Si no hay alquiler indefinido, habrá acampada indefinida: "Esto no es el final ni mucho menos"
Los acampados en la Puerta del Sol consideran insuficientes los decretos de vivienda aprobados por el Gobierno y advierten de que mantendrán la movilización.

Madrid--Actualizado a
Bea está tumbada en el suelo, escuchando lo que opinan sus amigos de los dos decretos-ley sobre vivienda aprobados este martes por el Consejo de Ministros, cuando de repente se pregunta: "Muchas medidas son hasta 2028 o 2030. ¿Solo vamos a tener derechos un par de años? ¿Y a partir de entonces qué pasará?". La respuesta se queda en el aire.
El Gobierno ha acordado incluir las medidas en dos decretos. El primero, que podría ser aprobado por la mayoría en el Congreso, incluye la prórroga de hasta dos años para determinados contratos de alquiler que vencen antes del 31 de diciembre de 2028 y la ampliación de la protección frente a desahucios de hogares vulnerables hasta 2030. El segundo contiene la renovación automática de los contratos de alquiler, pero no ha sido acordado entre los grupos parlamentarios, por lo que podría ser rechazado en la Cámara Baja por falta de apoyos.
Bajo una carpa de la acampada por el derecho a la vivienda que se montó el pasado sábado en la Puerta del Sol de Madrid, Bea encarrila su discurso: "Se quedan muy cortos. Nosotras estamos aquí porque queremos que se apruebe el decreto Maricarmen tal y como lo ha planteado el Sindicato de Inquilinas, sin que se cambie ni una sola coma".
La joven, de 26 años, cree que incluso es necesario ir más allá: "Tenemos que pedir una reducción del 50% de los alquileres, que se expropie la vivienda vacía en manos de fondos buitre y de inversión, y que se paralicen los desahucios. Sin embargo, me llama mucho la atención que las medidas del decreto tienen fecha de caducidad, algo que no puede ser. Necesitamos una solución duradera y sacar la vivienda del mercado".
El troceo de las iniciativas en dos decretos ha sido criticado por el Sindicato de Inquilinas, cuyas portavoces, Valeria Racu y Alicia del Río, han advertido este martes por la mañana de que "cuanto más dividan, más nos enfadarán". Horas después, intervendrán en una asamblea informativa para abordar la vuelta de Maricarmen a su casa y dar su opinión sobre las medidas aprobadas por el Gobierno. Ya por la tarde, durante una asamblea informativa, han advertido de que el decreto no era el objetivo ni un "punto y final", por lo que las tiendas seguirán en Sol hasta que no conozcan el texto definitivo de la norma.
"Lo más importante de esta semana no cabe en ningún decreto: miles de personas hemos descubierto que no estamos solas. Sol no nace de la nada. Es una chispa que prende sobre años de organización y lucha colectiva", afirmaba el Sindicato de Inquilinas en X. "Una tienda de campaña no puede parar cada desahucio ni defender nuestros barrios. Pero las personas que nos encontramos alrededor de ella sí [...]. Lo que se ha prendido en Sol debe seguir ardiendo cuando desaparezcan las tiendas", concluía el comunicado difundido en redes sociales, donde también solicitó ayuda ante las "amenazas de grupos fascistas" de reventar la acampada.
La división de los decretos de vivienda
Alejandro está convencido de que dividir las medidas en dos decretos es una estrategia política para que se aprueben las medidas menos conflictivas y caigan en saco roto las más ambiciosas, a las que previsiblemente se opondrían en el Congreso PNV y Junts, que había pedido incentivos fiscales para favorecer que los propietarios saquen viviendas al mercado, una iniciativa incluida en el primer decreto rechazada por el Sindicato de Inquilinas.
"El PSOE no quería quedar mal con los partidos a su izquierda y tenía que parecer que estaba haciendo algo, de ahí que haya dos decretos. Así escurre el bulto, aunque el segundo no será aprobado por Junts y otras formaciones políticas", critica Alejandro, quien subraya que la movilización busca aprovechar su fuerza para conseguir aquello que sin la presión social no saldría adelante. "Esto no es solo por Maricarmen, porque hay muchos afectados que podrían verse beneficiados si se aprobase un solo decreto con todas las medidas", añade este joven de 30 años, que de repente es interrumpido por un hombre que camina ante sus amigos, sentados en el suelo.
"Ojalá que el mundo sea manejado por ustedes", comenta el espontáneo. "Gracias a ustedes una persona mayor va a volver a tener hogar. Dios los bendiga". Además de lograr que Maricarmen vuelva a su casa, este martes varios acampados han frenado un desahucio en la calle Navas de Tolosa, situada cerca de la Puerta del Sol, mientras que el Ayuntamiento exigía a la Delegación del Gobierno que disuelva la concentración y la Comunidad de Madrid amenazaba con ir a los tribunales si no levanta el campamento en 48 horas.
Sin embargo, Lun deja claro que la protesta no terminará en Sol. "Esto no es el final, ni mucho menos, ni se va a quedar aquí. La lucha se está extendiendo a otros territorios y seguirá haciéndolo", deja claro la joven. "Este fin de semana habrá manifestaciones y, si hace falta, iremos a la huelga general por la vivienda". La movilización de Sol, efectivamente, se ha extendido en forma de acampadas en Palma, Sevilla o Málaga, así como de protestas en Barcelona, València, Alacant, Cádiz, Málaga, Sevilla, Vigo, Murcia, Córdoba, Toledo, Oviedo o Eivissa, entre otras localidades. Y este fin de semana se han convocado "movilizaciones estatales en todas las ciudades del país".
Si esto no es el final, como dice Lun, tampoco es el principio. Así lo cree Teo, de 26 años, que critica que concebir la acampada como el comienzo de una lucha borra toda la organización previa: "No tiene sentido que se plantee así cuando el Sindicato de Inquilinas lleva defendiendo a Maricarmen desde hace años. Hay mucho trabajo detrás a favor de nuestros derechos". La lucha por la vivienda, pues, no empieza ni termina con una afectada, ni tampoco con la concentración en Sol.
"No es solo que hayan desalojado de su casa a Maricarmen, sino que hay situaciones terribles y peores sin tanta cobertura mediática que sufren migrantes, personas sin papeles y otras muchas que cada día se levantan con miedo a recibir una carta de desahucio", explica Su, de 29 años. "Hay que mirar al futuro y no debemos conformarnos con medidas que se adoptan para contentarnos ahora mismo, sino intentar que se lleven a cabo las que mejoran verdaderamente el bienestar de la gente".
No se refiere a los incentivos fiscales a los propietarios de viviendas, que "refuerzan la acumulación de dinero por parte de quienes ya obtienen ingresos del alquiler", critica Luis. "No veo muy ético que se potencie que un casero pueda amasar tanta riqueza y luego se dedique a explotar a los demás para conseguir más dinero", añade este hombre de 37 años. "No me parece lógico que se les financie, porque al final los de abajo somos siempre los que pringan".
La prórroga de los alquileres y la limitación del precio no son suficientes para José María, quien cree que el problema del acceso a la vivienda no se resolverá mientras no se suban los salarios. "Gracias a Urbagestión [propietaria del piso de Maricarmen desde 2018] por haber organizado indirectamente todo esto", ironiza este jubilado de 78 años. "Y ahora le pediría que ayude a convencer a los empresarios para que paguen sueldos dignos para que la gente pueda pagar los alquileres".
"Mientras el Gobierno no se ajuste a las reivindicaciones del Sindicato de Inquilinas, hay que seguir protestando, porque los alquileres están carísimos y la compra de una vivienda es inasequible", se queja Carmen, quien a sus 72 años aplaude a los concentrados en la Puerta del Sol. "Siento orgullo, porque parecía que la juventud estaba dormida, pero basta que se haya tocado la tecla de la vivienda para ver que está despierta. Ahora es el turno de las administraciones".

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