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“Estamos luchando para que el lince sea una especie vulnerable y no en peligro de extinción”

Los programas de cría en cautividad del lince ibérico salvaguardan la especie del felino más amenazado del planeta desde cinco centros de cría en cautividad coordinados entre España y Portugal. En 2018 han nacido un total de 39 cachorros en estas instalaciones y el número de ejemplares en la naturaleza asciende ya a seiscientos.

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Lince Ibérico./Público

Brezo, Brezina y Brisa fue la primera camada de linces que nace en un programa pionero en cautividad (Programa de Conservación Ex -situ del Lince Ibérico)en el Parque Nacional de Doñana. El objetivo, no perder la genética de la especie del felino más amenazado. Era el año 2005 y Francisco Villaespesa, director del centro, cuenta a Público aquella experiencia pionera que permitió en Doñana iniciar “la perpetuidad genética” de una especie que hoy ya suma 600 ejemplares en población silvestre.

Villaespesa trabaja a diario con un grupo de técnicos dentro del centro de cría del Acebuche en pleno corazón del Parque de Doñana. “Dentro del programa hay que mantener una población cautiva en las instalaciones. En definitiva, una salvaguarda genética para que los ejemplares de lince se mantengan en la naturaleza en caso de extinción. Y tener ejemplares aptos para una futura reintroducción”. Conseguir una población cautiva estable no es tarea fácil. “Tuvimos que llegar a una población en la naturaleza de un mínimo de sesenta linces para iniciar la reintroducción de los programas de cría en el año 2011”. Seis largos años de espera que han permitido que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) declare a la especie de peligro crítico de extinción a peligro en 2015.

Pasar a la siguiente categoría de ”vulnerable” dependerá de muchos factores. Entre ellos la condiciones de su hábitat y su distribución geográfica. “No se trata de sumar ejemplares como un mero récord cuantitativo. Estamos luchando para que el lince sea una especie vulnerable y no en peligro de extinción”, aclara el director.

El plan de acción de la cría en cautividad ha tenido importantes logros en 2018 “En total el número de cachorros que ya han nacido en el programa de cría asciende a 39 ejemplares”.

Los datos facilitados por el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) ha informado que el 80 por ciento de los 49 cachorros nacidos ha sobrevivido a pesar de las dificultades que puede tener el lince en sus primeras siete semanas de vida. La cifra de supervivencia ha sido superior al promedio habitual del 75 por ciento de los cachorros que logran superar las primeras semanas en el programa de cría.

Un buen comportamiento antes de salir a la naturaleza

Los técnicos del centro del lince en Doñana (Acebuche), el primero en abrir sus puertas en 1992, cuentan a Público cómo logran entrenar a los cachorros de lince que nacen en camada para que se defiendan en el momento de la reintroducción con la población silvestre. Los especialistas reintroducen al 95 por ciento de los cachorros que nacen, dejando el otro cinco por ciento en las instalaciones para reserva genética.

“Es imprescindible antes de que un cachorro salga a la naturaleza que estén despiertos, que tengan un buen comportamiento, que cuando salgan al campo sepan cazar y buscarse la vida, que no tengan ningún problema físico”, aclara Villaespesa. A las cuatro semanas, veterinarios especializados les realizan un chequeo médico donde ya son marcados y examinados por los genetistas. “Estos especialistas nos indican que ejemplares se quedan en programas en cautividad y cuales son aptos para la reintroducción”.

Villaespesa señala que se mueven ejemplares entre los centros por compatibilidad genética “Intentamos mover ejemplares de cada uno de los centros de cría para que haya una réplica exacta en cada uno de ellos”, aclara. “Si se provocara un incendio como el ocurrido en 2017 en Doñana o una infección no se perdería la diversidad genética en cautividad”.

En las instalaciones del Acebuche, visitadas por Público una unidad de control por cámara vigila las camadas de cachorros y hembras las 24 horas del día con monitores. “La precaución es no tocarlos. Es la madre quien los cría y quien les enseña a cazar”. Solo son capturados para hacer chequeos a las cuatro, ocho y doce semanas.

Cuanto puede vivir un lince en edad reproductora.

El monitoreo de los linces deja sin descaso a los técnicos del centros son turnos de mañana, tarde y noche. Al año de vida los pequeños cachorros pasan de los habitáculos donde nacen a los entrenamientos de reintroducción, muy duros en las primeras semanas. “La extensión donde se inician en la vida real del campo es muy compleja al principio. Las hembras reproductoras lo llevan bastante mal, incluso peor que los propios cachorros.

Los linces vistos por la cámara descansan la mayor parte de la mañana, ya que el director explica a Público que es una especie “crepuscular” con actividad mayoritariamente nocturna.

Una gestión de centros por toda la Península

La gestión de la red de Centros de Cría en Cautividad se encuadra bajo un marco de Nacional para la Conservación del Lince Ibérico. Una Comisión Multilateral incluye a administraciones autonómicas y nacionales: Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, el Gobierno Portugués y las Comunidades Autónomas de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha. El programa “ibérico” se completa con el proyecto macro proyecto europeo Life+Iberlince. El objetivo es en todo momento que se perpetúe su especie en la naturaleza. “El presupuesto total del proyecto LIFE asciende en el caso del lince a unos 34 millones de euros”, el más elevado en la conservación de una especie por parte del Parlamento Europeo.

Villaspesa asegura que “este programa peninsular permite producir ejemplares para crear nuevos también nuevos poblacionales”. Todo el trabajo se desarrolla en cinco centros concretos: Centro de Cría El Acebuche en Doñana, el Zoobotánico de Jerez, el Centro Nacional de Reprodução de Lince Ibérico en Silves, el Centro de Cría de Zarza Granadilla en Cáceres y Centro de Cría La Olivilla en Jaén.

El drama de los atropellos para la especie

Villaespesa sabe que aún hay datos negativos que paliar, como el porcentaje de ejemplares que muere con demasiada frecuencia en el entorno de las carreteras. 

Desde la organización mundial de la naturaleza (WWF) alertan que que un total de 128 ejemplares de lince ibérico han perdido la vida al ser atropellados en distintas carreteras desde el año 2002, lo que supone alrededor del 45 por cientos de la mortandad de este felino.

“Desde los programas nos piden si podemos hacer algo. Poner sonido de coches a los cachorros como refuerzo negativo pero es complejo que desde los programas en cautividad nos encarguemos de esto”, aclara.

El ejemplar es llevado en jaula al núcleo de su hábitat cuando ya cumple un año de vida y está preparado. “Cuando se reintroduce vuelve en raras ocasiones al centro de cría, ya que no nos ocupamos de la recuperación. En el momento que empiezan su vida silvestre, le hemos dado todas las herramientas de supervivencia para que sean fuertes y pueda reproducirse con otros ejemplares” concluye el director.