De buscar alienígenas a animar tertulias conspiranoicas: la mutación de Iker Jiménez
Sus programas han dado espacio a bulos como los chemtrails o los supuestos muertos durante la DANA en el parking de Bonaire.
"Cuando sucede algo muy relevante que tiene a todo el mundo pendiente en el país —Venezuela, Adamuz o Irán, por ejemplo— los bulos y las fake news se multiplican", dice Pablo Hernández Escayola, de Maldita.es.

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En el umbral entre el entretenimiento y la información, Cuarto Milenio, presentado por Iker Jiménez, ha construido desde 2005 un espacio televisivo reconocible dentro de Cuatro a partir de relatos sobre misterio, fenómenos paranormales y teorías conspiranoicas. Horizonte, estrenado años después, trasladó parte de ese mismo enfoque narrativo a la conversación sobre actualidad política y social, incorporando debates y lecturas de la realidad que han sido señaladas constantemente por amplificar interpretaciones especulativas o conspirativas. El programa también ha dado voz a figuras vinculadas con la ultraderecha y ha difundido bulos desmentidos por verificadores, como el del parking de Bonaire. Entre las polémicas recientes más destacadas se encuentra la intervención de José Félix Ramajo, tras el ataque a Hezbolá: calificó a los países vecinos de Israel como “puros terroristas, basura humana que debería ser exterminada”, sin que se registraran objeciones en el plató.
Los datos recientes confirman la estabilidad de un formato que lleva 20 años en antena: el pasado domingo, Cuarto Milenio firmó 6,9% de share y 701.000 espectadores y el jueves Horizonte anotó un 10% y 729.000, según Barlovento. El de Iker Jiménez es uno de los formatos más longevos de la televisión en España, con más de 20 temporadas y una trayectoria de audiencia destacada para una franja nocturna. En varios momentos de su historia Cuarto Milenio ha superado la media de audiencia de su cadena, llegando a rebasar el 13 % de cuota de pantalla y cerca del millón de espectadores en algunos episodios. Pero los números no explican nada por sí solos y la clave puede estar en algo menos medible y más contemporáneo: cómo consumimos información cuando la realidad se vuelve ruido.
La actualidad como combustible
Pablo Hernández Escayola, coordinador de investigaciones de Maldita.es, explica que "la desinformación se adapta a lo que se está hablando, y no al revés". Destaca el poder de la actualidad sobre la dispersión de desinformación: "Cuando sucede algo muy relevante que tiene a todo el mundo pendiente en el país —Venezuela, Adamuz o Irán, por ejemplo— los bulos y las fake news se multiplican". Su labor de investigación le ha permitido constatar que, "aunque hay temáticas que son recurrentes —a menudo relacionadas con declaraciones políticas—, la desinformación bebe de la actualidad y tiene mucho que ver con el escenario en el que se mueve".
En otras palabras, la desinformación adapta su discurso al idioma que habla la gente. El investigador de Maldita destaca que durante los incendios forestales del verano pasado, que quemaron miles de hectáreas en España, aumentaron notablemente los bulos relacionados con el cambio climático.
Un ejemplo reciente lo ilustra con claridad: durante el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, se viralizó en redes la idea de que una fotografía difundida por la Agencia EFE no correspondía a los bombardeos, sino a un atentado ocurrido años antes en Kabul. La afirmación se propagó rápidamente en X y otras plataformas, antes de que las verificaciones posteriores confirmaran que la imagen sí correspondía al ataque reciente.
El episodio muestra cómo, en momentos de alta sensibilidad informativa —catástrofes, emergencias, momentos de incertidumbre— lo preliminar, lo plausible y lo confirmado compiten en tiempo real y, a veces, la agenda pública se contamina con rumores que circulan más rápido que los datos oficiales.
El efecto cascada
En este sentido, Hernández Escayola describe los efectos de que un programa de televisión, periódico, agencia o medio, difundan datos falsos o sin contrastar. "Las redes sociales tienen un alcance determinado, que está relativamente delimitado a un público concreto que ya consume ese tipo de contenidos", pero cuando esos mensajes saltan a los medios más tradicionales, alcanzan a un público nuevo que no necesariamente ha estado expuesto a ese formato. "El problema es que ahí ganan viralización y empiezan a alcanzar audiencias nuevas. Se produce un efecto cascada: cuantas más personas lo reciben y lo comparten, mayor es ese efecto de amplificación". Así, "un contenido que quizá se habría quedado en redes, termina llegando mucho más lejos y haciendo más difícil su verificación".
El rumor y la rectificación
En la misma línea, tras el caso del vídeo del bombardeo a una escuela femenina en Irán —que la IA Grok de X calificó erróneamente como falso—, el Consejo de Redacción de EFE publicó un comunicado criticando que "la rectificación posterior no tuvo el mismo alcance que la acusación inicial".
De ese mecanismo —la facilidad con la que un mensaje se instala en la conversación pública antes de ser comprobado— también tiene buena cuenta la televisión. Durante la DANA de 2024, se difundió el rumor de que en el aparcamiento del centro comercial Bonaire había numerosas víctimas. Iker Jiménez se hizo eco en redes sociales y en Horizonte de informaciones que apuntaban a la posible presencia de "muchos cuerpos". El presentador escribió en X: "En el parking de Bonaire hay muchos cuerpos, muchos cuerpos. Muchos" y se viralizó rápidamente. Pero las inspecciones posteriores confirmaron que no había fallecidos en el interior del parking y el director general de la Policía lo desmintió públicamente.
Hubo rectificación y, tras la polémica, el programa de Iker Jiménez lanzó en X un vídeo con su versión de los hechos que alcanzó unos 3 millones de visualizaciones en 12 horas, reflejo de la enorme atención que generó el episodio. La polémica incluso tuvo consecuencias comerciales e ING retiró su publicidad de Horizonte y Cuarto Milenio en noviembre de 2024, alegando la controversia generada en torno a la cobertura de la DANA.
La "verdad ilusoria"
Sobre este fenómeno, el investigador de la agencia pionera en fact-checking y lucha contra la desinformación en España menciona lo que se conoce como "efecto de verdad ilusoria". "Si escuchas muchas veces algo, es más fácil que te lo creas porque te acostumbras a oírlo y tu cerebro lo procesa más rápido", explica. "Es una cuestión de economía del esfuerzo: cuanto mejor encaja una idea en mi marco, más fácil es de procesar".
También es un sesgo cognitivo que hace que las personas perciban la información repetida como más plausible, independientemente de su veracidad real. "Si además lo escuchas de varias fuentes, genera una ilusión de credibilidad: parece correcto porque tu cerebro ya lo conoce, y eso te genera una sensación positiva", concluye el coordinador de Maldita.
El sesgo de confirmación
El investigador señala la satisfacción que nos genera tener razón: "Procesar algo que encaja en el propio marco es mucho más fácil que procesar algo que te rompe los esquemas y te obliga a esforzarte por encajarlo. Desde el punto de vista del profesional, es mucho más complicado desmentir bulos en el público que ya está convencido".
En este punto, cabe destacar lo que se conoce como "sesgo de confirmación". En palabras de Hernández Escayola: "Es mucho más difícil que te crea alguien que está recibiendo la desinformación si ese fake encaja con su opinión".
En torno a esta cuestión, el coordinador de investigaciones de Maldita señala: "El peligro no está únicamente en la falsedad, sino en la repetición". "Cuanto más se repite un mensaje falso, más probable es que la gente lo acepte como verdadero y este fenómeno se potencia cuando el contenido despierta emociones intensas y es difundido por canales de gran alcance". En ese sentido, formatos televisivos con una audiencia consolidada pueden desempeñar un papel relevante en la circulación de estas hipótesis.
El motor emocional de los bulos
La viralización de mensajes tiende a premiar lo contundente y lo emocional y, sobre este tema, Pablo Hernández Escayola señala que "tienden a ser emociones negativas como miedo o indignación". Añade: "Por ejemplo, en contextos de crisis internacional, los contenidos que te llevan a alarmarte, tener miedo o emocionarte suelen ser los más virales". En este tipo de informaciones, es muy habitual encontrar típicas expresiones alarmistas como "¡Atención!", "¡Bombazo!", "¡Terrible!" o "¡Impresionante!": "Se usa ese diseño en contenidos fake porque contribuye a la viralidad".
En palabras del investigador: "Tiene sentido porque si una información despierta miedo o alarma, el impulso inmediato suele ser compartirla: para alertar a la familia, avisar a los amigos, etc". Y si además confirma una sospecha previa o alimenta la indignación, la difusión se acelera.
Hernández Escayola señala que "se comparte con quienes piensan igual como una forma de reafirmación —"¿Veis? Teníamos razón"— y también con quienes no, como prueba de que uno estaba en lo cierto". En su experiencia en la lucha contra la desinformación, "son reflejos humanos, reacciones casi automáticas".
Soluciones sencillas a problemas complejos
En este punto, el caso de Iker Jiménez resulta ilustrativo. A lo largo de los años, el programa ha dado espacio a narrativas que forman parte del imaginario conspirativo contemporáneo —como los chemtrails, los avistamientos OVNI o el caso de las caras de Bélmez—: fenómenos que han sido ampliamente desmentidos por la comunidad científica.
Ambos formatos se han convertido en un caso de estudio sobre la circulación de teorías de conspiración en un ecosistema mediático donde la frontera entre curiosidad, debate y verificación no siempre es nítida. En el mismo marco narrativo, Hernández Escayola explica: "A menudo, el origen de la desinformación parte de proponer soluciones sencillas a problemas más complejos". El investigador desvela una regla para detectar la desinformación: "Párate a pensar, porque si suena demasiado bien, lo más probable es que no sea cierto".
Bajar el ritmo de la inmediatez
El portavoz de Maldita deja una reflexión: "El contexto actual enfrenta diversos retos, entre ellos producir información de calidad en un soporte como las redes sociales, que valoran la inmediatez, la brevedad y la viralidad sobre el análisis". En ese escenario, los medios se mueven en una tensión permanente entre contar rápido lo que ocurre y entender bien lo que está pasando.
Casos como los de Cuarto Milenio y Horizonte muestran hasta qué punto la frontera entre curiosidad, debate y verificación puede desdibujarse cuando los formatos televisivos dan cabida a relatos conspirativos o interpretaciones sin suficiente respaldo empírico. En un entorno mediático que premia las explicaciones rápidas y las narrativas rotundas, esa mezcla puede contribuir a que la conversación pública confunda hechos contrastados con especulaciones. En ese sentido, el reto para el ecosistema informativo no es solo desmentir los bulos cuando aparecen, sino sostener espacios donde la información pueda contextualizarse y entenderse antes de convertirse en ruido.


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