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El café se impone al té y las pintas del pub entre los británicos

Tres cafés abren cada día en Reino Unido y por cada una de ellas cierran dos pubs. Con el consumo de alcohol en continuo descenso y los británicos tomando hasta 6 tazas de café al día, en 2030 habrá más cafeterías que pubs. Y el té ya hace tiempo que perdió esta guerra.

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Una cafetería en el centro de Londres

Basta con darse una vuelta por la calle comercial de cualquier barrio residencial británico para darse cuenta. Tomamos Kilburn High Road, al noroeste de Londres, como ejemplo. En un tramo de cien metros contamos uno, dos, tres, cuatro… y hasta cinco locales que utilizan el café como reclamo frente a un único pub. Lleva aquí décadas pero se ha quedado solo.

Las cafeterías de esta zona son sólo una muestra de las más de 2.000 que han abierto en todo Reino Unido en los últimos 5 años. La demanda es tan alta que la diferencia ahora mismo es de sólo 21.500 cafeterías frente a 48.350 pubs. Y la distancia no para de estrecharse.

Las grandes cadenas como Costa, Café Nero o Starbucks —lo que aquí se conoce como “coffee house" frente a los “café”, de estilo francés donde se toman dulces, o los “caf”, especializados en el típico “english breakfast”— son las reinas del mercado. Su expansión ha sido tan rápida que un informe de hace sólo un año ya reflejaba que el mercado empieza a estar saturado.

La variedad de granos y mezclas que han introducido, la rapidez con la que lo preparan y lo sirven para llevar y la comodidad de sus locales se han impuesto en una sociedad en la que la gente cada vez bebe menos alcohol y en la que meterse en un local oscuro a tomar una cerveza cuando todavía hay sol ahí fuera no está bien visto entre los jóvenes profesionales de hoy. Una encuesta del Servicio Nacional de Salud de 2017 indicaba que sólo 5.8 de cada diez adultos ingleses bebían entre semana, frente a los 6.5 de hace una década.

Otra muestra realizada por el Centro de Desarrollo de Economía y Negocios desvela que en 2018 cada día se consumen 95 millones de tazas de café —25 millones más que hace diez años— y un 6% de los encuestados reconocen que se toman como mínimo 6 al día, aunque la media es de sólo 2. “En la última década hemos pasado de ser un país de consumidores de bolsitas de té que sólo ocasionalmente se tomaban un café instantáneo en casa, a ser una nación de amantes del café”, explica Chris Stemman, director ejecutivo de la Asociación Británica del Café.

El mejor ejemplo está en la localidad inglesa de Otley, que durante décadas fue conocida como la capital de los pubs. Con un censo de 14.000 habitantes se ganó este sobrenombre porque contaba con el mayor número de grifos de cerveza per cápita. Llegó a tener 32 pubs. Hoy sólo sobreviven 22 frente a sus 24 cafeterías.

Muchos de los pubs que siguen abiertos, sobre todo en las grandes ciudades, lo han logrado porque han diversificado su oferta y han hecho algunos cambios: “Queremos no sea sólo un sitio para tomar cervezas; tenemos cocktails, por supuesto también servimos café y la carta de comida va más allá de la típica `pub food”, nos cuentan en uno de ellos. Además, algunos propietarios han dicho adiós a las típicas vidrieras opacas que protegían la intimidad de los clientes y así el local sea más luminoso.

Acercarse a un nuevo tipo de cliente ha funcionado y la prueba es el barrio londinense de Hackney; el último ejemplo de gentrificación en la capital es también la zona en la que más locales de este tipo han proliferado de todo el país.

Otra alternativa que también ha reconciliado a muchos con estos locales son las cadenas como Wetherspoon, que recrean el pub de toda la vida pero con un ambiente más abierto y para todos los públicos; ya hay más de 250.

Pub tradicional británico

El té ya perdió la batalla

El café amenaza al pub después de haberle ganado ya la batalla a otro símbolo nacional: el té. Sus ventas llevan años cayendo frente a las del café, que se han triplicado desde los años 70. Y bastaría con parar por la calle a un británico con un vaso caliente en la mano para comprobar que 8 de cada 10 llevarán dentro café.

Ni qué decir que, aunque aún siga existiendo en lugares tan exclusivos como los almacenes Fortnum & Mason  que proveen a la familia real británica o el cercano Hotel Ritz de Londres, el famoso “té de las 5” ya es algo de otros tiempos. Que nadie se confunda, aquí a media tarde se toma cualquier cosa aunque se siga diciendo “té” simplemente porque en inglés no hay una palabra equivalente a “merienda”. Pero sólo los turistas o la gente de una clase social muy alta se reúne a esa hora en torno a una taza de Earl Grey y una bandeja de sandwiches de pepino y scones con crema de mantequilla a 65 euros por cabeza.

El clásico té negro está prácticamente relegado a la intimidad del hogar. Atrás quedaron los tiempos en los que era tan sagrado en este país que durante una jornada laboral de ocho horas los trabajadores tenían reconocidas por contrato dos pausas para poder disfrutarlo. El derecho al llamado “Tea Break” estaba a la altura de las vacaciones pagadas, la atención médica y los salarios razonables. Y teniendo en cuenta que la preparación de un clásico té inglés requiere que el agua llegue a hervir y mantener la bolsita al menos 4 minutos sumergida antes de echar la leche, la pausa podía acabar alargándose más de lo que cualquier empresario desearía. De ahí que Margaret Thacher intentara acabar con estas pausas alegando que disminuían mucho la productividad. No lo logró; la rebelión sindical fue tal que el asunto acabó en las llamadas “huelgas para tomar el té” y los “tea break” siguieron existiendo.

Ni el mismísimo George Lucas se libró de ellos cuando en 1976 pasó una temporada en Londres rodando la primera película de la saga Star Wars. Quienes vivieron con él aquellos días cuentan que acabó desesperado porque, aunque estuvieran en mitad de una escena, a las 11:00h y a las 16:00h todo el equipo paraba para tomar el té.

Sin embargo, hoy los set de rodaje son sólo un lugar más donde comprobar que, vayas donde vayas, el café le acompaña la fuerza en esta guerra.

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