Burlas, memes y manipulación: el baile viral de la hija de Soraya y el riesgo de exponer a tus hijos en redes
Un vídeo de la hija de la artista bailando al ritmo de un pingüino animado ha alcanzado más 113 millones de visualizaciones, desatando un debate sobre los límites de la exposición infantil en redes sociales.
El 72% del material incautado a pedófilos son imágenes no sexualizadas de menores, según el Comité de personas expertas para el desarrollo de un entorno digital seguro para la juventud y la infancia.

Madrid--Actualizado a
Un vídeo casero, protagonizado por la hija de la cantante Soraya Arnelas, bailando al ritmo del dibujo animado de un pingüino, ha desatado un debate sobre los límites de la exposición infantil en redes sociales. Con más de 113 millones de visualizaciones, el "baile del pingüino" ha pasado de ser un vídeo entrañable a un fenómeno viral que ha dado la vuelta al mundo y que reabre un viejo debate: ¿hasta qué punto es saludable mostrar a los menores en internet?
"¿Cómo te enfrentas al fin de semana que viene? Con esta energía de Olivia. ¡¡A tope!!", escribía la cantante junto a las imágenes. Una semana después, cientos de usuarios se refieren a la pequeña como la 'niña pingüino', las reacciones en redes son de todo tipo: desde tiernas menciones hasta burlas y comentarios hirientes, algunos perfiles incluso están utilizando la IA para crear memes con la grabación. El vídeo ha llegado hasta Estados Unidos donde diversos medios se han hecho eco del vídeo que ya tiene su propio trend en TikTok en el que miles de usuarios emulan el baile de la niña.
La artista ha respondido a las críticas por el vídeo en el programa Espejo Público de Antena 3. "Yo no vendo a mis hijas, yo no estoy cobrando por ese vídeo. Ha salido de mis redes sociales y ya está. Esto no es una campaña de nada. Simplemente se ha viralizado un baile de mi hija que yo comparto en mis redes sociales cada día con mi gente y con mis seguidores de bien", ha subrayado.
Esta exposición en las redes sociales ya tiene nombre: sharenting. Un término nacido de las palabras inglesas share (compartir) y parenting (paternidad) que define una práctica tan común y polémica como la de compartir imágenes y momentos de la vida cotidiana de los hijos en redes sociales. Lo hacen millones de padres a diario, con la mejor de las intenciones, mostrando cumpleaños, primeras palabras o situaciones graciosas. Pero lo que puede parecer un inocente vídeo para el menor puede ser una exposición no deseada y una vía directa a riesgos de los que ni los propios padres son conscientes en muchas ocasiones.
El 89% de los padres publica fotos o videos de sus hijos en redes al menos una vez al mes, ignorando el hecho de que el 72% del material incautado a pedófilos está compuesto por imágenes cotidianas no sexualizadas de menores, según datos del Comité de personas expertas para el desarrollo de un entorno digital seguro para la juventud y la infancia.
El sharenting no es una práctica ilegal mientras no se vulnere la dignidad del menor, pero, según alertan los expertos, implica una serie de peligros. "Al exponer al menor en redes no estamos velando por un derecho fundamental: el derecho a la privacidad, reconocido en la Convención de los Derechos de la Infancia. Publicamos fotos de ellos incluso antes de su nacimiento, ya con las ecografías", denuncia Claudia Caso, directora de la fundaciónSOL (Safe On Line), en declaraciones a Público.
"Otro riesgo es que ellos se sientan incómodos o no les guste. No les estamos preguntando. Cuando crecen y llegan a la adolescencia muchos menores nos dicen que no se sienten a gusto al verse expuestos. Esas imágenes públicas pueden ser utilizadas por compañeros de clase, por otros menores, o incluso por desconocidos para hacerles bullying", explica Caso.
Unos hechos que podrían traer consecuencias devastadoras también para la salud mental del menor. "Muchos de los problemas de salud mental que estamos viendo en los menores hoy en día tienen que ver con el uso -o mal uso- de su imagen, y las consecuencias que esto genera. Una imagen viral no deseada puede generar una situación traumática, de la que luego es muy difícil recuperarse", apunta la experta.
Ahora, en plena era de la inteligencia artificial, estos riesgos aumentan a una velocidad imparable. "Cualquier foto puede ser manipulada por la IA como si fuera real, se puede crear material de pornografía infantil con desnudos falsos que llegan a redes de pederastas o memes humillantes con vídeos manipulados", denuncia la directora de la fundaciónSOL.
El principal problema con el que se encuentran las autoridades es que la tecnología avanza más rápido que la regularización. "Es muy complicado llegar a tiempo. Cuando logremos regular el sharenting, ya estará la inteligencia artificial planteando nuevos desafíos que esa regulación no puede recoger a tiempo". Por ello, desde la fundación abogan por promover la conciencia social y personal, especialmente de los padres. "Debemos entender el impacto de nuestras acciones. La mejor imagen que podemos tener de nuestros hijos es aquella que no se comparte. Así que disfrutemos de los niños, mirándolos a los ojos, el mayor tiempo posible", remarca Caso.
Según datos de la fundaciónSOL, el 42% de los niños en España han dicho que sienten vergüenza por lo que sus padres comparten en internet y el 81% de los bebés ya está en las redes antes de cumplir los seis meses, apunta una encuesta elaborada por la firma de seguridad informática AVG en diez países, entre ellos, España.
De hecho, son muchas las influencers que monetizan su maternidad, son las conocidas como instamamis, usuarias de Instagram, YouTube o TikTok que se dedican a subir contenido familiar, lucrándose con la imagen de sus hijos para captar seguidores y patrocinadores. Una de las más conocidas es Estefanía Unzu, conocida en redes como Verdeliss. La navarra saltó a la fama en 2008 compartiendo vídeos en YouTube de la crianza de su primer hijo, ahora cuenta con más de un millón de seguidores y una familia numerosa de ocho hijos, todos los nacimientos han sido compartidos en sus redes sociales desde el momento de la primera ecografía hasta el parto.
Frente a este panorama, fundaciónSOL y la Policía Nacional han lanzado una campaña este julio para frenar la sobreexposición infantil. Las recomendaciones son sencillas, pero poderosas: "evitar que se vea la cara de los niños, que no sean fácilmente reconocibles, no incluir información innecesaria como el nombre del colegio en un uniforme, un cartel, o datos sobre sus actividades extraescolares", señalan a Público. Y, sobre todo, "reflexionar antes de publicar", asumir que la red no olvida y que todo queda guardado bajo la huella digital. Lo que hoy parece un recuerdo tierno, mañana puede convertirse en motivo de vergüenza. O, peor aún, en herramienta de daño que puede terminar incluso en manos de criminales.
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