Público
Público

Liberación animal Vigilia por los animales: activistas veganas y trabajadoras de la industria cárnica hablan a las puertas del matadero 

Activistas veganas organizan vigilias en los accesos a los mataderos con el objetivo de mostrar al mundo las condiciones en las que se encuentran los animales que son utilizados para el consumo humano en esta etapa del proceso.

Un cerdo antes de ser asesinado en el matadero / EFAM
Un cerdo antes de ser asesinado en el matadero / EFAM

Mila García Nogales

Lejos de las ciudades, oculta tras gruesos muros de hormigón y amparada por el miedo que da enfrentarse a la verdad, la industria cárnica perpetúa su poder. No hay mataderos con las paredes de cristal. En ningún sentido. Mirar, o saber, más allá de la puerta de la entrada está prohibido.

A excepción de las personas que trabajan allí, nadie puede acceder al interior de las llamadas plantas de procesamiento de carne. Desde fuera, solo se alcanza a ver cómo camiones cargados de vidas son desalojados entre gritos y golpes para, poco después, salir vacíos. El túnel que conduce a los animales hacia la muerte se convierte en la única posibilidad de contacto con la realidad antes de el mensaje se pierda para siempre.

Como respuesta a esta falta de transparencia, activistas veganas organizan vigilias en los accesos a los mataderos. El objetivo es mostrarle al mundo las condiciones en que los animales utilizados para el consumo humano llegan a esta etapa del proceso. Sus móviles captan lo que las grandes empresas del sector tratan de ocultar bajo capas y capas de propaganda.

Además, las vigilias también sirven para acompañar a las víctimas no humanas en sus últimos momentos: gestos como una caricia o un trago de agua, que pueden ser percibidos y entendidos por individuos inteligentes como cerdos, gallinas o terneros, se convierten así en toda una declaración de amor. Y también política.

Para Frida Galgo, cofundadora del grupo de acción EFAM (Ecofeministas Antiespecistas Madrid), se trata de visibilizar la injusticia: "Con nuestros posts, tanto individuales como del colectivo, luchamos contra la idea normalizada de que los animales tienen que morir y que tenemos que comérnoslos. No son comida, no son lo que nos venden en el supermercado: son animales, como nosotras, y sufren y no quieren morir." Junto a otras compañeras activistas, Frida acaba de ser testigo de cómo en apenas dos horas cinco camiones han entrado en un matadero de las afueras de Madrid.

Entrada al matadero / EFAM

Al otro lado de la carretera, algunas trabajadoras y trabajadores fuman con los uniformes blancos salpicados de sangre. Cruzar no es solo un acto físico. Ese recorrido, esa distancia de apenas unos pasos que separa a las activistas veganas del personal del matadero, representa al enorme abismo que se abre entre la lucha antiespecista y el conglomerado carnista. "No podemos hablar, nos lo tienen prohibido", dice una de las empleadas. "Nosotras estamos aquí porque no nos queda otra, es nuestro trabajo. Tenemos que dar de comer a nuestras familias. ¿Tú te crees que a mí me gusta esto? Somos mujeres ya con una edad, y tenemos que trabajar", expresa una segunda trabajadora. Otro operario añade: "Y más ahora, con lo del coronavirus… que no puedes quedarte sin trabajo." "Mira, yo soy animalista. Si te sirve de consuelo, yo salgo de aquí y casi no como carne. Si algún día tengo que comerla, la como, pero prefiero no hacerlo", concluye la primera de las mujeres. Su compañera discrepa: "Pues yo sí como carne porque hay animales que están para eso."

Frida Galgo:“El sistema explota a los animales matando diariamente a millones de ellos”

Ahora habla Frida Galgo desde el arcén opuesto. "A mí esta gente me da pena. Sé que, al final, su conciencia no les deja dormir por las noches. Son personas que, o acaban psicológicamente tocadas, o se vuelven unas psicópatas insensibles. Por lo que he hablado en alguna ocasión con operarias y operarios que trabajan en mataderos, sé que lo pasan mal. Dicen que están ahí porque no tienen otra manera de subsistir y de mantener a sus familias. Y la mayoría, me consta, no está bien psicológicamente, tanto por todo lo que ven de esos animales que no quieren morir, como por las condiciones laborales en las que les tienen. Son explotados como seres humanos. El sistema explota a los animales matando diariamente a millones de ellos y también explota a las personas a las que no les queda otra. Y pasa en todos los mataderos del mundo. Por eso nosotras creemos en la lucha interseccional."

La interseccionalidad se basa en la idea de que las opresiones están conectadas y que, por tanto, para combatir una de ellas hay que combatir también las otras. En el caso de la industria cárnica, el mismo sistema capitalista que objetiviza a los animales no humanos deshumaniza a las personas pertenecientes a los grupos sociales más vulnerables, aprovechándose de una mano de obra falta de opciones, empobrecida y, en muchas ocasiones, inmigrante. Los brotes de covid-19 registrados en varios mataderos de Alemania (con más de 730 infectados en una planta de procesamiento de la ciudad de Rheda-Wiedenbrück, al oeste del país), Francia (donde se han detectado varios focos de contagio, como el de Fleury-les-Aubrais, uno de los mataderos de cerdos más grandes de la región de Orleans) o España, (en el macromatadero de Binéfar (Huesca) se estima que la cadena de contagio habría podido a afectar a más de un millar de personas) han sacado a debate público las condiciones de trabajo de estos lugares. Desde el punto de vista interseccional, luchar contra la explotación animal también supone luchar contra la explotación humana en los mataderos.

Rocío, de Una familia vegana y normal, que también ha acudido a la vigilia acompañada de una de sus hijas, destaca la eficacia de este tipo de acciones "para mostrar que detrás de ese trozo de carne inerte en la bandeja del supermercado había una vida y hay mucho dolor y explotación, algo que la industria se encarga muy bien de ocultar." Como activista y madre de dos niñas veganas, se refiere al hecho de que hay mucha desinformación fomentada por la industria "porque no les interesa que sepamos que se puede vivir sin comer nada de animales. Yo llevo veinte años sin comer animales, mis hijas desde que nacieron, una tiene ocho años y la otra seis, y están perfectamente sanas. Nos hacemos análisis cada cierto tiempo y no les falta ningún nutriente. Las personas necesitamos nutrientes, no alimentos concretos, y todos los nutrientes que necesitamos se pueden encontrar en los productos de origen vegetal. Es un hecho que está corroborado por la mayor asociación de nutricionistas del mundo, con más de 200.000 miembros, y después de un montón de estudios que además prueban que los productos animales se relacionan directamente con enfermedades como la diabetes o algunos tipos de cáncer. A mí me han llegado a decir que me deberían quitar la custodia de mis hijas, y todo a causa de esa desinformación. Preguntémonos entonces: ¿por qué si esto ya debería estar superado, porque ya se sabe y hay tanta información real, no interesa que salga?"

Más noticias de Política y Sociedad