Martínez-Almeida ya han descartado esta posibilidad fundamentándose en su catalogación como Bien de Interés Cultural (BIC) y hasta la fecha se han limitado a acometer obras de mejora y reparación, en especial, en las losetas del arco.
Desde ARMH lamentan que exista una doble vara de medir y ponen de ejemplo el derribo de la cárcel de Carabanchel, también en la capital. La prisión, que cesó su actividad en 1998, ya en democracia, acabó desapareciendo en 2008, a pesar de la oposición de las asociaciones vecinales, que pedían conservarla como recuerdo de las duras condiciones que miles de prisioneros vivieron en su interior. "Con la cárcel, que era mil veces más grande, no tuvieron ningún problema para quitársela del medio, ¿por qué hay un criterio completamente distinto con esto?", lamenta Silva.
El ejemplo de Pamplona
Es inevitable comparar la discusión alrededor del Arco de Moncloa con otros en los que el debate se mantiene igual de encendido. El mejor ejemplo está en el antiguo Monumento a los Caídos de Pamplona, el de mayor tamaño dentro de una ciudad y el segundo de todo el franquismo, sólo por detrás del Valle de los Caídos. En su cripta estuvieron enterrados varios militares, entre ellos el general Mola y Sanjurjo, desde el 17 de julio de 1961 hasta noviembre de 2016.
Al igual que el Arco de Moncloa, se construyó única y exclusivamente para ensalzar la victoria del bando franquista en 1939. Silva pone este ejemplo, porque lo ha vivido muy cerca. "A mi padre le aterrorizaba ese monumento", recuerda Silva. "Estaba hecho para que las familias pasaran por delante con la cabeza agachada. He vivido en Pamplona muchos años y conozco a gente que daba rodeos para no tener que pasar por delante porque les generaba dolor pensar en todo lo que representa", añade al respecto.
En 2024 los partidos políticos con representación en Pamplona votaron a favor de reconvertirlo en un centro de denuncia del franquismo y cambiaron su nombre al de “Maravillas Lamberto”, una de las víctimas más simbólicas de la región.
La tarea para acabar con los restos del régimen en las calles y edificios de toda España es larga y va con décadas de retraso. Gran parte de las veces son las propias asociaciones y vecinos quienes impulsan estas acciones. Fotografían, documentan, denuncian y hacen públicos los casos menos mediáticos. "Esa labor que nosotros hacemos le pertenece al Estado que debería perseguir a las instituciones que incumplen la ley", denuncian desde ARMH.
Desde el ministerio de Memoria Democrática se está elaborando un catálogo oficial con en torno a 6.000 de estos símbolos y elementos, que se ha elaborado gracias a la iniciativa público-privada "deberiasdesaparecer.com". Del total de vestigios que se han documentado hasta la fecha, el 82% se encuentran en manos privadas, pero los que dependen de las administraciones son un 500% más grandes.





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