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Coronavirus Los quioscos de Roma luchan contra los puestos de 'souvenir'

En un clima donde hay una tendencia generalizada hacia lo digital, el papel todavía resiste en el país con forma de bota. Pero en Roma, sin embargo, están desaparaciendo los quioscos de toda la vida, dejando sitio a los puestos de 'souvenir'. Hay quien resiste, defendiendo la importancia del quiosco como primera librería de todo ciudadano. 

Un turista con mascarilla pasea por Roma. REUTERS
Un turista con mascarilla pasea por Roma. REUTERS

Una librería a pie de calle. Es la sensación que se tiene estando frente a uno de los 26.000 quioscos de prensa repartidos por toda Italia. A día de hoy, para los transalpinos, una edicola tradicional es todavía una verdadera institución de cultura, y sus protagonistas, los edicolanti, siguen defendiendo y apostando por un oficio tan apreciado como necesario. Los quiosqueros de la ciudad eterna, sin embargo, no están pasando por su mejor momento.

Los quioscos de prensa del centro de Roma luchan por mantener su esencia, ante la amenaza del souvenir turístico. En un clima donde hay una tendencia generalizada hacia lo digital, el papel todavía resiste en el país con forma de bota. Muchos adultos, de todas las edades, siguen comprando periódicos impresos, revistas y semanales; a la vez que los niños no piensan renunciar, por el momento, a sus álbumes de cromos y cómics. La gran novedad de esta semana –práctica y a la vez simbólica–, es que en el último decreto ley del Gobierno italiano para frenar el coronavirus está obligando a cerrar a todos los comercios, excepto supermercados y farmacias. Los quioscos de prensa podrán abrir porque se considera una actividad de primera necesidad. Estos días de cuarentena en el país, hay quiosqueros romanos que llevan personalmente el periódico a las personas mayores.

El problema, en el centro histórico de la capital italiana, es que están desapareciendo los quioscos de toda la vida; dejando paso a puestos dedicados a vender recuerdos turísticos que, de paso, también tienen algún ejemplar de periódico nacional o local. Pero todavía no está todo perdido. En la Plaza Campo de Fiori, una de las más emblemáticas de Roma, donde de día hay un mercado y por la noche se reúne la movida romana; Rossana, de 55 años, es la quiosquera que preside, desde hace décadas, el histórico lugar: "No quiero vender souvenir porque soy una profesional, bisnieta de quiosquera".

El último decreto ley del Gobierno italiano para frenar el coronavirus está obligando a cerrar a todos los comercios, excepto supermercados y farmacias

Rossana, apasionada motera y fotógrafa, le gusta recordar cuánto luchó su familia para tener el que hoy es uno de los grandes quioscos de prensa del centro de Roma. Es el tipo de quiosco en el que se pueden encontrar todas las revistas habidas y por haber. Con muchísimos libros en sus estanterías. Sus hijos no quieren seguir sus pasos y por el momento el quiosco seguirá, siempre que ella quiera. "En los últimos cuatro años", explica, "hemos perdido el 50% de las ganancias". Lo mismo le ha ocurrido a su compañero colocado frente a la Embajada de Francia, en la Plaza Farnese. En el lado opuesto, en la avenida Víctor Manuel, ya casi entrando en la Plaza Navona, el quiosco se ha convertido en una venta de tazas, bolígrafos, imanes y postales de Roma.

Giovanni, de unos 50 años, es un auténtico enamorado de su profesión. Colocado en el histórico barrio romano de Trastevere, explica: "El quiosco de prensa es el primer lugar de cultura de un ciudadano". "De pequeños, se entra aquí para un juguete, de niño para un cómic y de adolescente para comprar, por ejemplo, periódicos deportivos. Con el tiempo, se terminan comprando semanales, periódicos y libros". Está muy convencido de su función social: "Los niños que entran con ilusión, serán adultos apasionados a la lectura. El quiosco, por esta razón, es la primera librería". En su caso, nada de Casa de herrero, cuchillo de palo: Giovanni suele hacer muchas de las colecciones organizadas por los diarios italianos: historia, filosofía, fotografía, geografía. Su mayor pasión, admite, "es leer en invierno al lado de mi chimenea".

Según unos datos publicados hace unos meses por el diario La Repubblica, en los últimos 15 años han desaparecido 16.000 quioscos de prensa en Italia. Si en 2005 el sector facturaba unos 5.000 millones de euros, hoy 1.800 millones de euros. Hay, sin embargo, un dato curioso, publicado hace unas semanas por el Corriere della Sera: 40 millones de lectores italianos se informan a través de los periódicos tradicionales. La cuestión es que el 60% de las copias leídas no han sido compradas.

Rossana, de 55 años, es quiosquera desde hace décadas: "Hemos perdido el 50% de las ganancias"

Hay quiosqueros que, en solitario, han decidido ser un punto de entrega para compras realizadas por internet, por un precio de 20 céntimos por paquete. El sindicato italiano de quiosqueros, probó así todas las recetas para levantar la voz: huelgas, petición de financiación pública, etc. Últimamente, decidió organizarse para celebrar, hace un mes y medio, una noche en blanco en 40 ciudades italianas –entre ellas Roma, Nápoles, Milán y Turín– abriendo hasta las 23:00 horas; con el objetivo de "sensibilizar a la Opinión Pública, el mundo político y los ayuntamientos acerca de la importancia social, cultural y democrática de los quioscos de prensa en Italia".

Los periódicos italianos quieren devolverle a los quiosqueros tradicionales de prensa su importancia social, pero ello no han tardado en aparecer iniciativas para defender esta noble profesión. El conocido diario transalpino Corriere della Sera, actualmente, tiene una sección, casi al final del periódico, en la que los lectores mandan fotos de sus quioscos de prensa favoritos para que sean publicados en las páginas de la centenaria publicación. Hay veces, que es necesario recordar al gran público dónde se pueden oler ese inconfundible perfume a papel impreso. Y sentirse reconocido en él. Entre otras cosas, por algo muy sencillo: sin quioscos de prensa, los diarios no podrán vender sus copias en papel.

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