Entrevista a Ricard Chulià, periodista"Fue tal la descoordinación durante la DANA que un bombero explicó que se sintió más útil como voluntario que en su trabajo"
El filólogo, periodista y colaborador de ‘Público’ es coautor del libro 'Memòria del fang' junto a Pau Alabajos y Rose Hurtado.

Memòria del fang no es solo un libro, es un acto de memoria y de denuncia. En sus páginas, Ricard Chulià Peris (Torrent, 1983), filólogo y colaborador del diario Público -junto al cantautor Pau Alabajos y la fotógrafa Rose Hurtado-, recoge los testimonios más duros de la DANA que arrasó el País Valencià el 29 de octubre de 2024. Historias de vecinos que sobrevivieron a las inundaciones, familiares que perdieron a sus seres queridos junto a varios testimonios del mundo de la cultura o el activismo. El libro cuestiona la gestión política, retrata el duelo colectivo y reivindica la fuerza de una ciudadanía que se organizó cuando todo falló. Hoy hablamos con su autor sobre estas voces que, además de recordar lo ocurrido, exigen justicia y reparación.
El libro combina crónica, testimonios, denuncia política y también fotografías. ¿Cómo fue el proceso de escritura junto a Pau Alabajos y qué papel jugaron las imágenes de Rose Hurtado en la construcción del relato?
Sí, el libro parte de la idea de que necesitamos testimonios, contar la historia desde quienes la vivieron y explicarla desde aquí. Mirar, por una parte, lo que pasó aquel día y los días posteriores, pero también el "¿y ahora qué?", el después.
El trabajo de campo se hizo sobre los seis meses posteriores. La fotógrafa Rose Hurtado busca las cicatrices que aún quedan en los pueblos, y los testimonios de gente de la cultura, el activismo y la literatura reflexionan sobre la reconstrucción. No se trata de volver a cómo estaba todo el 28 de octubre, sino de cuestionar el urbanismo depredador y entender el territorio donde vivimos.
¿Por qué decidisteis empezar a escribir Memòria del fang?
Decidimos escribir el libro prácticamente el mismo día de la DANA. Pau Alabajos y yo somos de Torrent, que aunque no estuvo muy afectado en su núcleo urbano, sí sufrió en la periferia y el término municipal, con 11 muertos. Es casi el epicentro porque allí se juntan los barrancos que luego inundaron Paiporta, Benetússer y otras zonas. Como gente del área metropolitana de València, tenemos memoria viva de las inundaciones.
Creemos que esta DANA marcará toda una generación, igual que la riada de 1957, la de Tous en 1982 o la Vega Baja del Segura en 2019. Esa memoria se mantiene en rituales, frases hechas y marcas en casas y calles que señalan hasta dónde llegó el agua. Por eso sentimos la necesidad de contar lo que pasó esta vez: para que en el futuro no falten testimonios, mejor pasarse contando que quedarse cortos.
Al escribirlo, ¿qué reflexiones surgieron sobre la verificación de información, especialmente frente a las fake news y la manipulación durante la DANA?
Esa es una muy buena pregunta, porque también es uno de los motores que nos llevó a arrancar con el libro. Por ejemplo, tenemos el caso muy claro del bulo del parking del Bonaire, que circuló continuamente esos días y muestra perfectamente lo que puede ser una mala praxis del periodismo, o lo que directamente no es periodismo, que es nuestra tesis. Y se difundía incluso desde medios que son el centro del sistema mediático español.
Iker Jiménez y Cuatro no son un par de tuiteros perdidos por ahí. Se llegó a decir que había registrados 1.000 tickets de entrada pero ninguno de salida. El bulo era tan fácil de desmentir como que cualquiera del área afectada que conozca ese centro comercial sabe que ese parking no tiene barreras y no hay tickets.
Quedaba claro que era gente que venía completamente ignorando cómo funciona todo, sin preocuparse por contrastar mínimamente la información, con el único objetivo de conseguir audiencia a base de amarillismo y de excitar las peores pasiones de las personas. Eso es lo que nunca debería ser el periodismo, y de hecho, yo diría que no lo es.
De los testimonios que recogéis en el libro, ¿hubo alguno que le impactara especialmente?
Muchos testimonios destacan, pero sobre todo el de Rut Moyano. Ella es activista y sindicalista, y decidimos que su testimonio iniciara el libro porque combina todos los aspectos de lo que pasó aquel día. Por un lado, cuenta la historia de todo su edificio: se tuvieron que refugiar en su piso que era el más alto, pasando la noche en vilo. La inundación arrastraba coches y camiones, y llegaron a temer que el agua pudiera entrar en su casa. Esa noche, una persona mayor que se había refugiado con ellos muere, y no pueden contactar por teléfono con el Servicio de Emergencias para saber qué hacer. Toda esa angustia se refleja en su relato.
Esa noche, una persona mayor que se había refugiado con ellos muere, y no pueden contactar con Emergencias
También narra los días posteriores, cómo tuvieron que autoorganizarse para atender las urgencias inmediatas y salvar vidas. Además, cuestiona el modelo urbanístico depredador que agravó la catástrofe en la comarca. Su historia resume, de alguna manera, lo que aportan el resto de testimonios.
Otro caso es el de Rafel Sanchis-Palop, desde Londres, cuyos dos hermanos, con movilidad reducida, murieron ahogados en su casa de Aldaia, una planta baja. Ellos cumplían las órdenes del mensaje de alerta, que llegó tarde y con indicaciones insuficientes: "quedaos en vuestras casas". Alrededor de un tercio de las víctimas eran personas mayores que murieron cumpliendo esas instrucciones en sus casas de planta baja. Es muy duro, y estos testimonios muestran claramente la negligencia que hubo aquel día.
Escuchar y transcribir un testimonio tan duro como el de Rut, que lo vivió en primera persona, debe haber sido difícil. ¿Cómo se maneja esa situación y cómo se cuida a la persona que comparte un trauma así?
Es muy difícil, ponía la grabadora -lo que ya implica cierta violencia inevitable-, pero intentaba que hablaran todo lo que quisieran y de la manera que quisieran, sin presionar por espacios, límites o tiempos.
En el caso de Rut, revisamos varias veces el texto. Pau y yo somos los autores porque transcribimos, realizamos y editamos las entrevistas, pero nuestra prioridad era que el testimonio de ella se viera al 100% en el texto. Tenía que decir: "esta soy yo, estas son mis palabras".
Desde ese punto de vista, nosotros somos los autores del libro, pero no los protagonistas. Incluso se podría cuestionar si somos realmente los autores. La fotógrafa, Rose Hurtado, es autora de su mirada en las fotos, pero con los testimonios, como los de Rut, Rafel, Vicent o Xavier, son ellos en cierto modo más autores del libro que nosotros, y ese era el objetivo.
El libro también recoge historias de resiliencia y de reconstrucción, de los comercios que volvieron a abrir y de cómo se adaptó el sector de la cultura. ¿Qué ha aprendido sobre la fuerza colectiva de la población para seguir adelante?
Nosotros, los valencianos, tenemos el tópico de ser un pueblo "meninfot", que se podría traducir como "me la suda todo". Se dice que no protestamos, nos callamos y vamos cada uno a lo suyo, y lo tenemos asumido en la conciencia colectiva. Pero en realidad, es un tópico falso y se demostró con la DANA.
En ese sentido, ver las riadas de voluntarios que se organizaron desde casi el día siguiente, e incluso las protestas, resulta muy reconfortante y reparador. Nos hace mejores personas, a cada uno de nosotros individualmente.
Llega un momento en que te das cuenta que o nos salvamos todos o aquí no se salva nadie. Y es una reflexión que va más allá de la tragedia y del momento crítico en que te estás jugando la vida, también se puede aplicar al día a día cotidiano.
Fue entonces cuando se convirtió en un lema la frase 'Sols el poble salva el poble' y, en parte, también fue instrumentalizada por la ultraderecha
La polémica frase de "sols el poble salva el poble" fue también una de las razones por las cuales escribí el libro. Hay una diferencia muy clara entre cómo lo veíamos nosotros en la zona afectada y cómo, después, en los medios de comunicación de ámbito estatal, en general, se quedaba con una especie de relato que en cierta manera había ganado la extrema derecha. Pero no aquí.
Era un lema del cual se ha apoderado el fascismo, cuando en realidad era todo lo contrario. "Sols el poble salva el poble" no debe interpretarse desde una perspectiva individualista ni como se ha querido analizar, sino desde una perspectiva de ayuda mutua y de acción colectiva. Solo el pueblo organizándose salva al pueblo.
La reivindicación de "solo el pueblo salva al pueblo" no significa que siempre tengamos que salvarnos nosotros mismos, sino que refleja cómo nos sentimos abandonados, aunque no debería ser así
La autoorganización de los vecinos fue muy importante y demostró la solidaridad de los españoles ¿Pero crees que la ciudadanía terminó asumiendo competencias que deberían haber tomado las instituciones?
Sí, está claro. La reivindicación de "solo el pueblo salva al pueblo" no significa que siempre tengamos que salvarnos nosotros mismos, sino que refleja cómo nos sentimos abandonados, aunque no debería ser así. Ese abandono es innegable, y todos los testimonios, independientemente de quién sea, lo resaltan.
En toda la zona afectada, al día siguiente solo estaban los vecinos. Al segundo día llegaron los voluntarios en masa, pero hasta el lunes siguiente -la inundación fue un martes- no se puede decir que hubiera una presencia significativa de las administraciones. Incluso hay testimonios como el de la primera escuela que reabrió en el área afectada: volvieron a abrir sin ayuda de las administraciones, y la primera vez que alguien de la Consejería de Educación se puso en contacto con ellos fue solo para enviar una inspección que obstaculizara su reapertura, fue un nivel de abandono realmente grave.
En el libro hablamos con el bombero Edu Mejías, él explica que sentía tal descoordinación y falta de medios que era más útil actuando como voluntario en la zona afectada que en su propio trabajo, pasó más tiempo allí como voluntario que como trabajador oficial. Incluso tuvieron que comprar una motobomba de su bolsillo porque las que tenían no servían, y los vehículos se inutilizaron el primer día.
Un año después, muchas víctimas ven con indignación que Carlos Mazón siga en el cargo pese a la nula gestión de la catástrofe. ¿Qué te han transmitido esas personas cuando ven que no hay dimisiones ni autocrítica?
Esa es una parte que no permite cerrar heridas porque en un caso como este, tienen que existir responsabilidades. Más allá de las responsabilidades penales que la Justicia pueda dictar, hay responsabilidades políticas que son evidentes e innegables, y que deben asumirse. En este caso, la de Mazón es la más clara de todas, él no es el único responsable, pero sí el más evidente.
Todo este año se han realizado manifestaciones masivas cada mes. La opinión pública lo constata, aunque no hiciera falta ninguna encuesta, es evidente que este señor debería dimitir. Que siga en el cargo un año después demuestra, al menos, que la democracia básica en el País Valencià se ha puesto en pausa. No hay forma de justificar que continúe en su puesto desde un punto de vista democrático elemental.
Por ejemplo, el testimonio de Rut Moyano lo refleja muy bien al asegurar que lo primero que se necesita para reconstruir es que los responsables se vayan. No se puede hablar de reconstrucción mientras los que nos abandonaron sigan en el poder.
No se puede hablar de reconstrucción mientras los que nos abandonaron sigan en el poder
¿Cuál consideras que sigue siendo la principal deuda pendiente un año después de la DANA?
La principal deuda pendiente –si hay que señalar una por encima de las demás– es que las asociaciones de víctimas, es decir, las personas más afectadas, tengan su reparación y se sientan realmente reparadas. Para mí, a nivel personal, esa es la más importante.
Por ejemplo, Rosa Álvarez, presidenta de la Asociación de Víctimas Mortales, se ha convertido en un referente moral durante todo este tiempo. De alguna forma, hasta que ella no diga que esto está cerrado, no se podrá considerar cerrado. Como figura simbólica, sin menospreciar al resto de familias de víctimas que están igual de legitimadas.
A partir de ahí, esta riada, igual que la de 1957, es un acontecimiento que refleja muchos de los problemas estructurales del país y de los temas que tenemos sobre la mesa. El modelo urbanístico, la falta de inversión, la escasez de recursos… Todo eso provoca que no haya suficientes medios de prevención, de Emergencias o incluso en Sanidad. Al final, todo está conectado.
La jueza que instruye la causa de la DANA ha denunciado que está sufriendo una campaña de desprestigio
Sí, la jueza Nuria Ruiz, en mi opinión personal, está llevando a cabo una instrucción ejemplar. Por eso no me sorprende que haya maniobras en su contra; de hecho, creo que incluso tenía una investigación abierta por parte del Consejo General del Poder Judicial. Da la sensación de que la pregunta ahora es: ¿cuándo se desharán de ella?
De todas formas, creo que hay que incidir en que la responsabilidad también es política y social, no se limita únicamente a las responsabilidades penales. Creo que es evidente que Mazón y su gobierno son responsables de las 229 muertes y de todo lo que ocurrió aquel día, por no haber avisado, porque tenían que alertar y no lo hicieron. Lo que quiero decir es que, aunque no sea penalmente responsable, Mazón es claramente responsable de esas víctimas. Veremos si dejan trabajar a la jueza, pero la responsabilidad política es innegable.
Además, ¿puede este libro servir también como una alerta sobre el cambio climático y lo que podría suceder en los próximos años?
Totalmente. Como ciudadanía, tenemos la responsabilidad de exigir a los dirigentes cambios en el modelo de urbanismo y en la forma en que vivimos nuestras ciudades, algo que todavía no estamos viendo. Por ejemplo, el Gobierno de Mazón no asumió la responsabilidad de proteger la huerta como factor que mitigaba la catástrofe, sino que lo ha ignorado.
Durante la riada del 57, la inundación fue menos destructiva en la zona de la huerta, porque esta absorbía y drenaba el agua, a diferencia del asfalto actual. En nuestra comarca de l'Horta Sud, hemos pasado de un 5% de suelo impermeabilizado en aquel momento a un 25% ahora, con urbanización, polígonos y áreas comerciales. No se puede desligar la catástrofe de este modelo.
La riada del 57 fue menos destructiva en la zona de la huerta, porque esta absorbía y drenaba el agua, a diferencia del asfalto actual
Los episodios de gota fría siempre han sido recurrentes, pero el cambio climático hará que sean cada vez más agresivos y frecuentes. Por tanto, debemos vivir en el territorio siendo coherentes con él.
En el libro se menciona el caso de la inundación en Catarroja, en el barrio de La Rambleta, construido encima de un barranco sellado durante los años del desarrollismo. El mapa de la inundación refleja la línea del barranco, demostrando que, por mucho hormigón y asfalto que pongamos, el agua sigue su camino. Hace 60 años que el barranco estaba bajo el asfalto y, el 29 de octubre, volvió a salir para recordarnos dónde vivimos. Por eso necesitamos un urbanismo coherente con el territorio, adaptado al escenario de emergencia climática en el que nos encontramos.





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