Cinco rutas para perderse entre paisajes y leyendas
España es un mapa de caminos que esconden mucho más que paisajes: guardan leyendas, huellas de antiguas culturas y rincones capaces de detener el tiempo. Desde senderos que nacen en la alta montaña hasta bosques que parecen pintados a mano, cada ruta es una invitación a descubrir el país de otra manera, paso a paso y con todos los sentidos abiertos.

CP
Hay viajes que se viven paso a paso, donde cada sendero es un relato y cada paisaje, una página abierta a la historia y la leyenda. Desde hayedos centenarios que parecen salidos de un cuento hasta lagunas glaciares envueltas en misterio, pasando por cumbres volcánicas que rozan el cielo, España guarda rutas que son mucho más que caminos: son experiencias que despiertan los sentidos y reconcilian con la calma.
En muchos de estos itinerarios, hay Paradores que se convierten en el punto de partida o en el refugio perfectos al final de la jornada, ofreciendo no solo descanso, sino también la esencia gastronómica y cultural de cada territorio.
En este recorrido reunimos algunos de los senderos más bellos y singulares del país, desde la magia del Bosque de Otzarreta hasta la leyenda del Sendero de las Ánimas, pasando por la poética Laguna Negra, la imponente cima de Guajara o la majestuosa Fageda de la Grevolosa. Un viaje para caminar despacio, escuchar la naturaleza y dejar que el otoño marque el ritmo.
El sendero de las ánimas, Cazorla
Aunque su origen resulte algo siniestro, hoy, el Sendero de las Ánimas en pleno Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, en Jaén, es una maravilla para los caminantes. Discurre, entre el misterio y la naturaleza, en un recorrido cultural que incluye ruinas, paisajes, cortijos, pueblos y una historia que nos traslada siglos atrás, cuando emprendía la marcha una expedición fúnebre, para recoger a vecinos desaparecidos en la sierra y llevar su cuerpo al cementerio. Una ruta que partía desde la Iruela cuando el sol se ponía, para evitar las miradas ajenas y la superstición.
El Parador de Cazorla, un apacible cortijo andaluz en plena montaña, al abrigo de gargantas, valles y cañones, ofrece la oportunidad de entroncar, a 1400 metros de altura, con el misticismo, la tradición y la leyenda de este trazado que parte del mismo alojamiento y que recorre el sendero de las ánimas hasta el Castillo de la Iruela. Más allá de la historia de su origen, el recorrido, que forma parte de una de las actividades de su programa: Naturaleza para los Sentidos, brinda al caminante un entorno natural único con increíbles miradores al Guadalquivir, fuentes y paz. Mucha paz. Un itinerario que conecta el Puente de las Herrerías con la Fuente del Oso y llega hasta la localidad de La Iruela pasando por el Puerto de los Arenales y Fuente Rechita. Al terminar, la serranía se planta a tus pies, desde el apacible alojamiento. Luminosas habitaciones con vistas te esperan. También jardines por los que pasear y recordar la ruta. Y, para reponer fuerzas tras la andada, un acogedor restaurante con platos de identidad local como el cordero segureño, las migas o el rin ran, el plato más típico de la sierra de Cazorla.
La Laguna Negra y el Pico de Urbión, Soria
En el año del 150 aniversario del nacimiento de Antonio Machado, hay que atreverse con la ruta a la Laguna Negra y el Pico de Urbión, en Soria. Un recorrido circular de 13 kilómetros, a 50 kilómetros de la capital soriana, cuyos parajes quedaron retratados por el célebre poeta en Tierras de Alvargonzález, dentro de su obra Campos de Castilla.
Desde el pueblo de Vinuesa se inicia el recorrido, estacionando el vehículo en el Paso de la Serrá y emprendiendo la marcha por la Senda del Bosque. Dos kilómetros de encanto por un camino que discurre pegado al Arroyo de la Laguna Negra, en una zona tapizada de pinos tejos y hayas, hasta que una pasarela de piedra y madera te lleva directamente a la laguna, ubicada a 1.773 metros de altitud. Se trata de uno de los tesoros naturales de nuestro país. Es de origen glaciar y cuenta con una profundidad de 8 metros, aunque la leyenda le atribuye un fondo infinito que conecta con el mar. Mitos aparte, la panorámica es espectacular, y el silencio, la mejor banda sonora para disfrutarlo. Desde la laguna, parte otra senda, la del Portillo, que lleva al Pico de Urbión. Un itinerario en el que sigue presente el agua, en la cascada de la Chorrera, en los torrentes que rodean el Collado de la Majada Rubia y en la Laguna Larga. Tras sortear las rocas del Risco del Portillo Arenoso, ya en el último tramo, aguarda el famoso Pico de Urbión, a 2.229 metros, coronado por una pequeña cruz de hierro y ofreciendo unas vistas únicas. Las mismas que inspiraron al poeta.
Con sus versos en la mente, no hay nada más lírico que una buena comida en el Parador de Soria, también llamado Parador de Antonio Machado, para que la experiencia no termine. A un kilómetro del centro histórico de la ciudad, con unas humeantes sopas de ajo, unos irresistibles torreznos y tierno asado de cordero en la mesa, Soria y sus caminos, se sienten también en el plato. Lo próximo, descansar en una de las acogedoras habitaciones del Parador y relajarse evocando a Machado.
El Bosque de Otzarreta, Gorbeia
El otoño más espectacular está aquí. En el Bosque de Otzarreta, en pleno Parque Natural de Gorbeia. Entre bosques de hayas centenarias, con robustos troncos, de hasta tres metros de altura, en los que crece el musgo. Una estampa que parece de ensueño, de postal, de fondo de pantalla. Con una alfombra de hojas rojas entre las que asoman las fornidas y férreas raíces de los árboles. Pero nada más lejos, ese lugar existe. Para deleite del viajero. Y, si la imaginación te lo permite, también el Basajaun, el protector del bosque, según la mitología vasca.
Pero antes de adentrarte en esta fantasía, para en el Centro de Interpretación de Areatza, a tan solo 10 minutos en coche del bosque, para recorrerlo a conciencia y descubrir que la forma de sus árboles tiene mucho que ver con la actividad carbonera de la zona y la forma en la que desmochaban su tallo. Y luego, cuando llegues al lugar, sólo limítate a mirar, a oler, a escuchar, a caminar… una ruta de 7 kilómetros que se disfruta con todos los sentidos, desde que dejas el vehículo en el aparcamiento del alto de Barazar en Vizcaya, hasta el entorno del Humedal de Saldropo, rodeado con pasarelas de madera.
Colmado por los colores del bosque es hora de saborear la tierra en un elegante palacio renacentista a poco más de 30 kilómetros y a sólo 12 kilómetros de Vitoria. Llegamos al Palacio Larrea, que hoy funciona como Parador de Argomaniz. Después del check-in y de maravillarte de este lugar y de las vistas a la llanura alavesa y la Sierra de Gorbeia, te aguarda, en su restaurante Aletegui, una cocina tradicional y un lugar original, al encontrarse emplazado en la última planta del antiguo granero del palacio. Allí, bajo una espectacular techumbre original de madera, desfilan platos como el bacalao Club Ranero, el pastel de setas silvestres sobre salsa de hongos, el rabo de toro o el goxua, un postre tan tradicional como delicioso.
La Degollada de Ucanca y el Alto de Guajara, Tenerife
Una panorámica al Teide, al Pico Viejo y a la Montaña Blanca es lo que vas a encontrar en esta ruta circular de 11 kilómetros que te lleva desde el Parador de Cañadas del Teide a la Degollada de Ucanca y el Alto de Guajara, a 2.718 metros de altitud, donde según la leyenda, la princesa Guajara, al perder a su amado Tinguaro en la Batalla de Aguere, se arrojó al vacío.
Con esta leyenda de la cultura guanche en el imaginario comienza esta ruta de paisajes volcánicos hacia el pico más alto de las Cañadas del Teide. Tras una noche de magia, contemplando las estrellas, despierta en este Parador que mira de frente al Teide y emprende la marcha en el sendero cuatro que sale junto al parking, cruzando la pista de las Siete Cañadas para ascender por la Degollada de Ucanca, punto estratégico que conectaba zonas diferentes de la isla y era muy utilizado por los guanches, hasta el alto de Guajara. El trayecto es increíble, por sus vistas y por la sensación de estar en la luna o en marte. Cuando llegues a la cima, antes de deshacer el camino, fíjate en los restos de un observatorio del siglo XIX. Este lugar tiene magia. Tanto, que fue después el lugar elegido por el astrónomo y matemático Jean Mascart para observar el cometa Halley.
De vuelta al Parador, la caminata se merece un buen homenaje culinario. Puchero canario, guiso de cabra, conejo en salmorejo o papas arrugadas son algunas de las suculentas propuestas que puedes encontrar en este refugio de calma en pleno Parque Natural del Teide.
Fageda de la Grevolosa, Sant Pere de Torelló
En Sant Andreu de la Vola, un pueblo que pertenece al municipio de Sant Pere de Torelló, encontramos un idílico rincón con árboles de más de 300 años y algunos con más de 30 metros de altura. Hablamos del Bosc de la Grevolosa. Un paraje de estupenda fotogenia en otoño, que atesora los mejores hayedos de Cataluña, una atmósfera propia de bosque de cuento y vistas panorámicas de la Vall d’ en Bas y los Pirineos.
Para recorrer este sendero, circular, de 5 kilómetros y medio, se requiere vehículo propio para estacionar al lado del desvío a Moli de Bracons, dirección Vic. Una vez comenzado el sendero, empiezas a adentrarse en un frondoso bosque, aunque será cuando pases la Ermita de Sant Nacarí, del siglo XVIII, cuando los robles, las hayas y los avellanos cobran una altura increíble y la estampa parece irreal. Es impresionante. Tanto como mirar al suelo y descubrir esa alfombra de raíces que crece en horizontal para atrapar toda la luz posible, porque entre tanto follaje, el cielo parece ausente.
Cuando decidas volver a la realidad, hazlo sólo a medias. Porque en el Parador de Vic-Sau, a apenas 30 kilómetros de este precioso bosque, sigue latente esa tranquilidad y desconexión que otorga la naturaleza. Ocupando una antigua masía catalana, este alojamiento con vistas increíbles al pantano de Sau y a la sierra de las Guillerías, no sólo te evade del mundo, también te ofrece un abanico de posibilidades culinarias para descubrir los platos típicos de la comarca de Osona como la coca del Mossèn, las habitas a la catalana, la butifarra de Vic con alubias del Ganxet o la escudella i carn d’olla. Un auténtico paraíso de la cocina regional y del descanso. Para no perdérselo.


























