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Coronavirus Adiós a trabajos, estudios, viajes, conciertos o relaciones familiares: la factura del año perdido por el coronavirus

Jubilados que no han disfrutado de los viajes del Imserso, estudiantes que desaprovecharon el curso, ancianos aislados en residencias que apenas vieron a sus hijos y nietos, becarios abocados al teletrabajo que perdieron la oportunidad de meter un pie en el mundo laboral, despedidos y parados que no encontraron curro, autónomos que cerraron sus negocios y hosteleros y artistas gravemente afectados por la crisis provocada por el coronavirus: 2020, un año negro, en blanco.

Médicos en el Complejo Hospitalario Universitario A Coruña (CHUAC).
Médicos en el Complejo Hospitalario Universitario A Coruña (CHUAC). Miguel Riopa (AFP)

"El tiempo se va". Rocío está al borde de la jubilación, pero su esposo tiene 81 años y, aunque goza de buena salud, ella es consciente de que cualquier día acusará los achaques de la edad. Por eso, hace un lustro decidió viajar todo lo posible con su pareja porque era consciente de que llegaría el momento en que no podría hacerlo. "A lo mejor tienes el din, pero no tienes el don". O sea, no sería una cuestión de dinero, sino de salud.

Rocío considera en ese sentido que 2020 ha sido un año perdido. Su negocio también ha acusado la crisis provocada por el coronavirus, si bien confía en que mejore la situación económica. Sin embargo, no podrá evitar que el tiempo pase y que su marido cumpla un año más o, lo que es lo mismo, tenga un año menos. "Ahora está bien, aunque si esto sigue así, le pasarán los meses por encima y a saber si después estará en condiciones de viajar".

No pudo hacerlo en la pasada primavera, cuando le cancelaron el viaje del Imserso y el de una asociación que realizaba rutas por Europa. "Echo mucho de menos no ir a las excursiones, pero incluso añoro sentarme en una terraza a charlar tranquilamente. ¡Qué ricos éramos antes y no nos dábamos cuenta!, se lamenta Rocío. "¡Quién me diera comerme ahora un bocadillo frente al mar. Eso sí que es una riqueza!".

Manuel todavía no ha cumplido los setenta, aunque está en plena forma. Solía realizar escapadas de un día por su región y recorrer largas distancias en coche para visitar a su hija. Las restricciones impuestas por la covid-19 le han parado los pies y hay épocas en la que el confinamiento perimetral le impide salir de su municipio. No obstante, su vacío es más existencial: "De repente, sentí que el 2020 me había dado un empujón hacia la vejez".

Hace tiempo que Lola entró en esa etapa, si bien las llamadas a sus familiares y amigas la mantenían entretenida en la residencia de ancianos del interior de Galicia donde reside. Sin embargo, desde que la confinaron en su habitación ha perdido el ánimo. Apenas ha visto a su nieta y a veces tiene que hablar con su hijo a través de una verja o desde la ventana. "No podemos pisar el pasillo: solo cama y comer, comer y cama. Estoy como nunca estuve. Tan aburrida…".

Aunque su vida galopa, no solo ha sido un año perdido para los mayores, sino también para muchos jóvenes y adultos. La ilusión de cientos de estudiantes que se fueron a estudiar ESO y Bachillerato al extranjero se fue al traste cuando surgió el coronavirus. Un estudio del Ministerio de Educación y Formación Profesional revela que algunos no recibieron clases online y otros fueron evaluados con una nota que no guarda equivalencia con las calificaciones españolas.

Más allá de haber vivido una experiencia diferente, con menos opciones de ocio, ese apto suponía un revés para los alumnos más brillantes. "Una vez superados los procesos de concurrencia competitiva y habiendo sido becados por sus buenos resultados académicos previos", advertía el Ministerio, "al retornar al sistema educativo español pueden ver severamente afectado su progreso académico". Algunos, incluso, tuvieron que regresar antes.

Ni que decir tiene la oportunidad perdida de los graduados que fueron becados por fundaciones para formarse en prestigiosas universidades internacionales. O las dificultades de los matriculados en España o de los que han tenido que hacer las prácticas laborales desde casa. Es el caso de Ana, quien después de seis meses en una empresa aprovecha ahora para terminar su trabajo de fin de grado.

"Pensé que trabajaría online solo un par de meses y tenía la esperanza de conocer a mis compañeros, pero al final no me quedó otra que comunicarme con ellos a través de una pantalla. Algo complicado, porque no resulta tan cercano y no te queda otra que usar emoticonos. Ya había hecho prácticas anteriormente y la diferencia ha sido enorme. No obstante, lo siento sobre todo por el aspecto emocional", afirma.

Aunque la posibilidad de encontrar empleo durante su beca no hubiese sido fácil, el teletrabajo a causa del coronavirus terminó echando a perder esa posibilidad. ¿Cómo te van a contratar si no te ven la cara o, en el mejor de los casos, lo hacen mediante una videconferencia? "No te conocen los jefes ni los compañeros y hasta resultaba complicado que nos reuniésemos las becarias", añade Ana.

2020, el año perdido para tantos becarios que aspiraban a meter un pie en el mundo laboral. "Fue un poco triste no haber vivido plenamente las prácticas y una ocasión frustrada de que nos pudiesen contratar. Parece que la pandemia ha justificado todo, desde los despidos hasta la falta de contrataciones, porque hay empresas que prejubilaron a empleados pero no los sustituyeron por becarios", comenta.

Un año en blanco, también, para los parados, que vieron cómo se les hacía cuesta arriba la posibilidad de reengancharse al curro. Es el caso de Pedro, nombre ficticio —como los del resto de entrevistados— de un técnico de empleo que no dudó en mandar un correo a sus conocidos: "Me quedé en paro y he agotado la prestación. Necesito algún ingreso, algún trabajo, aunque sea puntual, de lo que sea". La fórmula desesperada de un orientador laboral que hasta hace poco ayudaba a otros a emplearse.

Tantos ancianos y niños, jóvenes y adultos, trabajadores y parados consideran 2020 como el año perdido de sus vidas. Por no hablar de los autónomos, quienes han visto cómo sus empresas y negocios cerraban temporal o definitivamente. Valga el ejemplo de la Sala El Sol, que echó la persiana debido a la imposibilidad de organizar conciertos o de servir copas, símbolo de la crisis que afecta gravemente a los sectores de la hostelería y la cultura.

"Estamos cerrados desde marzo y no sabemos hasta cuándo. Habíamos planeado reabrir, pero con la tercera ola da la impresión de que volvemos a estar en la casilla de salida. A nivel sectorial, ha sido un año en blanco. Lo único positivo son las redes de apoyo que se han creado, porque nos estamos ayudando mutuamente entre los técnicos, artistas y demás personal", explica Mar Rojo, responsable de la programación musical.

El impacto económico ha sido devastador, pues según ella el 70% de las salas pagan un alquiler por los locales. "Al no ser propiedad de los responsables, hay que afrontar unos gastos fijos enormes, lo que ha provocado la desaparición de muchos espacios… y más que cerrarán", pronostica la programadora.

La clausura de muchas salas ha impedido la celebración de conciertos, lo que ha perjudicado a los artistas y grupos directa e indirectamente, pues una parte significativa de los ingresos de algunas bandas procedía de la venta de discos camisetas y merchandising, explica. "Además, para los músicos ha sido frustrante que algunos bolos reprogramados se cayesen por diversos motivos, incluidas las restricciones horarias".

Mar Rojo intenta ver el lado positivo de una época desoladora para el sector, como las redes de apoyo, los nuevos espacios o los modelos de gestión que han surgido. "En todo caso, para la música en directo ha sido un año para olvidar", concluye la programadora. "Y lo peor es que no hay un horizonte al que agarrarse ni una certeza de que la situación vaya a cambiar, aunque conservamos la esperanza".

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