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Los episodios de violencia motivan la reaparición del movimiento '¿Hablamos? ¿Parlem?'

Hace dos años nació ¿Hablamos? ¿Parlem?, una iniciativa ciudadana que movilizó a miles de personas a favor del diálogo entre políticos. Hoy anuncian su regreso y piden a los "pirómanos de un lado y de otro que no acaben imponiéndose frente a las personas razonables".

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El dos de octubre de 2017, Guillermo Fernández decidió actuar. Los episodios de los últimos días habían evidenciado la nula voluntad de los políticos por dialogar. Para el investigador de la Universidad Complutense de Madrid, si la crisis territorial que asediaba España iba cada vez a peor, era fundamentalmente por una razón: la incomunicación que existía entre los dirigentes del Govern y el Ejecutivo.

Junto a su hermano y amigos, Fernández convocó para el siete de octubre una manifestación a favor del diálogo. Lo hicieron a través de un manifiesto que difundieron por redes sociales. Tras cinco días, miles de personas se plantaron a las doce de la mañana en frente del ayuntamiento de su ciudad. Vestidos de blanco, preguntaron: ¿Hablamos?, ¿Parlem?

Han pasado dos años y para Fernández nada ha cambiado: “La falta de comunicación, de entendimiento y de comprensión mutua entre el nacionalismo español y el nacionalismo catalán persiste”. Como la situación es “muy parecida o peor” a la que vivimos hace dos años, Fernandez anuncia que el movimiento volverá a convocar nuevas manifestaciones a favor del diálogo y la paz. Se desarrollarán cuando “se amainen un poco los ánimos y se pueda hablar”.

“Estamos inquietos ante la perspectiva de que las cosas puedan empeorar y de que los pirómanos de un lado y de otro acaben imponiéndose a las personas razonables. Al final esto lo acaba pagando la ciudadanía. Además, estando en un momento preelectoral, y creo que esta escalada podría llegar a traer un gobierno más conservador en España”. Para el investigador este escenario aleja a los ciudadanos y políticos del objetivo que motivó el nacimiento del movimiento: el diálogo.

Manifestación del movimiento Hablamos. / Reuters

Si los promotores de la organización no se habían movilizado hasta ahora, ha sido porque pensaban que la organización no era lo suficientemente “estable”. Sin embargo, su cuenta de Twitter y Facebook presume de tener miles de seguidores, algunos de los cuales siguen enviando mensajes de apoyo y felicitación por lo que lograron en su momento. Por ello, es posible que las convocatorias que organice Parlem cuenten con la participación de muchas personas: “Yo creo que a la inmensa mayoría de los ciudadanos en España y en Catalunya no les gusta esta situación”.

A Fernández sobre todo le preocupa que, además “de haberse desarrollado episodios de violencia con la Policía, esta semana también haya habido escenas violentas entre ciudadanos”. Esta razón es una de las que más peso tienen para los integrantes de la organización para salir a la calle con las manos pintadas de blanco y preguntar: ¿Parlem?,¿Hablamos?

El propulsor del movimiento explica por qué es importante que se use el color blanco: primero, por tratarse de una iniciativa “apartidista”, segundo, por tener una connotación “de diálogo y paz” y por último, por simbolizar el inicio de un nuevo camino. “Es como tener un lienzo en blanco en donde poder crear cosas nuevas, construir algo nuevo”, aclara.

No fue así como entendieron los miembros de las distintas formaciones políticas. Fernández acusa a las instituciones de hacer “un uso partidista del diálogo” donde la comunicación, lejos de ser sincera, “fue una especie de bandera para acusar al otro de no llevarla a cabo”. El hecho es que, “más allá de que Torra o de que el PSC hayan tratado de instrumentalizar el diálogo, este sigue sin existir”.

El investigador también denuncia a los políticos que observan Catalunya como si fuese el País Vasco. “Aplican los mismos esquemas de pensamiento cuando son situaciones muy diferentes”. Alerta de que, si siguen analizando la realidad catalana como lo ha hecho con la vasca, las dos podrían acabar pareciéndose. “Esto ha llevado a desconocer e ignorar profundamente la situación”, un hecho que, para Fernández, ha desembocado en un escenario político “indignante”.

Estos días, desde el movimiento solicitará al Gobierno que propicie la serenidad. “Es decir, que no apliquen medidas extraordinarias como podría ser el 155 o como lo que pide Vox, el estado de excepción en Catalunya. La mesura tiene que ser el camino a pesar de las presiones que están sufriendo por parte de los partidos de derecha a nivel nacional”.

Indignados

“En el Ayuntamiento de Barcelona estaré sólo con una camiseta blanca. No se si estaré sólo, si seremos tres, dieciocho o tres mil. Me da igual. Yo estaré. No sé si servirá para algo pero estaré”. Con este comentario, un usuario de Facebook confirmó el seis de octubre de 2017 su asistencia a la manifestación que un día después se celebraría en toda España.

La plaza de Sant Jaume de Barcelona se llenó. Lo mismo ocurrió con Cibeles, en Madrid. Días después, algunos de los manifestantes mostraron su emoción y agradecimiento en las redes sociales. “Mucha gente hizo esa iniciativa suya. Se crearon nodos entre diferentes puntos del país. La sensación era compartida”, recuerda Fernández.

Al igual que en el 15 de mayo, la indignación fue el combustible del movimiento: los ciudadanos salieron de casa y, vestidos de blanco, llenaron las calles. “Si el 15M surgió de la indignación por el modo de gestionar la crisis económica, Parlem nació de la indignación ante la forma de manejar la crisis territorial”. Como había ocurrido seis años antes, los asistentes demostraron lo que el manifiesto ya había promulgado días atrás: que los gobernantes no estaban a la altura de los gobernados. Los segundos evidenciaron este hecho al pronunciar: ¿Hablamos?, ¿Parlem?

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