Las cigarras recomiendanPepe Viyuela: opiniones de un payaso
Aníbal Malvar conversa con sus cigarras particulares para que le canten qué podemos leer en este verano de canícula y siesta.

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Pepe Viyuela (Logroño, 1963) es actor de cine y teatro, escritor, doblador, artista de circo y, sobre todo, payaso. Estudió Filosofía en la Autónoma de Madrid y Arte Dramático en la Resad. Con la ONG Payasos sin Fronteras –que presidió- llevó risa a campos de refugiados del Kurdistán, Palestina, Irak, el Sahara… Premio Ondas, Max de teatro, Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, Galardón a las Artes y la Cultura de la Rioja… Viyuela es tan prolífico que con él hay que abusar de los puntos suspensivos. Hasta hizo política junto a Podemos en 2011 formando parte de una candidatura local madrileña (en puesto muy secundario, de los que nunca salen elegidos: pero allí hay que estar también). Ahora anda de gira con El barbero de Picasso (de Borja Ortiz de Gondra dirigida por Chiqui Carabante) y simultáneamente con Guiton Onofre. El pícaro perdido (de Gregorio González, escrita en 1604).
AUTOBIOGRAFÍA (de un pícaro)
Todos tenemos algo de pícaros, porque todos tenemos que luchar para sobrevivir. Y eso obliga a hacer cosas que en circunstancias normales no haríamos. Yo he intentado sobrevivir en este mundo del teatro a través sobre todo del humor. Esa ha sido mi herramienta y mi salvavidas. No sé si eso es ser un pícaro. Yo empecé en teatro por la comedia. Antes no había podido ganar ni un duro con lo que hacía como actor. Y cuando encuentro que la comedia sirve para eso, me agarro a ella. El pícaro es alguien que va engañando a otros. Si yo he engañado, no sé. Quizá afilando esa capacidad para hacer reír.
Te reivindicas como payaso. Pregunta para el payaso que eres: El fascismo siempre ha odiado la risa. ¿Sobreviviréis los payasos al que parece inevitable futuro gobierno de PP y Vox?
Los payasos sobrevivimos en toda circunstancia. Ser payaso es una forma de adaptación al medio: cuando la situación está complicada, uno recurre precisamente al payaso, a la comedia, a la burla. Sobre todo a la burla enfrentada a los poderosos. Los payasos no utilizamos tanques, pistolas ni armas. Nuestro disparo es de la lengua y del ingenio, para solidarizarnos con aquellos que como nosotros estamos en lo popular, en la base. Por eso el payaso y el bufón han sido siempre muy castigados, porque el poder les tiene muchísimo miedo. La risa es descontrol, es caos frente a la seriedad y la marcialidad. Por eso el ejército y la iglesia viven reñidas con la libertad del humor.
En estos tiempos el humor también puede llegar a ser peligroso. El poder se vale de los ‘ofendiditos’ para meter en problemas a los creadores libres, a los que no hacen arte políticamente correcto (que, para mí, no es arte). Por cualquier tontería te puede caer una querella. Y hasta pedirte penas de cárcel o económicas que pueden hundir a un artista, a una compañía de teatro modesta, a un actor.
Sí, pero todos pecamos alguna vez de ofendiditos. Debemos aprender a no ofendernos tan fácilmente. Todos debemos tener tragaderas para soportar la crítica. Lo bonito de la convivencia es, precisamente, estar en desacuerdo pero soportarnos. Y, bueno, respetarnos.
Siempre has dicho que tu paso por la política fue testimonial. Pero casi todo arte está impregnado de política, de un forma u otra. ¿Cuál es la obra de teatro, cine, poesía o novela en la que te has sentido más político?
La política es todo. Después existen los profesionales de la política que viven de ella en todo el sentido de la palabra. O sea, que ganan dinero. ¿De mis obras? En todas hay ese deseo de contar y de criticar. Como payaso estoy siempre haciendo una crítica a una sociedad basada en el éxito, que me lleva a buscar otra sociedad menos competitiva y más lúdica, en la que uno aporte lo que mejor sabe hacer pero sin la obligación de ser el mejor. El payaso sabe que el fracaso siempre nos acompaña. A todos. Hay que saber convivir con él y compartirlo con los demás. Y presumir de que somos limitados y muy vulnerables. Esconderlo es falso y estúpido. Si tuviera que decir una obra mía con más política, quizá sería Encerrona (dirigida por Elena González, estrenada en 2016, reestrenada en 2024 en el madrileño Teatro del Barrio). Cuando empujas a alguien a la precariedad, hará cosas criticables pero inevitables.
LA CIGARRA VIYUELA RECOMIENDA
La península de las casas vacías, de David Uclés (Ed. Siruela, 2025). Es un libro que aporta un punto de vista distinto, muy mágico y muy interesante sobre la guerra civil.
El móvil: Otra recomendación que haría, muy general, es prescindir del móvil. Cuanto más mejor, si uno quiere tener un buen verano o un mayo o un diciembre. Disfrutaremos sin él todas las estaciones de una manera más intensa. Yo abogo cada vez más por la desconexión. La intento practicar cada vez más.
Música: Cualquiera de los festivales que hay en verano de esa música que llamamos antigua. Hay festivales en Úbeda, en Jaén, en Cuenca... Es un tipo de música que a mí me aporta una sensación de permanencia en unos criterios estéticos que sabes que no van a ser superados. La sencillez aparente de ese tipo de música siempre me ha sobrecogido. Y, bueno, también os recomendaría que pasearais mucho por el campo. Ahí es donde podemos encontrarnos con nosotros mismos y con la mejor versión nuestra sin que la presión de las obras maestras nos atormente. Y que la gente visite las pinacotecas, que son también un lugar de refugio y de contemplación.
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