La epidemia invisible que afecta a jóvenes y mayores: las claves del plan del Gobierno contra la soledad
El Consejo de Ministros ha dado luz verde este martes a un plan que fija un marco común para la prevención de la soledad a lo largo de todo el ciclo vital.
La soledad no deseada afecta al 20% de la población en España, siendo los más afectados los jóvenes, los mayores de 75 años, personas con discapacidad o migrantes.

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Mercedes tiene 80 años. Hace cuatro que murió su marido y desde entonces vive sola en su casa, rodeada de recuerdos y largos silencios. Pedro, de 17 años, siente que no encaja en el instituto y ha ido reduciendo su mundo a una pantalla y a conversaciones virtuales. Noor tiene 34, es marroquí y llegó a España hace un año. Su familia, su red de apoyo y su vida anterior se quedaron al otro lado del Mediterráneo.
No se conocen, no comparten generación ni historia de vida, pero los tres viven la misma experiencia: la soledad no deseada. Un fenómeno que no es marginal, en España una de cada cinco personas se siente sola sin quererlo. Ahora, por primera vez el Gobierno ha anunciado una estrategia para combatir la situación. Es la primera medida que se elabora en España en este sentido y pretende establecer un marco común para abordar la prevención de la soledad en todas las etapas de la vida. "El problema no es la soledad, sino que es algo que no siempre se puede elegir. Tenemos que garantizar que haya una comunidad a la que acudir cuando se busque compañía", ha expresado este martes el ministro Pablo Bustinduy.
La soledad no deseada afecta al 20% de la población en España, según el Barómetro de 2024 del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada (SoledadES). Lejos de ser una etapa puntual, los datos revelan que se trata de una soledad cronificada: el 67,7% de quienes la sufren llevan más de dos años en esta situación y casi seis de cada diez, más de tres.
Por edades, son los jóvenes quienes declaran mayores niveles de soledad (25,5%), una incidencia que desciende según avanzan los años en la edad adulta hasta que vuelve a repuntar a partir de los 75 años. Que sean los más jóvenes quienes encabecen las cifras de soledad puede resultar contradictorio en una era de hiperconexión. Sin embargo, en muchos casos, "los propios medios digitales son los que acaban aislando y generando dependencia", explica Matilde Fernández, presidenta de SoledadES y exministra de Asuntos Sociales. "Hay personas jóvenes que ya se comunican únicamente a través de redes sociales", añade.
Fernández apunta además a un factor generacional: "Son más exigentes en la calidad y cantidad de las relaciones, tanto familiares como de amistad. Esperan mucho de sus vínculos y también de los poderes públicos, porque han nacido en una sociedad de derechos y esperan respuestas inmediatas ante las problemáticas".
También son preocupantes los datos de soledad no deseada entre las personas con discapacidad, el 50,6% la sufren. Según el informe del Observatorio SoledadES, casi cuatro de cada cinco personas con discapacidad que sufren soledad llevan más de dos años en esta situación, y el 73% más de tres. Asimismo, las personas con discapacidades que afectan a la comunicación o las relaciones personales son las que presentan una prevalencia más alta, con valores que superan el 75%.
En el caso de las personas mayores, Fernando Flores, presidente de PLADIGMARE (Plataforma por la Dignidad de las Personas Mayores en las Residencias) advierte de que en residencias y centros sociosanitarios la soledad no deseada "se acerca peligrosamente al 90%". No por falta de gente alrededor, sino por la ausencia de relaciones significativas. "La institucionalización saca a las personas de su entorno vital y rompe sus rutinas y vínculos. Muchas personas viven en un estado semilatente, con pocas actividades y con cuidados centrados en la vigilancia más que en el acompañamiento real", explica.
Mientras que en los casos de mayores que viven en sus casas, la pérdida de la pareja es un punto de inflexión crítico. Una realidad que está en aumento en España, ya que el Instituto Nacional de Estadística prevé que dentro de 13 años uno de cada tres hogares tenga un solo habitante debido, principalmente, al incremento de personas de más de 75 años que viven solas. "Cuando una persona pierde a quien complementaba su vida, no solo aparece el vacío emocional, también el de las necesidades y la dependencia. Aquí es donde deberían entrar los planes públicos, con el objetivo de mantener los hogares y la actividad vital de las personas hasta el último día", apunta Flores.
Las personas migrantes son otro de los colectivos más vulnerables en este sentido, afectando a un 32,5%, según un estudio de Cruz Roja. El proceso migratorio, la ausencia de la red familiar o la barrera del idioma son algunos de los factores qua aumentan el riesgo de aislamiento. "Especialmente en el caso de las mujeres migrantes, muchas de las cuales llegan para cuidar a otras familias mientras permanecen lejos de las suyas", remarca Fernández.
Las claves de la estrategia
El Consejo de Ministros ha aprobado este martes el primer Marco Estratégico Estatal de Soledades (2026-2030) con el que pretende abordar la prevención de la soledad de manera transversal en todas las etapas de la vida. Según explica el Ministerio de Derechos Sociales, la medida parte de la idea de que la soledad no es un problema individual, sino una realidad atravesada por condiciones sociales, territoriales y relacionales que requieren respuestas públicas ambiciosas y sostenidas en el tiempo.
Entre las principales medidas destaca la elaboración de criterios comunes para la detección temprana de situaciones de soledad desde los sistemas sanitario, educativo y de servicios sociales y reforzará los servicios y apoyos de proximidad.
El documento, al que ha tenido acceso Público, explica que una de las medidas de la estrategia es promover políticas que faciliten el acceso a la oferta cultural, social y cívica de las personas con necesidades de apoyo, garantizando que quienes necesiten acudir con un acompañante -intérprete, un asistente personal o un cuidador- puedan hacerlo, por ejemplo, a través de los taxis sociales o solidarios.
La estrategia también busca reconvertir los recursos tradicionales, como podrían ser los centros de día o las residencias, en dispositivos abiertos al territorio que sean capaces de ofrecer servicios y actividades para todas las personas que viven en la comunidad, sin necesidad de ser usuarios de los centros. "Es una línea de trabajo alineada con el enfoque de desinstitucionalización y especialmente relevante en zonas rurales, donde los recursos son más escasos y deben cumplir múltiples funciones", apuntan desde el ministerio.
Otra de las líneas de actuación en este sentido es poder mejorar el transporte público para conectar zonas rurales con centros culturales o deportivos. Además, según indica el texto, las administraciones también desarrollarán políticas de urbanismo social y accesibilidad universal, fomentarán iniciativas de vivienda colaborativa en suelo público y orientarán campañas dirigidas a desestigmatizar la soledad y mejorar el conocimiento y la sensibilización social.
Las organizaciones valoran positivamente la medida
Desde las organizaciones, la acogida de la nueva estrategia ha sido positiva. SoledadES considera que es un gran "avance para la democracia" y agradecen que a la hora de elaborar la medida se haya escuchado a todos los sectores. "Ha sido un pacto largo, con diálogo entre diferentes ministerios, comunidades autónomas, ayuntamientos y organizaciones sociales. El diálogo se ha reflejado en cuatro ejes fundamentales centrados en la transversalidad de políticas, el fortalecimiento del tejido comunitario, las políticas de proximidad y la sensibilización", señala Fernández. Además, considera que la medida sitúa a España al nivel de países como Reino Unido o Canadá que ya habían desarrollado estrategias similares.
Por su parte, desde PLADIGMARE su presidente celebra la nueva medida aunque avisa de que para que se lleve a la práctica correctamente se debe "diferenciar entre acompañar y vigilar": “El acompañamiento solo funciona cuando es participativo. Muchas veces se confunde con vigilancia, y eso es insuficiente e incluso incómodo para quien lo recibe. Las personas necesitan decidir qué quieren hacer y que alguien les facilite hacerlo, no que les impongan cómo vivir”.
Además, considera clave que las personas afectadas participen directamente en el diseño de estas políticas. El Gobierno ha anunciado que creará una Mesa Interinstitucional de Soledades con la finalidad de reforzar la coordinación y la participación de la Administración General del Estado y el Tercer Sector. Flores subraya que en este órgano deben estar presentes "las personas que van a recibir estas medidas y, cuando sea necesario, sus familias. Si no contamos con ellas, solo estaremos teorizando. La práctica, el seguimiento y la corrección de las medidas tienen que formar parte del día a día".
"Esto no es solo un problema de quienes hoy necesitan apoyo. Es una cuestión que afecta a toda la sociedad. La dependencia es genética y en algún momento todos la viviremos. Participar ahora garantiza que, cuando lo necesitemos, esté ahí", concluye.
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