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Desahucios "El banco nos quitó la vida de mi hermano y ahora quiere la casa de mi madre"

Francisco Lema se suicidó en 2013 en Córdoba. Entregó su casa al banco al no poder hacer frente a sus hipotecas, pero seguía debiendo dinero. Justo siete años después de su muerte, Caja Sur amenaza a Dionisia, su madre, con iniciar el proceso de desahucio si no paga 97.000 euros pendientes.

Dionisia y su hijo, Francisco José Lema, en una imagen de 2011 del documental 'Con la sangre al cuello' del periodista Alberto Almansa.
Dionisia y su hijo, Francisco José Lema, en una imagen de 2011 del documental 'Con la sangre al cuello' del periodista Alberto Almansa.

jairo vargas

La mañana del 8 de febrero de 2013, José Francisco Lema dejó a su hija en el colegio, volvió a su casa, revisó el correo y, poco después, se arrojó por la ventana. Era un cuarto piso. Murió en el acto. Tenía 36 años. Entre sus manos, todavía sostenía una carta de la Agencia Tributaria que le reclamaba 400 euros de tasas con recargo por la compraventa de su casa. No era la peor de sus deudas, pero fue la que colmó el vaso.

Ahora Dionisia, su madre, ya sólo pide que la dejen terminar sus días en la poca paz que aún pueda quedarle. Siete años después de aquel trágico suicido, del sufrimiento de su familia y de su lucha de los activistas para tratar de evitarlo, Caja Sur continúa reclamando esa deuda a Dionisia, de 73 años, a quien amenazan con desahuciarla de su casa de toda la vida. Su marido murió hace menos de dos años y su pensión apenas alcanza los 700 euros al mes, denuncian los activistas cordobeses.

Fran, como le conocían en el colectivo STOP desahucios de Córdoba, dejó huérfana a una niña de nueve años, una viuda, una familia destrozada y dos créditos hipotecarios pendientes; uno con Caja Badajoz —ahora Ibercaja—, con el que financió el solar y los materiales para construir su casa, y otro con Caja Sur, que utilizó para hacer frente a las cuotas y los gastos corrientes cuando estalló la crisis y se quedó sin trabajo en la construcción.

"Pensábamos que se había acabado la pesadilla, pero ahora el banco está removiéndolo todo de nuevo"

El primero, en el que figuraban como avalistas sus suegros, creyó haberlo saldado al entregar al banco su vivienda, la que construyó con sus propias manos y la ayuda de su padre en la localidad de Villafranca. Pero lo que pensó que era una dación en pago total todavía le dejaba un descubierto de más de 20.000 euros. El segundo ascendía a 97.000 euros y estaba avalado con la casa de sus padres.

"Mi madre está muy nerviosa y alterada. Pensábamos que se había acabado la pesadilla, pero ahora el banco está removiéndolo todo de nuevo", confiesa Nani Lema, una de las hijas de Dionisia. Ella ha peleado lo indecible para evitar que ambos bancos siguieran con sus padres la misma estrategia de "acoso brutal" que con su hermano, aunque no lo logró del todo. "Ya nos han quitado lo más importante, la vida de Fran, ¿qué más quieren? ¿otro suicidio en la familia? ¿que también le pase algo a mi madre? ¿mancharse aún más las manos de sangre? Es indecente que vayan a por la casa de mi madre", exclama al otro lado del teléfono.

El suicidio de Fran llevó a Nani a pasar tanto tiempo en Zaragoza, donde Ibercaja tiene su sede central, que acabó por instalarse allí e involucrarse en el movimiento por la vivienda y contra los desahucios. "No son sólo números, hay personas detrás y, desgraciadamente, han sido muchos los que han hecho lo mismo que mi hermano", lamenta. "Nos costó una barbaridad pero, en 2015, conseguí, gracias al apoyo del grupo STOP Desahucios de Zaragoza que Ibercaja nos condonara los 22.000 euros que quedaban tras entregar la casa de Fran”, recuerda la mujer. "Dejé mi vida y mi trabajo por esta pelea y voy a seguir dándola", advierte.

Nani (segunda por la izquierda) durante su marcha a Bruselas para denunciar la estafa hipotecaria.

Tanto Nani como los activistas cordobeses han intentado que Caja Sur acepte la casa de Dionisia como pago de la totalidad de la deuda, pero que la mujer pueda vivir en ella tranquila hasta el final de sus días, en usufructo. Y, sobre todo, que después no quede ninguna deuda que puedan imputarle a más familiares de Fran, insiste su hermana.

Convicción no le falta. Poco después de la muerte de su hermano, Nani emprendió a pie desde Córdoba una marcha hasta Bruselas junto a otros afectados para "denunciar la estafa hipotecaria" en el Parlamento Europeo. Eran los peores momentos de la crisis, cuando arreciaron los desahucios y cuando las hipotecas estaban plagadas de cláusulas que, años más tarde, declararía abusivas la justicia europea, algo que enfurece mucho más a su hermana, su familia y los activistas. "Las hipotecas de mi hermano tenían varias de estas cláusulas", sostiene.

Al menos pudieron pasar con cierta tranquilidad el duelo por Fran. "Los bancos metieron el asunto en un cajón y dijeron que se quedaría ahí. No les interesaba la mala prensa que estaban teniendo", apunta. Recuerda que Ada Colau, entonces portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), estuvo presente en alguna de las movilizaciones en la ciudad que siguieron a la triste noticia. Aunque años después volvieron a la carga, "volvían a por lo único que les importa, el dinero. Por eso no nos fiamos de las palabras, queremos las cosas por escrito", dice Nani.

"Mi hermano ha sido una víctima, yo siempre consideraré que fue un asesinato"

Fran ni pudo ni quiso vivir para ver esta situación. No pudo más. "Se sentía culpable de la situación, de haber puesto en riesgo la casa de sus padres, de haber fallado. Además tenía mucha ansiedad, no dejaban de acosarle con cartas y llamadas telefónicas casi a diario", recuerda Nani. "Hasta le esperaban cuando iba a recoger a su hija al colegio para reclamarle la deuda. Fue un acoso tremendo y, además, una estafa, porque le engañaron cuando entregó su casa y siguió debiendo dinero", explica. "Mi hermano ha sido una víctima, yo siempre consideraré que fue un asesinato", asevera.

Concentración en Córdoba

También lo piensa Rafael Carmona, miembro de STOP Desahucios Córdoba, a donde acudió Francisco tras un primer intento de suicidio en 2011. "Se cortó el cuello en una oficina bancaria y estuvo en coma varios días. Lo recibimos en un estado psicológico totalmente deteriorado y al final le pudo la presión", apunta el activista. Carmona estuvo con Francisco tres días antes de su muerte. “No nos lo imaginábamos. Se le veía mejor, le hacían seguimiento las psicólogas de nuestro colectivo y estaba algo más esperanzado, esperaba que le saliera trabajo pronto y seguir adelante con su vida", sostiene.

Les costó innumerables concentraciones en la puerta de las oficinas de CajaSur "que al menos dejaran en paz a los padres, que ya habían tenido bastante", expone Carmona. Pero hace dos años comenzaron de nuevo y el padre de Fran falleció por problemas cardíacos cuando amenazaban con quedarse también su casa. "Le afectó mucho, agravó su enfermedad y tememos que pase lo mismo con Dionisia. Le envían cartas pidiendo el dinero, le han embargado alguna vez la pensión y hasta le dicen que pague la deuda cuando va al banco, delante de todo el mundo. Es una injusticia y vamos a seguir presionando", advierte Carmona.

Este viernes, a las 10.30 horas, su colectivo ha convocado una concentración frente a la sucursal de Caja Sur en la ciudad para exigir “que dejen en paz a Dionisia”. “Mi hermano ya ha pagado con su vida, esa deuda está más saldada”, exclama Nani.