Entrevista a Begoña San José Serrán, primera secretaria de la Mujer de Comisiones Obreras"La asamblea de Barcelona fue la salida a la luz de CCOO"
La destacada feminista participó en la histórica cita de 1976, que fue clave en la transformación de la organización.

Barcelona-
Begoña San José Serrán (1949) es una de las testigos que vivió la etapa de consolidación de Comisiones Obreras desde su clandestinidad durante el franquismo hasta su legalización en democracia.
Fue la primera secretaria de la Mujer de CCOO (1977-1981), y luego desarrolló un papel importante en el movimiento feminista, siendo una de las fundadoras del Fórum de Política Feminista en 1986. También ostentó dos cargos públicos, primero como subdirectora de Empleo y Cooperación de la Dirección General de la Mujer de la Comunidad de Madrid (1989-1991) y luego como presidenta del Consejo de la Mujer, en la misma comunidad (1999-2003).
Con ella repasamos uno de los hitos fundacionales del sindicato, la Asamblea de Barcelona, que el 11 de julio de 1976 reunió por primera vez a federaciones de Comisiones Obreras de todo el Estado español en la Iglesia de Sant Medir, en el barrio de Sants de Barcelona.
Lo hacemos a las puertas del acto conmemorativo del 50º aniversario de esa efeméride, en el que Begoña San José vuelve al barrio de Sants. El sindicato ha programado en Barcelona una jornada en la que asistirán el secretario general de CCOO, Unai Sordo, el president de la Generalitat, Salvador Illa, o la vicepresidenta segunda y Ministra de Trabajo y Eocnomía Social, Yolanda Díaz, entre otros.
¿Qué es la Asamblea de Barcelona para CCOO?
La Asamblea de Barcelona es la primera vez que nos vemos cara a cara cientos de militantes de Comisiones Obreras que hasta entonces nos veíamos en reuniones que se hacían en el cuarto de estar de nuestras viviendas. Fue muy impresionante. La emoción de ver a tantísimas compañeras y compañeros, más de 500. Estábamos como sardinas en lata. Fue una salida a la luz.
Franco había muerto meses antes. Nosotros sabíamos que no estaba todo atado y bien atado, y los cambios estaban muy en el aire. Yo sí tenía la seguridad de que iba a cambiar, pero lo que no sabía era cómo iba a ser la transición y a cuánta gente se iba a llevar por delante. Había mucho ímpetu para empezar a construir un sindicato para una nueva etapa, sin clandestinidad, ya que aún no estábamos legalizados. El empujón de salir a la luz forzó al Gobierno a hacerlo.
¿Había riesgo represalias policiales por organizar la asamblea?
Le estábamos echando un pulso a la brigada político-social y a la Policía en general. A mi, las dos veces que me habían detenido anteriormente había sido en una reunión de seis o siete personas, no más. Y aún así nos habían acusado de asociación ilegal a Comisiones Obreras. Por eso me impresionó ver allí a gente de todo el Estado, y vernos tantos. Yo me imagino que nuestros líderes algo negociaron con las autoridades para que no termináramos todos en la cárcel. Había incertidumbre, pero finalmente no detuvieron a nadie.
¿Cómo se planificaron las llegadas a Barcelona para salvaguardar la seguridad?
Nos dieron unas instrucciones, como medidas de seguridad en clandestinidad: que no fuéramos en transporte público sino en coche o que la noche anterior no durmiéramos en sitios grandes. Recuerdo que dormimos en unas pensiones en la Barceloneta, bastante cutres. Medidas para que la Policía no nos detectara fácilmente antes de la asamblea. Una vez allí, pues asumíamos que la tarea de la Policía era más fácil, pero nosotros ya habríamos logrado el objetivo de salir a la luz.
"El objetivo era la libertad sindical, es decir, podernos organizar en sindicatos, porque todas las reivindicaciones había que hacerlas a través del sindicato vertical"
¿Qué objetivo final tenía la asamblea de Barcelona?
El objetivo era la libertad sindical, es decir, podernos organizar en sindicatos, porque todas las reivindicaciones había que hacerlas a través del sindicato vertical. No nos dejaban plantear un entendimiento entre los intereses de la empresa y los de los trabajadores. Nos decían que los intereses de la empresa y los nuestros eran los mismos y, caramba, siempre prevalecían los de la empresa.
1976 fue un año con más de 3,5 millones de huelguistas. ¿Qué caldo de cultivo social había en ese momento clave para reinstaurar estructuras democráticas?
Estábamos mascando las consecuencias de la crisis del petróleo. Hubo una inflación tremenda, por encima del 20%. Fíjate que ahora llegamos al 6% de inflación y ya hay muchas alarmas. Hubo muchos despidos, huelgas, y estábamos muy movilizados. Había confluencia con otros movimientos sociales. De ello se habló también en la asamblea.
Y las manifestaciones eran otra cosa, tenían que ser súper rápidas, a corre que te corre. Una vez que me detuvieron un policía me preguntó si era de las que en las movilizaciones gritaba "social acuérdate de Portugal". Porque la revolución de los claveles procesó a miembros de la policía política por las torturas. Entonces me di cuenta que el miedo estaba cambiando de bando. Aunque también hubo personas, ya con Franco muerto, que murieron en la lucha por la democracia. Los abogados de Atocha o María Luz Nájera, por ejemplo. O sea, que también sabías que te podía tocar a ti.
El CIS de finales de 2025 arrojó que un 21% de la población considera los años del franquismo como "buenos" o "muy buenos". Incluso jóvenes de 18 a 24 años que no lo vivieron dan respuesta similar. ¿Por qué cree que pasa esto?
Las mujeres de mi generación somos las que menos pensamos eso y las que menos votamos a la ultraderecha que defiende el franquismo. Porque sabemos lo que era aquello y, claro, que ahora nos lo quieran poner a nosotras, a nuestras hijas, a nuestras nietas, ni hablar. Ahora desde la derecha se critica a los ayatolás de Irán. Pues ríete tú de los ayatolás. Por ejemplo, durante el franquismo las mujeres iban a la cárcel por adulterio. Simplemente por tener una relación sexual fuera del matrimonio, eso era delito. Sin embargo, para ser delito para un hombre tenía que ser dentro del domicilio conyugal y en la cama conyugal. Había una distinta vara de medir.
Cuando se aprobó la constitución se prohibió la excedencia forzosa por matrimonio. Es decir, mi madre y toda la generación de mi madre hasta los años 60 y tantos, una vez casadas no podían trabajar. Estaba prohibido, salvo en muy pocos sectores, el trabajo de las mujeres casadas. Fue impresionante, tras la muerte de Franco, ver la vuelta al trabajo de mujeres que ya tenían 50 años y que habían tenido que dejar de trabajar.
Todo el rato había ese doble rasero, los hombres pueden y las mujeres no pueden. Bendecido, fortalecido y organizado por el régimen.
"Un debate de fondo era si íbamos a hacer un sindicato a secas o un movimiento político y social, lo que permitía que entraran las reivindicaciones feministas"
¿Qué debates clave de CCOO recuerda de aquella etapa en la que se hizo la asamblea?
Había un debate de fondo sobre si íbamos a hacer un sindicato a secas o lo que se llamaba movimiento político y social. A mí siempre me ha gustado lo del movimiento político y social porque las reivindicaciones feministas, por ejemplo, en un sindicato así muy estricto, pues no cabían. Mientras que un sindicato que confluía con el movimiento feminista, reivindicar la legalización de los anticonceptivos era mucho más posible. Tanto esa reivindicación como la legalización del aborto fueron temas que se aprobó defender en un congreso de CCOO poco después de la asamblea de Barcelona.
Había compañeros que decían, "oye, ¿eso qué tiene que ver con los sindicatos? ¿Con quién lo vamos a negociar?". Pues lo defendimos en la calle, con otra gente que, también, su única vía de expresarse era la calle.
El secretariado surgido de la primera asamblea tenía 24 hombres y ninguna mujer. Usted ocupó la primera Secretaría de la Mujer del sindicato cuando se legalizó, en 1977. ¿Cuándo se da cuenta de que también hacen falta cambios internos en la organización?
El movimiento feminista era y es bastante autónomo del sindicato. El movimiento tenía unas reivindicaciones y una agenda propia que nosotras llevábamos al sindicato. En ese momento las que había eran las del Año Internacional de la Mujer.
La primera reunión feminista a la que fui en mi vida fue en el despacho de los abogados de Atocha. Salía de una reunión de Comisiones y Dolores Sancho, la viuda de Pedro Patiño, que trabajaba allí me dijo si quería ir a una reunión del Movimiento Democrático de Mujeres. Mi superior de CCOO, dijo: "No, Begoña tiene cosas más importantes". Yo respondí que iba a ir.
En la reunión estaban las mujeres de líderes de Comisiones y del Partido Comunista. Criticaban a sus maridos porque no se ocupaban de los niños o porque no hacían las tareas de la casa, etc. Al principio me escandalicé. Dije, uy, pero estos pobres a los que la Policía les persigue, y están en la cárcel, y tal, y ahora sus mujeres les critican. Pero luego dije, pues es verdad. Ellas decían: la democracia también tiene que entrar en nuestras casas y en nuestras familias, no podemos defender la igualdad hacia afuera y no defender la igualdad hacia adentro.
Eso es lo que tenía y sigue teniendo el feminismo. Que de repente expone algunas contradicciones que hay entre hombres y mujeres. Y en ese momento CCOO era una organización mayoritariamente de hombres. Lo que reivindicamos algunas mujeres en ese momento fue tejer un puente con el movimiento feminista.
¿Por qué la reunión se hizo en una Iglesia, la de Sant Medir, en el barrio de Sants de Barcelona?
En aquellos años había sido el Concilio Vaticano II. Muchas comunidades cristianas de base, pero también parroquias y curas estaban por una alianza con los débiles y los pobres, un mensaje del Evangelio, que la Iglesia de ahora a veces no lo personifica, pero en aquel tiempo sí. Por ejemplo, las primeras jornadas por la liberación de la mujer, de diciembre del 1975 se hicieron en una iglesia. A los dirigentes de Comisiones Obreras del juicio del 1001 les pillaron reunidos en un convento en 1972.
Y quizás se hizo en Barcelona porque creo que había más apertura democrática, tenía más fuerza el movimiento.
"El sindicalismo del siglo XXI tiene tres retos: reconocer que los cuidados son trabajo, lo medioambiental y la tecnología y la inteligencia artificial"
Usted que ha vivido toda la trayectoria democrática de CCOO, ¿qué momento vive el sindicalismo hoy y qué retos tienen hoy los sindicatos?
El trabajo ahora está en un momento comparable al de la industrialización, comparable a hace 200 o 150 años. Es decir, el trabajo está cambiando mucho.
Yo creo que el sindicalismo del siglo XXI tiene tres componentes muy diferentes de los que había en mi época. Una es que los cuidados son trabajo. Reconocer la interrelación entre el trabajo no pagado de cuidados –feminizado–, y el trabajo pagado. La OIT al cumplir 100 años en 2019 dijo que no habría igualdad entre mujeres y hombres en el empleo hasta que no se reconociera el trabajo no pagado de cuidados. Las mujeres tenemos el 47% de los empleos en España pero hacemos el 75% de las horas de trabajo no pagado, para cuidar sobre todo a la infancia y a personas mayores dependientes. Es como correr una maratón –porque la vida laboral es eso– con una mochila de 20 kilos. Hay que aumentar el empleo decente en sanidad, educación, servicios sociales y dignificar el empleo de hogar.
Otra cuestión es lo medioambiental. Es decir, que mucha de la industria que había sido base del sindicalismo ha desaparecido o está en vías de desaparición, como la industria fósil, del carbón o del petróleo.
Y la última es la tecnología y la inteligencia artificial. En este caso, la huelga que hubo hace tres años de los actores y guionistas de Hollywood demostró que se puede hacer sindicalismo en la era de la inteligencia artificial. La IA no es como un rayo que de repente cae y deja en la marginación a no sé cuántos millones de personas, puede gestionarse colectivamente.



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