Diez años de la Nau Bostik, un espacio de resistencia en una Barcelona cada vez más hostil
Los miembros del proyecto social y de cultura aprovechan la efeméride para reclamar que el ayuntamiento de la ciudad compre el inmueble y garantice la continuidad del actual modelo de gestión comunitaria.

Ariadna B. Cruz
Barcelona-
Diez años después de su creación, la Nau Bostik es hoy un imprescindible espacio social y de cultura de gestión comunitaria situado en el barrio de la Sagrera de Barcelona. Con una fuerte capilaridad con el entorno, acoge actividades impulsadas por múltiples entidades del barrio, que participan activamente en el proyecte. "Aquel 15 de febrero del 2015 parecía poco probable llegaríamos hasta aquí", recuerdan desde el colectivo que lo gestiona.
Desde entonces, han defendido el espacio ante la presión inmobiliaria: "Hemos aguantado, hemos resistido y tenemos la firme voluntad de continuar construyendo este espacio arañado a la especulación inmobiliaria", añaden. En este sentido, la Bostik se ha integrado en un ecosistema de economía social y solidaria que quiere preservar la memoria obrera del barrio e impulsar "una cultura accesible, crítica y transformadora". Su horizonte está claro: "Luchamos para consolidar un modelo donde la cultura sea un derecho fundamental y no un elemento instrumental para fomentar la actividad económica y el turismo".
La Nau Bostik, una antigua fábrica de pegatinas construida en los años 60 del siglo pasado, formaba parte de una multinacional nacida en 1889 en los Estados Unidos. Su nombre proviene de la fusión del nombre Boston con stick (pegatina en inglés). Después de su cierre en 2006, el espacio tenía que ser demolido, pero en 2015 un grupo de vecinos —básicamente proveniente de movimientos sociales— consiguió su uso temporal. "Contactamos con la inmobiliaria y le pedimos que nos cedieran el espacio mientras no lo utilizara", explican sus integrantes. Desde entonces, la antigua fábrica se ha transformado en un espacio cultural vivo y abierto al barrio, de gestión comunitaria -es decir, ciudadana- siendo así "parte del patrimonio industrial de la Sagrera".
Cultura como derecho fundamental
"La cultura comunitaria es el eje transversal de la Nau Bostik", declara Jorge Sánchez, su coordinador. "Entendemos la cultura como un derecho fundamental, no solo como un arte o espectáculo, sino como un proceso colectivo", añade. Sánchez expresa que quieren que la gente sea sujeto cultural, no solo consumidora. Aquí puedes venir a ver un concierto, pero también organizarlo o formar parte". Tienen claro que democratizar la cultura es uno de los objetivos y valores principales de este espacio.
La Nau Bostik se ha convertido en un espacio transversal y acogedor donde conviven escuelas del barrio que hacen talleres, sindicatos como el de la Vivienda de la Sagrera que celebran reuniones, y forofos del Barça que ven los partidos. Desde conciertos y exposiciones hasta actividades educativas y asamblearias, la Bostik es parte activa de la vida comunitaria del barrio.
Para celebrar el décimo aniversario no han querido hacer una sola jornada, sino que han decidido organizar diferentes actividades durante todo el año, "para proyectar la Nau Bostik en el barrio y en la ciudad". En invierno organizaron una calçotada muy participativa, donde asistieron más de mil personas. También acogióaLa Juganera, un festival autogestionado y gratuito, ofreciendo dos días de música. Para lo que resta de año, una de las actividades organizadas será unas jornadas temáticas en noviembre que tratarán el derecho en la ciudad, la cultura comunitaria y los modelos de gobernanza.
La Nau Bostik no es solo un espacio que acoge actividades itinerantes, sino que conviven entidades residentes, creando así un ecosistema de proyectos y un tejido asociativo. De hecho, más de 10 proyectos tienen la sede en la Bostik, y "a diario venden unas 120 personas a trabajar. Además de la programación, es un equipamiento muy vivo", recalca Sánchez. Como colofón, el fin de semana pretende ser un espacio lúdico para familias y personas de todas las edades.
También destaca por su modelo de gestión y sostenibilidad económica. "Nuestro modelo se basa en la autogestión y la financiación propia", afirma Sánchez. "No es una autogestión 100%, pero hemos sobrevivido 10 años y los primeros seis sin ningún tipo de financiación pública". Sostienen el proyecto con el alquiler de espacios para diferentes acontecimientos, rodajes audiovisuales, cuotas de entidades residentes y actividades abiertas.
Interlocución difícil con el gobierno municipal
El equipo de la Bostik reivindica que el Ayuntamiento de Barcelona compre el inmueble y garantice que la "gestión continúe siendo comunitaria, no externa ni directa". Afirma que actualmente ha habido una aprobación inicial para que el suelo del espacio pase a uso de equipamiento público. Además, ahora han topado con una nueva problemática, la relación con el gobierno socialista de la ciudad: "Buena parte de los grupos municipales —BComú ERC o Junts— apoyan a la Bostik, pero el PSC nos bloquea. El actual gobierno no nos quiere. Hemos pedido reuniones y no nos reciben. No tenemos interlocución con el consistorio", comenta Sánchez. Esta situación ha parado provisionalmente la aprobación definitiva porque se convierta en un equipamiento público.
Definida como "un espacio de resistencia dentro de una ciudad cada vez más hostil a la autoorganización y a los movimientos sociales", su equipo añade que "todavía estamos aquí porque echarnos tendría un coste político muy alto", pese a la falta de financiación pública, las trabas administrativas y la inacción institucional. La camiseta de la efeméride lo resume claramente: "10 años de Nau Bostik ejerciendo el derecho a la ciudad".
"Sabemos que la Bostik no es nuestra. La gestionamos, pero queremos que sea un espacio de ciudad, que se quede", afirman desde el colectivo. Cosa que pasa por la compra pública, pero manteniendo un modelo de gestión comunitaria, que ya se da en espacios como el Ateneu de 9 Barris o Can Basté. "Barcelona necesita espacios que no sean solo contenedores de actividades, sino que estén impregnados de una mirada comunitaria y de un compromiso con el derecho en la ciudad", concluyen sus miembros.

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