Por qué tu Instagram ya no es tuyo: la estafa de las redes que te seducen primero y luego te exprimen
Cory Doctorow explica a 'Público' cómo funciona la "mierdificación" —la degradación sistemática de las plataformas digitales— y cómo los usuarios estamos atrapados dentro de ellas.
También afecta a empleados de plataformas como Amazon y Uber que viven bajo vigilancia extrema, cuotas impuestas por algoritmos y salarios calculados a la baja.
Madrid--Actualizado a
Ya no queda nada de aquellas redes sociales que te atraparon en sus inicios, en un espacio que prometía ser seguro para compartir fotos y conectar con amigos. Hoy, tu feed de Instagram te muestra publicaciones de personas que nunca seguiste, publicidad por todas partes y una compañía que te espía sin disimulo. Las plataformas digitales han cambiado, pero a peor. Cory Doctorow, escritor y activista digital, llama a esta degradación sistemática de servicios "mierdificación", elegida Palabra del Año 2023 por la American Dialect Society, y término que da nombre a su nueva obra Mierdificación (Capitán Swing).
Si el servicio empeora cada vez más, ¿por qué seguimos en esas redes sociales? Porque ya estamos enganchados. Doctorow describe el sistema de "mierdificación" en tres fases: primero, las redes captan a los usuarios prometiendo seguridad, privacidad y una experiencia centrada en conectar personas; segunda, con los usuarios ya atrapados, la experiencia se degrada en favor de los clientes empresariales, rastreando cada dato para personalizar publicidad; y tercera, cuando incluso las empresas quedan atrapadas en el sistema, los servicios se degradan aún más para maximizar los beneficios de los accionistas.
"Amazon no pone los mejores resultados al principio de una búsqueda, sino los que han pagado más. Google empeora su búsqueda para mostrar más anuncios y Facebook o Twitter te encierran: si te vas, ya no puedes ver los mensajes de tu red. Es un retroceso a los años noventa, cuando los servicios eran cerrados", denuncia Doctorow en conversación con Público.
Los usuarios permanecen en las plataformas porque las conexiones personales pesan más que el rechazo al sistema. Allí están los grupos de apoyo, la familia a distancia o la audiencia profesional que necesitan. Y las redes saben cómo mantenernos pegados: algoritmos, notificaciones y un diseño pensado para que sigamos consumiendo. De hecho, hace unos días, un juzgado de Los Ángeles ha condenado a Google y Meta a pagar seis millones de dólares por la adicción generada por sus redes, repartidos en un 70% para Meta —Instagram, Facebook y WhatsApp— y un 30% para Google —YouTube—.
Los abusos de las plataformas
"Ahora, en teoría, podríamos tener plataformas abiertas, neutras y seguras, pero la ley -la Directiva europea de Copyright de 2001- prohíbe la ingeniería inversa y la modificación de productos tecnológicos defectuosos", denuncia Doctorow. Esta directiva se hizo para evitar la piratería de música y películas, pero las empresas la usan como "escudo" para que solo ellos puedan tocar el software de tus dispositivos, impidiendo que los repares o mejores por tu cuenta. De esta forma, "las empresas tienen total flexibilidad para usar las plataformas digitales para manipularte o robarte, pero tú no tienes derecho a cambiar cómo funciona la tecnología en tu propia computadora para defenderte. Estás totalmente atrapado", advierte Doctorow.
A esto se añade que, aunque el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) establece que las empresas deben limitar la recogida de datos, pedir un consentimiento claro y permitir que los usuarios controlen su información, la privacidad sigue brillando por su ausencia en la mayoría de plataformas. En la práctica, la descentralización y la existencia de paraísos fiscales europeos permiten que compañías como Google y Meta operen con impunidad. "Los casos se tramitan en los Estados miembros donde las empresas tienen su sede, y Europa tiene múltiples paraísos fiscales —Irlanda, Luxemburgo, Malta, Chipre, los Países Bajos— que facilitan que compañías como Google y Meta ignoren el RGPD y violen la privacidad de cientos de millones de europeos sin enfrentar sanciones significativas".
Esta flexibilidad legal también permite, según el activista digital, que las compañías cambien de sede según les convenga: "Si gestionas un paraíso fiscal, tienes que preocuparte de que las empresas no se marchen, lo que significa que no puedes simplemente decir ‘No tienes que pagar impuestos’, sino que también debes permitirles abusar de todas las demás leyes para que se queden".
Por otra parte, las empresas que pagan a estas redes sociales para que anuncien sus servicios también se sienten atrapadas en un monopsonio —estructura de mercado en la que hay un único comprador (la plataforma) y múltiples vendedores— ya que "las grandes tecnológicas adquieren tanto poder que se convierten en "guardianes de acceso", imponiendo condiciones a todos los que "dependen de ellos", señala.
La influencia de Donald Trump
La llegada de Trump a la Casa Blanca no solo ha consolidado la era de la "mierdificación" sino que ha hecho que aumente. El experto asegura que las plataformas gastaron millones apoyándolo, y a cambio reciben impunidad frente a reguladores internacionales. "Trump ha amenazado a otros países con castigos si intentan regular empresas tecnológicas, y no permitirá que los tribunales estadounidenses ayuden a, por ejemplo, un regulador europeo a hacer cumplir una sentencia. Esto significa que cualquier iniciativa fuera de EEUU no puede contar con ayuda estadounidense", señala.
Trump ha amenazado a otros países con castigos si intentan regular empresas tecnológicas
En este sentido, Doctorow considera que "Europa necesita más que nunca independencia y soberanía tecnológica respecto a Estados Unidos". Aunque la Unión Europea ha creado normativas como la Ley de Mercados Digitales (DMA) para intentar frenar el control absoluto de algunas compañías, en la práctica no ha terminado de consolidarse. Por ejemplo, señala que la norma afecta al poder de Apple sobre la App Store -ya que la compañía impone las reglas de acceso de las aplicaciones a la tienda digital-, pero de momento la compañía solo ha llevado a cabo algunos cambios parciales.
¿Es posible que la plataforma pueda sortear la ley? Según Doctorow, si la compañía incumple la norma sería multada, sin embargo, podría estar protegida para que nunca se cobre dicha sanción. "Apple tiene sede en EEUU, donde el presidente puede decidir proteger a sus empresas bloqueando los pagos. Basta con decirle a los bancos: ‘Ese dinero no sale del país’. Los bancos obedecen, porque no son conocidos por su espíritu rebelde", explica el experto.
La compra de Twitter, rebautizada X, por Elon Musk, también muestra cómo la "mierdificación" se cruza con intereses ideológicos. Musk dejó claro que quería cambiar el algoritmo del feed para mostrar información alineada con su visión del mundo, y "todos saben qué tipo de ideología promueve, después de gestos polémicos como saludos nazis", señala el experto. "Mientras la gente valore más lo que obtiene de Twitter que lo que odia de Musk, seguirá en la plataforma. Si fuera fácil abandonar Twitter y seguir recibiendo los mensajes, ya habría enfrentado las consecuencias", asegura.
Extrema vigilancia sobre sus trabajadores
La "mierdificación" no solo afecta a quienes usan las apps, sino que su control también alcanza a quienes trabajan para ellas. Cory Doctorow advierte que plataformas como Uber y Amazon vigilan hasta el último movimiento de sus empleados. "Los trabajadores, especialmente en Amazon, aunque también en Uber, son tratados como autónomos, pero están monitorizados mucho más estrictamente que cualquier empleado asalariado. Funciona de forma que la máquina establece la cuota, determina la ruta y penaliza al conductor si se desvía. Estas apps ejercen un grado de control que ningún jefe ha tenido jamás y aun así no tienen acceso a los mismos mecanismos legales que un empleado tendría", explica Doctorow.
Un conductor de Amazon puede tener nueve o diez cámaras dentro y fuera de su furgoneta
El experto explica que "un conductor de Amazon puede tener nueve o diez cámaras dentro y fuera de su furgoneta. Está monitorizado en todo momento y la meta del sistema es llevar al conductor al límite de la capacidad humana". Un ejemplo de ello aparece en el último informe de Groundwork Collaborative, donde un exconductor de Amazon explica que fue despedido por realizar una maniobra brusca registrada por la cámara. En realidad, se apartó para evitar chocar con un camión cuyo conductor se había quedado dormido y se desviaba hacia su carril. A pesar de haber evitado una colisión mortal, perdió su trabajo.
Amazon España asegura a Público que en el caso español no tienen constancia de estás prácticas porque el servicio de conductores lo llevan a cabo empresas colaboradoras de reparto.
Por su parte, Uber, como es conocido, utiliza precios dinámicos que suben o bajan según la demanda. Pero también calcula cuánto puede pagarle a cada conductor, usando toda la información que tiene sobre él: hábitos, historial, incluso pequeños patrones de comportamiento. "Cada conductor recibe una oferta distinta para el mismo trabajo, basada en cuánto cree la inteligencia artificial de Uber que aceptará y cuán desesperado está. Lo que hace la discriminación salarial algorítmica es intentar pagar lo mínimo posible, y empujarlo hacia abajo de manera progresiva. Los conductores rara vez saben lo que realmente ganan y terminan culpándose a sí mismos de no gestionar bien el trabajo", explica Doctorow.
La estrategia de la plataforma es "crear una dependencia total". "Si un conductor tiene otras fuentes de ingresos, al principio se le paga suficiente para atraerlo. Pero cuando abandona esos trabajos y depende únicamente de la app, la IA ajusta el salario a la baja. Cada movimiento está calculado para ejercer mayor control sobre él”, destaca.
Cada movimiento está calculado para ejercer mayor control sobre el trabajador
Para crear un internet resistente a la "mierdificación" es necesario que abandonar una plataforma "tenga el menor coste posible" y que para ello se permita la "portabilidad de datos y estándares claros para mover cuentas", de modo que "cuando una plataforma intente exprimir a sus usuarios, los pierda". "Solemos hablar de tres grandes fallas de las grandes corporaciones. La primera es 'demasiado grandes para quebrar', famosa desde 2008. La segunda es 'demasiado grandes para ir a la cárcel', también cortesía de 2008. Y la tercera es 'demasiado grandes para que les importe', esta última nos la están enseñando en tiempo real", sentencia.
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