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Humor Miguel Lago: "El límite del humor es el Código Penal"

El monologuista hace un llamamiento a quienes se ofenden por una broma: "No hagan perder el tiempo a los jueces".

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El humorista Miguel Lago, colaborador del programa 'Todo es mentira'.

madrid, Actualizado:


Miguel Lago (Vigo, 1981) cree que un cómico en camiseta y pantalón vaquero es poco serio: la gracia no tiene por qué estar reñida con la etiqueta. Influido por la escuela americana, empezó a vestir traje y corbata para construirse un personaje: el cabrón sin escrúpulos que mira al público por encima de la hombrera. De ahí salieron los monólogos Soy un miserable y la trilogía Soy un hijo puta.

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Filólogo, celtista y casero, ha escrito el libro Gamberro y caballero (La Esfera) y colabora en Todo es mentira (presentado por Risto Mejide en Cuatro) y en Surtido de Ibéricos (dirigido por Carlos Latre en Onda Cero). Acostumbrado a las pullas ajenas —"Los humoristas somos víctimas de la descontextualización"—, Miguel Lago también Pone Orden en el Teatro Reina Victoria de Madrid.

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A fallback.


¿Caloret?

Estamos sufriendo, sobre todo los que somos gallegos y de costa. El calor es lo que peor llevo de Madrid. En verano es una tortura.


Un junio caliente, caliente, y no sólo en el termómetro.

Se supone que debería rebajarse la presión, pero no tiene pinta. Como haya investidura en julio y sea rechazada, se avecina un agosto calentito. Normalmente, los políticos se van de vacaciones, aunque la conspiración no se va a detener este verano.

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Mala semana para vestir traje y corbata.

Mala semana para ser Albert Rivera.


¿Cuánto le costó su primer traje?

Fue para un fin de año, cuando tenía diecisiete, pero no lo pagué yo. Luego me compré otro en Valencia para hacer stand-up y me costó casi quinientos euros. Era bueno.

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Nunca hubo una chaquetilla previa para conjuntar con un pantalón de pinzas en alguna ocasión especial.

En la primera comunión fui de americana. Hasta que empecé a trabajar, nunca había usado traje.


O sea, sólo va de traje en bodas y en fin de año.

Yo soy como un vendedor de Cortefiel: el traje es para trabajar.

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Esperemos que no le inviten a una ceremonia que exija frac o chaqué.

Lo suyo es alquilarlo. De hecho, yo tengo el chaqué de cuando me casé. Está guardado en un armario, junto al traje de novia de mi mujer, precisamente por eso, no vaya a ser que haya que llevarlo a una boda.


Usted tiene tres hijos. No pensó, como su admirado Ricky Gervais, que ya hay demasiados niños como para traer a otros a este mundo.

Es un pensamiento pesimista. Me lo ha dicho algún amigo tomando una cerveza y lo entendería si vivieses en Siria, bajo los bombardeos. Aquí y ahora, ese tipo de comentarios me parecen una frivolidad y una gilipollez. Hay que traer niños a este mundo porque, de lo contrario, ¿quién va a cotizar y a pagar nuestras pensiones?

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Imagínese que cuando cumpla quince años le dice: "Papá, quiero ser monologuista".

Mi hijo ya me lo dijo con ocho. Y lo que más me gustó es que lo comentó muy serio:


¿Y qué quieren ser las niñas?

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"Un llamamiento a quienes se ofenden por una broma: no hagan perder el tiempo a los jueces"

Si me preguntase si prefiero que sea maga o ingeniera de telecomunicaciones, le respondería que se dedicase a la magia. Siempre apoyaré que hagan una carrera artística, por encima de cualquier otra, con todo el respeto por las demás.

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¿Por qué la chaqueta y la corbata? ¿Una influencia de los comediantes estadounidenses, véase Jerry Seinfeld? ¿Acaso porque en España no había personajes así?


¿Su personaje era del PP, se pasó a Ciudadanos y ahora vota a Vox?

¡No, por dios! Aunque esté mal que yo lo diga, lo que empecé a hacer diez años atrás no se había hecho. El humorista siempre se presentaba por debajo del espectador, tipo perdedor: "Oh, mi novia me ha dejado". Mi voz, en cambio, se presentó por encima del público: "Vosotros, pobres de mierda, habéis venido a ver a un rico". Era un personaje que luego se ha ido matizando. 

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"Es mucho más divertido reírse de la miseria, por eso me atrae hacer comedia del dolor"

Ahora, con mi imagen, ya me asocian a un hijo puta, sin necesidad de explicarlo. Eso me ha permitido no tener que hacer chistes típicos y tópicos sobre la derecha, ni posicionar a mi personaje en ese espectro político, lo que me ha posibilitado ser muy crítico con ambos bandos.

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¿Cuál es su línea roja o, si lo prefiere, azul?

Que me provoque risa o no. El límite es que no haga gracia. No me preocupa que los espectadores se ofendan, pero procuro distinguir a quién le estoy hablando. Si cientos de personas han pagado una entrada, puedo desbarrar y transgredir, porque han venido a verme a mí. En cambio, si actúo en El club de la comedia, estoy entrando en la casa de personas que quizás no compartan el mismo código. 

"Soy profundamente casero. Cuando actúas en bares de jueves a sábado, durante años, ya has salido todo lo que tenías que salir"

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He asaltado su salón y, en ese contexto, una broma puede ser profundamente mal encajada. No es una cuestión de límites ni de autocensura, sino que a veces los humoristas nos equivocamos de código. En televisión, el mejor horario para un cómico es a partir de medianoche.


Estarán hartos, con razón, de que les sigan preguntando cuál es el límite del humor...

¡El límite del humor es el Código Penal! La sátira de personajes públicos —un género en sí mismo— no lo hemos inventado los cómicos actuales, sino que ya existía en la antigua Grecia. No es de recibo que Ortega Cano demande a la revista Mongolia por la ilustración de un cartel: ¡es una broma! En otros casos, como el de Dani Mateo o Cassandra Vera, las denuncias se terminan archivando. Quiero hacer un llamamiento a quienes se ofenden por una broma: no hagan perder el tiempo a los jueces. Me voy a poner populista y demagogo: no puede ser que un funcionario de Justicia tenga que malgastar una mañana con el papeleo de un señor que se ha ofendido por un chiste, cuando hay casos de violencia de género. Los jueces tienen que ocuparse de eso, no de unos payasos que estamos aquí para entretener. Nuestro único fin es hacer reír.


Por no hablar de la corrupción, sobre la que usted ya bromeaba antes de que Esperanza Aguirre destapase la trama Gürtel.

Eso mereció una medalla, porque aquí no se hacía humor sobre el tema. Y, de repente, aparezco en Soy un hijo puta II, vestido de traje, hablando sobre la corrupción. Ser el primero en hacerlo me puso en el mapa, sobre todo porque defendía a los corruptos bajo la siguiente premisa: "Yo también hubiera metido la mano en la caja".

"Creo que Mario Conde fue una víctima. Simplemente, pecó de ambicioso y le cortaron las alas"

Diez años después, sigo pensando lo mismo sobre el escenario: no somos mejores que los políticos ladrones. En nuestra miseria, encuentro mucha comedia. Me hace mucha gracia esa gente que clama: "¡Qué vergüenza!". Ya, ya... pero si puedes cobras en b.


¿Cree que todos somos unos corruptos en potencia?

Evidentemente. Todos tenemos un precio, la diferencia está en cuál.


¿Todos somos Schettino?

Claro. Sin ningún género de dudas, todos seríamos los primeros en salir de un barco que se hunde [el capitán del Costa Concordia, condenado a dieciséis años de cárcel, abandonó el crucero tras su naufragio en 2012]. Esas situaciones nos definen como los animales que somos. Y si entra en juego la paternidad y la maternidad, ni te cuento. Si estuviese en el crucero con mis hijos, ellos salen los primeros. Con mi mujer ya veré lo que hago… [risas].


Como Belén Esteban, "¡por mi hija mato!".


¿La maldad, la malicia o la mala hostia están en lo que dice el humorista o en el público que se ríe?

Somos cómplices de nuestras miserias convertidas en carcajadas. Es mucho más divertido reírse de la miseria, por eso me atrae hacer comedia del dolor.


¿Cuántas barbaridades de sus monólogos las piensa de verdad?

El Miguel del escenario es una versión deluxe y 2.0., pero que parte de una base. Muchas no las pienso y otras, sí, aunque siembro la duda para desquitarme.


¿Es un tipo serio?


Hablemos de cine fantástico: ¿Ratzinger parecía tan malo y el papa Francisco, tan bueno?

En la era de la publicidad y de la imagen, Francisco lo ha sabido hacer muy bien con su gran oratoria, como buen argentino. Y tal vez el otro, como buen alemán, daba una impresión diferente. Sin embargo, es curioso que Ratzinger haya quedado para la Historia como el malo, cuando ambos han sido elegidos por Dios.


A Juan Pablo II…

Lo quería todo el mundo.


Pese a la rima, ¿Wojtyła era un Darth Vader con piel de cordero?

No estoy al tanto, porque no soy muy practicante, aunque dicen que era duro​. En todo caso, siempre aplaudiré el apego del papa Francisco hacia los homosexuales y que haya pedido perdón por los casos de pederastia en la Iglesia. Eso lo ha acercado a aquellos que no compramos el ideario ultracatólico o católico a secas. 

"Yo salí escoltado por la policía de un local de Marbella, porque querían hostiarme. Me llevaron en un coche patrulla hasta el hotel y aquella noche dormí acojonado”

Bergoglio ha sabido subirse al tren de las redes sociales para promover una imagen de cercanía y amabilidad. Y a los españoles nos ha entrado bien porque lo entendemos cuando habla. No es baladí, porque imagínate ver con subtítulos a Ratzinger diciendo "¡Jrasen, jasel, frajen!", mientras que Francisco, con su cadencia afable, entona un "Che, que Diooos está en todas paaaartes".


¿Dónde reside su fuerza?


¿Sale de noche?

No.


¿Y cuando era más joven?

Sí, claro. Pero la paternidad… En realidad, he hecho una carrera a base de locales, como todos mis compañeros. Como dice Leo Harlem, he salido más noches que el camión de la basura. Cuando actúas de jueves a sábado, durante diez años, en bares, cervecerías, pubs y discotecas, ya has salido todo lo que tenías que salir.


¿Echa de menos la distancia corta de los bares?

A veces, sí. Nunca puedes dejar las salas de lado, donde siempre me he sentido muy cómodo. Sin embargo, un teatro de mil personas tiene una energía impresionante.


¿Estuvo a punto de ganarse alguna hostia?

Muchas. Yo salí escoltado por la Policía de un local de Marbella, porque me hostiaban. Tuvieron que llevarme en un coche patrulla hasta el hotel y aquella noche, claro, dormí acojonado. En el teatro pagan por verte, pero cuando actúas en un bar con entrada libre, hay gente que va a tomar copas y a la que no le interesa lo que le está contando un desconocido sobre el escenario.

"El humorista debe contar sus mierdas: lo personal es lo único que te hace singular"

En el pasado, me enfadaba mucho cuando no había silencio. Si me faltaban al respeto, yo la devolvía multiplicada. Y eso me ha generado no pocos conflictos, claro...


La fuerza, en casa. ¿Y el lado oscuro?

No tengo. Lo que pasa es que hablo muy clarito. Aunque suene pedante, tengo un respeto tan reverencial a mi profesión y a los espectadores que me enerva cualquier cosa que les moleste.


¿Eso lo lleva a improvisar mucho?

Sí. Antes, cuando veía que alguien molestaba entre el público, lo invitaba a irse del local. "En esta ciudad hay 17.000 bares y sólo en uno actúa un monologuista. Vete a cualquiera de los restantes 16.999 locales a tocar las pelotas, pero no lo hagas aquí". Peleaba mucho para que la gente pudiera disfrutar del show, por lo que también solía espetarle al maleducado de turno: "¿Acaso crees que tu dinero vale más que el de las personas a quienes estás molestando?". Ahora, en cambio, el público español es muy bueno y educado, de modo que no permite que nadie le reviente una actuación.

El humorista Miguel Lago.


¿Una virtud?

Soy muy trabajador.


¿Ha sido el secreto del éxito?

A mis hijos les he inculcado desde pequeños que podrán hacer lo que se propongan en la vida si son constantes y trabajadores. No hay más.


Poca broma.

Hay que renovar el material constantemente y ser profesional.


¿Le resultó complicado pasar del monólogo al libro?

Al principio fallé. Cuando le entregué a mi mujer los primeros capítulos de Gamberro y caballero (La Esfera), me dijo que no era gracioso. Luego se lo leí en voz alta y le pareció simpático. Entonces me di cuenta de que estaba escribiendo un texto con la estructura de stand-up, como si lo fuera a contar yo, cuando el libro requiere un código diferente.


¿Mario Conde o Jesús Gil?

¡Mario Conde siempre! Cada vez tengo más claro que fue una víctima. Y lo digo en serio, sin ironía. Se pasó de listo, pero antes de llegar a Banesto tenía un fortunón, por lo que no me creo que se manchase las manos por 600 millones de pesetas (3,6 millones de euros). Simplemente, Mario Conde pecó de ambicioso y le cortaron las alas. Me imagino que llevaría a cabo una acción ilegal, algo común en la banca española.


¿Quién es el mayor hijo de… España?

¡Uy! No quiero tener movidas, casi paso palabra. ¿Hoy por hoy?


Eso suena a programa de radio de la competencia.

Hay muchos directores de digitales que se están dedicando a difamar, a manipular y a hacer daño. Los mayores hijos de… España son todos aquellos que forman parte de las cloacas del Estado.


¿Y el bienqueda por excelencia?

Mejor no citar nombres, porque en política hay demasiados.


¿Preferiría ser gobernado por Trump, Bolsonaro, Salvini o Santiago Abascal?

Me iría del país en cualquiera de los cuatro casos. Y, ya puestos, prefiero a Donald Trump. Me parece el más decente de todos esos indecentes.


¿La originalidad del monologuista pasa por el humor del yo? O sea, por contar su vida.

Pasa por el punto de vista individual, lo único que nos hace singulares, porque todos los temas ya están tratados.


La experiencia propia.

Voy más allá: incluso tienes que contar tus miserias y tus mierdas.


¿Miente más sobre o bajo el escenario?

Sobre el escenario. En persona no miento.


"El cómico se autocensura para sobrevivir, porque quieres que te sigan llamando".

No hay más remedio, pero yo no lo hago. Es una chulería, aunque en realidad no me ha hecho falta todavía. En general, el cómico quiere trabajar, por lo que cuanto menos moleste, más fácil será que el mainstream cuente con él. En mi caso, ser libre, decir lo que me da la gana y meterme en jardines ha calado entre la crítica y el público. Además, no sé hacerlo de otra manera.


Usted dice que el humor es arte, mas también hay arte que da risa.

Absolutamente, aunque soy un ignorante en el terreno artístico. Ahora bien, creo que no necesitamos elevar el humor a la categoría de arte, porque ya lo es. Por ello, debe ser respetado. En la literatura, Eduardo Mendoza tendría que ser candidato al Premio Nobel.

"Yo soy de los que folla con calcetines en invierno, porque soy friolero y regulo por los pies"

En el cine, hay comedias fantásticas como Amanece, que no es poco, que debería haber sido colmada de reconocimientos, caso de ¡Ay, Carmela!, con trece premios Goya. No puede ser que a un actor cómico le den el Óscar cuando interpreta a un veterano de la guerra de Vietnam atormentado por sus fantasmas.


Interpretó al rey Alfonso XIII en Las chicas del cable. ¿Da menos juego que Juan Carlos?

Muchísimo menos, aunque Alfonso XIII tenía su puntito Borbón simpático. Gracias a él, hoy tenemos porno en España. Nunca se lo agradeceremos lo suficiente.


¿Cambiaría el humor por la interpretación?

No. Haré cine o presentaré un concurso, pero nunca dejaré de definirme como humorista.


Probablemente sea es el humorista que mejor juega al fútbol. ¿Cuál es el futbolista que mejor juega al humor?


Eso es falso: será que los demás cómicos son muy malos. Yo juego mucho, pero eso de que sea un futbolista fantástico es una leyenda urbana. Eso sí, quienes me rodean son muy buenos.


Le preguntaba por el futbolista más simpático.

Joaquín, el del Betis. Estoy como loco por conocerlo.


Conoce a muchos del Madrid, tanto actuales como veteranos.

Sí, aunque Joaquín sigue siendo el más simpático.


¿Ha desteñido su camiseta del azul celeste al blanco inmaculado?

Nunca. Jamás. De hecho, cuando alguien quiere meterse conmigo, me llama madridista. Sabe que me molesta, porque yo soy celtista hasta la muerte. No escondo que fui muy merengue, pero eso fue diluyéndose con el tiempo.


Celta antes que Real. ¿Madrid mejor que Vigo?

Madrid, al ser la capital de España, tiene una oferta inigualable, pero no tiene mar.


¿El mejor jugador de la selección española de los últimos años? Y no diga Iago Aspas…

¿El mejor jugador...? Iago Aspas. El mejor y el más determinante. Y, en la selección española, el más injustamente tratado. Tiene que jugar siempre.


¿Por qué entrenador ha sido peor tratado?

Por Unai Emery, en el Sevilla. Cualquier entrenador que no cuente con Iago Aspas durante los noventa minutos de cada partido es un torpe y se está pegando un tiro en el pie. Y Emery lo demostró…


¿Preferiría ser el jefe de Risto Mejide o de Carlos Latre?

Es imposible ser el jefe de cualquiera de ellos, porque tienen una personalidad arrolladora. Coinciden en dos aspectos. En primer lugar, a ninguno lo considero jefe, porque saben ponerse en el lugar del compañero. Y en segundo lugar, son líderes. No necesitan dar órdenes: se echan a andar y los demás vamos detrás. Ambos son generosos y carismáticos.


Es licenciado en Filología Hispánica. Ahora que el Gobierno está abriendo el grifo, aún está a tiempo de opositar...

Nunca ejercí y creo que hoy sería el profesor más hijo de puta del mundo. Después de todos los escenarios que he pisado, si me tengo que enfrentar a un aula con treinta y cuarenta adolescentes, iba a ser de todo menos simpático.


¿Qué tres islas desiertas se llevaría a un libro?

Cíes, Sálvora y San Vicente.


¿Cuál ha sido su mayor capricho?

No soy muy gastón… El último que me permití fue comer la famosa tarta de queso de Albert Adrià, acompañada de una copa de champán, en el restaurante Cakes & Bubbles (Londres). Mis caprichos siempre son gastronómicos.


¿Hay algún chándal en su fondo de armario?

Sí, pero no lo cuentes.


¿Hasta qué edad se puede vestir chándal?

El chándal sólo se puede vestir cuando vas a hacer deporte, salvo que seas el utillero del equipo. Ojo, si no lo eres, vas a parecer un utillero caminando por la calle, y eso resulta muy raro. Para vestir ya hay ropa de vestir.


¿Y el chándal con tacones?

El chándal es para hacer deporte, aunque lo lleve Rocío Jurado.


¿Nunca ha calzado, como Esperanza Aguirre, sandalias con calcetines blancos?

El único momento ridículo en el que me permito los calcetines es cuando hago el amor en invierno, porque soy friolero y regulo por los pies. Yo soy de los que folla con calcetines. Como llevo casado quince años, me lo puedo permitir.

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