La falta de relevo generacional y la baja rentabilidad dejan bajo mínimos la ganadería en el Pirineo catalán
El incremento de los costes de producción y el exceso de burocracia hace que queden menos de 1.500 explotaciones activas.

Barcelona-
La crisis sanitaria del periodo de la covid-19, un incremento de los costes de producción, especialmente en el caso de los piensos, la falta de relevo generacional y el exceso de burocracia han empujado a una situación crítica a la actividad ganadera de las comarcas del Pirineo catalán. De hecho, las cifras del Instituto de Estadística de Catalunya (Idescat) indican que a finales del año 2024 en las comarcas de montaña (Alt Urgell, Alta Ribagorça, Aran, Cerdanya, Pallars Jussà y Pallars Sobirà) solo quedaban 1.455 explotaciones.
Más allá del impacto directo que supone la falta de viabilidad económica de las instalaciones, la situación resulta extremadamente preocupante en el Pirineo y, más concretamente, en las comarcas del Pallars, donde esta actividad ganadera aporta un peso considerable al Producto Interior Bruto (PIB) de la economía de la zona. Sin este escudo, la zona solo cultiva el turismo y los servicios, generando un monocultivo que provoca la expulsión de los habitantes de las comarcas y la precarización económica.
De hecho, los datos del último Anuario Económico Comarcal, publicado por el BBVA y que hace referencia al año 2024, sitúan el Pirineo como una de las zonas de Catalunya que encabezó el crecimiento económico. Eso sí, lo hizo tomando como base los servicios personales, es decir, comercio, turismo y actividades de ocio. Estos ya representan más del 40% de la actividad. Esta situación ya se ha trasladado en un impacto sobre el precio del alquiler por la presión de las viviendas turísticas.
En el Pirineo, la ganadería extensiva se ha vinculado a un modelo de explotación tradicional y a la economía familiar. Este se encuentra en peligro por la falta de relevo generacional y el reconocimiento a la actividad, lo que frena las incorporaciones al sector. Otros elementos que han afectado son la falta de consumo de proximidad y los bajos precios que reciben los ganaderos por sus producciones.
El sector de la leche, como ejemplo
El último episodio de esta balada triste lo ha protagonizado la Sociedad Agraria de Transformación (SAT) Brams, ubicada en Sort, en la comarca Pallars Sobirà. Más allá de convertirse en la última explotación lechera activa en los Pallars, sus impulsores recuerdan, en un comunicado publicado en las redes sociales, que "esta granja no era solo una fuente de leche, era el corazón del proyecto. Un lugar de trabajo, de aprendizaje y de comunidad". De hecho, la misma estructura de la explotación, una SAT da pistas sobre el talante del proyecto: una sociedad agrupada en torno a la producción, la transformación y la comercialización, pero también al impulso de mejoras en el medio rural y al desarrollo agrario.
Las razones que hay detrás del cierre de la SAT Brams no difieren mucho del resto de explotaciones ganaderas de Catalunya. En primer lugar, la falta de relevo generacional. En la esfera global, la edad media de los agricultores y ganaderos supera los 60 años. Además, por cada productor menor de 40 años hay tres de más de 65. En palabras de los propietarios de la granja del Pallars, el contexto empuja "a tomar una decisión difícil pero necesaria".
A este factor se suman otros como las dificultades de acceso a la tierra y la escasa rentabilidad del modelo tradicional de las explotaciones. Este último explica de forma clara algunos de los problemas que se han encontrado las granjas lecheras del Pirineo, las cuales perdían dinero por el simple hecho de producir leche, ya que los excedentes de la producción han hecho hundir los precios que reciben los ganaderos. El exceso de burocracia y las dificultades para dar salida a los citados excedentes han dejado el sector en la cuerda floja.
Sin posibilidad de inversión
En el caso de la falta de salida del excedente de leche, los problemas se remontan al cierre de la cooperativa Copirineo. La entidad, fundada en 1961, cerró sus puertas en 2013, con unas deudas superiores a los siete millones, después de la pérdida progresiva de socios que aportaban producción por el bajo precio de la leche. La cooperativa era la empresa más importante en aquel momento de la Pobla de Segur (Pallars Jussà), por lo que el cese de la actividad fue un golpe duro para la zona.
Más de una década después, el ejemplo de Copirineo sirve para ejemplificar que la crisis de la ganadería del Pirineo es una tendencia prolongada. Tal como afirman los propietarios de la SAT Brams, "teníamos una explotación sobredimensionada, en la que había que invertir para evitar tantos gastos, y no sabíamos si recuperaríamos el dinero que nos íbamos a dejar". Otro elemento a analizar, según los ganaderos, son los costes de producción, que se sitúan por debajo del precio que reciben por cada litro de leche. A este valor hay que añadir los sobrecostes en piensos, los requisitos sanitarios y las necesidades de modernizar las granjas.
Desde el sindicato Unió de Pagesos (UP) se advierte de que las autoridades de la competencia han ignorado las reiteradas denuncias sobre las concertaciones de precios por parte de determinadas industrias. En un comunicado, UP afirma que "la fijación concertada del precio de la leche de la marca de distribuidor en el canal minorista condiciona toda la cadena alimentaria, ya que determina el precio que paga la industria por la leche y, en consecuencia, el que recibe el ganadero. Cuando este precio es especialmente bajo no permite cubrir los costes de producción y perjudica gravemente a los productores, que no tienen poder de negociación con la legislación actual". De este modo, la situación desincentiva la inversión y la innovación, provoca el cierre de explotaciones y conduce a una banalización de la leche como producto, además de afectar a la calidad y comprometer la sostenibilidad del sector primario.
Sangría de cierres
Los datos aportados por el propio sindicato indican que a comienzos de 2018 el número de explotaciones lecheras en Catalunya era de 550; actualmente, se ha reducido a 340. Ante esta sangría, UP exige "transparencia y diligencia a las autoridades competentes para garantizar el funcionamiento correcto del mercado y la protección de los productores de leche".
Por su parte, la responsable del sector de la leche de Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC), Roser Serret, recuerda que "los ganaderos llevamos arrastrando más de dos décadas con precios bajos, lo que ha dificultado enormemente pensar en hacer cualquier inversión tecnológica". Además de la falta de relevo generacional, Serret añade el déficit de personal cualificado, no solo para las tareas del campo, sino para gestionar la burocracia que requiere una explotación. Respecto al modelo de granja que se ha planteado, la ganadera lamenta las limitaciones de 800 animales por granja, que han frustrado el redimensionamiento del sector para ser más competitivo en costes.
A pesar de las vicisitudes propias del sector de la ganadería láctea del Pirineo, este ámbito no escapa de otros retos pendientes para evitar su desaparición. Entre estos se encuentran la falta de incentivos económicos para hacer rentable un modelo agrícola tradicional, la complejidad para el acceso a la tierra, la falta de formación especializada y la desconexión entre las políticas agrarias y la realidad del mundo rural.

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