Así fomentan los 'influencers' el consumo masivo con paquetes de ropa barata que generan toneladas de residuos
La llamada 'fast fashion' o moda rápida está caracterizada por la producción de grandes volúmenes de ropa que son accesibles a precios bajos y que generan toneladas de residuos.

Madrid-
La moda ha trascendido su función estética para convertirse en un lenguaje único de expresión personal. El auge de las firmas low cost ha contribuido a que las personas adopten la necesidad de tener más y cada vez más ropa, hasta el punto de que los armarios se ven desbordados.
Con las tendencias accesibles y precios bajos, se ha logrado captar la atención de millones de consumidores alrededor del mundo. Sin embargo, detrás de esta aparente oferta conveniente, se ocultan serias implicaciones ambientales.
Las redes sociales, por otro lado, han transformado nuestra relación con la moda. Nada más abrir Instagram o TikTok comienza el bombardeo de vídeos en los que creadores de contenido muestran nuevas adquisiciones. “Cuando vemos imágenes de influencers levantando una caja y cayendo miles de prendas, no se les da valor a ninguna de ellas, se devalúan por completo, y luego te da igual si no te la has puesto nunca, pues la tiras, qué más da, te gastas otros cinco eurillos y ya”, comenta Carmen Horcajada, creadora de contenido comprometida con el consumo responsable y defensora del slow fashion.
Como resultado, decenas de prendas acaban guardadas en nuestros armarios sin apenas tener más de uno o dos usos. Estas prácticas que a simple vista pueden pasar desapercibidas, tienen grandes consecuencias medioambientales. La cantidad de ropa que se desecha cada año alcanza cifras alarmantes, muchas veces sin haberse llegado siquiera a estrenar.
¿Qué son los ‘hauls’ y qué efecto tienen en la sociedad?
Los hauls de ropa que promueven los influencers consisten en mostrar y comentar las prendas que acaban de adquirir, ofreciendo recomendaciones a su público espectador, y se han convertido en uno de los contenidos más populares en plataformas como TikTok o Instagram.
Silvia Martínez, experta en redes sociales y comunicación digital afirma que “los hauls o la apertura de paquetes que reciben los influencers se han convertido en un contenido habitual en las redes sociales. Es una forma de compartir la emoción por la sorpresa, ver qué es lo que ha recibido y, sobre todo, conocer la opinión del creador o creadora de contenido”.
La experta declara que a partir de su consejo, que en algunas ocasiones está patrocinado, “podemos tomar nuestra decisión de compra por esa confianza que se deposita en el influencer”. Por lo tanto, las consecuencias son desoladoras, se crea la necesidad de una rápida satisfacción. Es decir, una de tus referentes de redes sociales se ha comprado un jersey, lo muestra y sientes la necesidad de comprarlo tú también, lo cual es muy sencillo, pues solo se necesita un click que no te permita reflexionar lo suficiente sobre si es algo que necesitas realmente o simplemente una consecuencia del consumismo en el que vivimos.
“La confianza desempeña un rol fundamental en estas estrategias que son bien conocidas por las marcas para incrementar el conocimiento y la venta de sus productos”, sentencia Martínez. La comunidad o los seguidores de influencers los perciben como una persona cercana a ellos por el hecho de poder seguir su día a día, su actividad, que es proyectada a través de las redes sociales, e incluso por el hecho de poder interactuar con ellos a través de los directos o los comentarios. “Esta sensación de proximidad incrementa la percepción de credibilidad que se otorga a los influencers”, añade.
Silvia Martínez: La confianza desempeña un rol fundamental en estas estrategias que son bien conocidas por las marcas
Aunque algunos influencers como Laura Monedero son conscientes de este impacto, su perspectiva difiere. Comenzó a crear contenido en YouTube a los diez años, mostrando aspectos de su vida y poco a poco ganando una creciente audiencia. “Abrí un canal de YouTube porque quería compartir cómo hacía manualidades, así que empecé a publicarlas. Sin embargo, al hacerme mayor, me interesé mucho por el mundo de la moda y decidí enfocarme en ese ámbito para compartirlo con los demás. Luego, algunas marcas comenzaron a contactarme para colaborar, y eso me llevó a crear más contenido de este tipo. Que me paguen por algo que me apasiona es, básicamente, una de las razones por las que decidí hacer lo que hago”, explica Monedero. La influencer afirma que este tipo de contenido no lo hace con la intención de generar un impulso de compra en su público espectador, sino por gusto por la moda y en ocasiones, por trabajo.
En esta línea, reflexiona sobre el impacto de los hauls en redes sociales, mostrando una perspectiva crítica: “El principal problema que veo es que muchas de las prendas compradas online provienen de marcas low-cost, como la popular Shein. Estas prendas suelen venir empaquetadas en bolsas de plástico, y si ya de por sí los pedidos en estas tiendas son masivos, el uso excesivo de este material contribuye significativamente al impacto ambiental”.
“Creo que la gente seguirá comprando en Shein porque es barato y accesible, pero estas marcas deberían tomar medidas para reducir el uso del mismo y adoptar prácticas más ecológicas, el uso de este material es el principal problema que yo veo”, comenta Monedero.
Por su parte, Celia Ojeda, responsable del área de Biodiversidad y Consumo en Greenpeace, resalta cómo los influencers lo que hacen es promocionar y generar una necesidad de tener ese producto, una necesidad en masa de comprar. “Posiblemente ellos simplemente lo están publicitando y, al final, pues lo que se hace es consumir más y producir más”, añade.
Según Martínez, comprar cosas nuevas y enseñarlas genera una emoción positiva y satisfacción. “En la reacción no se puede obviar el componente emocional, pues en muchas ocasiones este perfil representa un referente aspiracional bien de su estilo de vida, su aspecto… y por ello se tiende a la imitación con esos elementos adquiridos que pueden llevar a poseer la misma ropa, maquillaje, perfume, etc. Estos contenidos reciben comentarios, likes y son compartidos, por lo que los algoritmos los suelen recibir de forma positiva y otorgan mayor visibilidad, haciéndose así incluso virales”, explica.
Martínez señala que las marcas, que son conocedoras de estos efectos causados por los hauls, contactan con creadores de contenido para sacar rentabilidad a sus productos. Además, sostiene que otros usuarios que adquieren el producto comentado por el influencer pueden hacer también sus propios vídeos al adquirirlo, y todo ello incrementa la popularidad de ese producto y, en consecuencia, de esa marca.
La experta en redes sociales declara que algunos usuarios pueden tener una reacción más visceral o automática y comprar inmediatamente el producto presentado por el influencer, en otros casos buscarán más información del producto presentado o recomendado conociendo así más visiones antes de dar el paso de adquirirlo.
“Lo cierto es que las redes se convierten en espacios en los que encontrar valoraciones de productos muy variados y su papel en las operaciones de compra es innegable”, señala.
Martínez: Las redes se convierten en espacios en los que encontrar valoraciones de productos muy variados
No todos los 'influencers' fomentan este tipo de conductas
Es innegable que los creadores de contenido tienen un gran poder de influencia sobre sus seguidores, lo que en ocasiones puede suponer un impacto tanto negativo como positivo. Influencers como Carmen Horcajada centran todos sus esfuerzos en intentar concienciar a la gente acerca de las consecuencias que conlleva el consumismo desmesurado de ropa.
“Me di cuenta de que mi forma de consumir moda no era la adecuada. Yo era de las que se gastan 100-200 euros al mes en fast fashion, no estaba para nada alineada con mi forma de ver el mundo. Ya había reducido bastante mi consumo de carne, reciclaba todo lo que podía, consumía con cabeza en otros ámbitos, compraba de segunda mano… pero en la moda no lo aplicaba. Y de repente algo me hizo click aquel verano y pensé: No, no estoy siendo coherente, y simplemente dejé de comprar fast fashion”, comenta Horcajada.
Carmen Horcajada: Yo era de las que se gastan 100-200 euros al mes en 'fast fashion'
“Ese fue el punto que me hizo pensar: Si yo he conseguido hacer estas cosas en mi vida, si yo he conseguido hacer este click, quizás si comparto un poquito de esta vida con la gente, habrá más personas que hagan ese mismo click que yo”, añade.
Además, asegura encontrar desafíos a la hora de trabajar con las marcas: “Rechazo mucho más de lo que acepto, porque la realidad es que la mayoría de las marcas, o más bien la mayoría que tienen presupuesto para trabajar con influencers y hacer campañas, no trabajan con estos principios y estos valores” asegura.
El greenwashing también es una práctica común en las redes sociales. Para evitar contribuir a esa falsa sostenibilidad, la influencer confiesa haber optado por rechazar colaboraciones que no comparten esos principios sólidos en cuanto a sostenibilidad y justicia social.
Asegura que, “si esos valores no son fundamentales en la empresa, lo que yo esté anunciando ya va a ser greenwashing. Ya voy a estar mintiendo, porque por mucho que a lo mejor ese producto en concreto de una marca de moda sea una camiseta de algodón orgánico, si luego tienes el resto de tu ropa hecha con poliéster en la otra punta del mundo y yo te hablo solo sobre la camiseta, estoy tapando el resto de la empresa”, añade.
Consecuencias del ‘fast fashion’
El impacto ambiental de la moda rápida es devastador. Según Celia Ojeda, el fast fashion genera un 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
El 'fast fashion' genera un 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero
Otros impactos ambientales, explica, son la gran cantidad de agua que se utiliza para hacer moda - el 20% de agua dulce del planeta - y la contaminación. Y “teniendo en cuenta que estamos en un país con riesgo de desertificación, que se utilicen 7.500 litros de agua para hacer un pantalón vaquero, que es la misma cantidad de agua que utiliza una persona para ducharse, beber o lavarse durante siete años, es una barbaridad”, asegura.
Además, añade que la moda rápida ha generado procesos de producción incluso mucho más rápidos, por lo que se genera una gran cantidad de prendas, y por ende, de basura.
“Esa basura ha tocado techo, el sistema de gestión de reciclaje no es eficiente y está acabando en vertederos, está acabando incinerada y exportada a terceros países como Ghana, el desierto Atacama, u otros países donde evidentemente la gestión de las basuras es peor. Esto acaba contaminando, porque al final esta ropa tiene productos tóxicos como los ftalatos, que están ahí y que acaban en el agua, en la tierra, en el aire, contaminando a las personas”, explica Ojeda.
Celia Ojeda: El sistema de gestión de reciclaje no es eficiente y está acabando en vertederos
Según el informe de Greenpeace Por qué África no necesita más tu ropa, cerca de cinco toneladas de prendas usadas forman una inmensa montaña de desechos en la costa de Ghana. Estas prendas, provenientes de países europeos, fueron descartadas tras ser consideradas invendibles. Desde los años 2000, el auge de la moda rápida y la creciente accesibilidad a productos textiles han llevado a un incremento desmedido en la producción de ropa. Como resultado, y en un contexto de falta de regulación en la industria, Ghana recibe cada año más de 152.600 toneladas de ropa de segunda mano.
Por otro lado, comenta que para producir toda esta cantidad de ropa barata, tiramos mucho del poliéster. “Es la fibra más usada, porque es la más barata de producir. Y esta microfibra lo que hace es desprenderse muy rápido de la ropa. Los microplásticos ya están presentes en nuestro entorno”.
El cambio de hábitos de consumo depende en gran medida de las personas. Sin embargo, Ojeda sostiene que las políticas públicas deben desempeñar un papel fundamental en la transición hacia una moda más sostenible. “Las personas tienen muchas responsabilidades, pero creo que son las políticas y las empresas las que deben liderar el cambio. Si no tengo acceso a ropa sostenible, es muy difícil que mi conciencia cambie, por muchas campañas de concienciación que existan. Es decir, ambas cosas deben ir de la mano”, señala.
Ojeda: Son las políticas y las empresas las que deben liderar el cambio
“Se pueden hacer campañas para fomentar la compra de moda local y sostenible, pero si esa moda no es accesible, no se logrará un cambio real. Las políticas deben obligar a las marcas de moda a reducir su producción y fomentar alternativas dentro de sus propias tiendas, como el intercambio, la reparación y la segunda mano”, añade.
Según Ojeda, deben fomentarse políticas que ayuden a las marcas de slow fashion a ser más accesibles. Por ejemplo, que puedan tener locales en calles principales para darse a conocer, o que se les apliquen impuestos reducidos, ya que generan más empleo local y menos contaminación. “Así, si quiero comprar unos vaqueros sostenibles hechos en Albacete que puedan competir en precio con los de la moda rápida, no será porque hayan reducido sus costes, sino porque el Estado ha apoyado a quienes producen de manera sostenible”, concluye.




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