El calor extremo también altera los hábitos de los mosquitos
Según Mosquito Alert, el calor extremo reduce su actividad en Catalunya, sobre todo en zonas urbanas, pero la crisis climática puede alargar su presencia hasta noviembre o diciembre.

Barcelona-
Todo el mundo recuerda aquella noche de verano en que, de repente, un zumbido en la oreja te hace levantar y empezar una cacería feroz contra el responsable de este molesto ruido, o, mejor dicho, la responsable, porque son las hembras las que pican, pero este verano puede que se hayan vivido menos noches de estas. De hecho, algunos no han tenido que untarse con antimosquitos en todo el verano.
Federic Bartumeus, codirector de Mosquito Alert, deja claro, en conversación con Públic, que "sí que vemos menos actividad de mosquitos en algunas zonas como Barcelona, pero hay que ir con pinzas, porque los conocimientos que tenemos son muy locales y puede que en zonas concretas estén infestados de mosquitos".
Obtienen los datos a través de trampas que sitúan por todo el territorio y que se recogen cada semana para hacer un recuento y una identificación de las especies. También lo hacen gracias a la aplicación Mosquito Alert, en la que piden a los usuarios que envíen fotografías de mosquitos y de picaduras, así como algunos detalles de la hora del día en que han sido picados y la localización. Son muchos los que han apuntado que la baja presencia de mosquitos se debe directamente a las altas temperaturas, "pero no es exactamente así", explica Bartumeus.
Estos insectos tienen "óptimos térmicos", es decir, un rango de temperatura ideal en el que su organismo funciona perfectamente. "Cuando hay poca humedad y una temperatura muy elevada, los mosquitos no se autorregulan y tienen estrés térmico, y pueden llegar a desecarse", detalla Bartumeus. Sin embargo, el experto apunta que los mosquitos pueden sobrevivir: "Lo que hacen es esconderse. Buscan sombras y zonas húmedas y disminuyen la actividad".
¿Qué pasará con la población de mosquitos?
Los mosquitos tienen una fase acuática. La hembra pone huevos, de donde salen larvas acuáticas que, entre siete y diez días después, se convierten en mosquitos adultos. Bartumeus expone que las altas temperaturas han generado ya en algunos puntos "una fuerte evaporación", lo que implica que "muchos puntos de cría pueden haber desaparecido". Por ello, investigan si esta situación será "un cuello de botella importante para el crecimiento de las poblaciones de mosquitos".
El hecho de que los mosquitos no mueran con las altas temperaturas sino que reduzcan su actividad, puede provocar que "a finales de verano u otoño empiecen a llegar más lluvias y que se activen las poblaciones con un cierto retraso", explica Bartumeus. De hecho, ya se han detectado ciertos cambios de comportamiento en este sentido.
"El periodo de activación de los mosquitos, normalmente, es de abril a octubre, más o menos, pero desde hace ya unos años estamos viendo que, si el invierno ha sido muy cálido y la primavera lluviosa, en abril ya se activan". Por otra parte, "en los últimos años, en nuestras latitudes, tenemos actividad en noviembre e, incluso, en diciembre. Un escenario que hace veinte años no pasaba", afirma Bartumeus.
El experto remarca que las investigaciones están en curso y que no tienen conclusiones firmes, porque "los mosquitos también se adaptan muy rápido a las nuevas condiciones y algunos de estos, como el mosquito tigre, vienen del sudeste asiático, donde las temperaturas son muy elevadas y hay zonas muy húmedas".
Sin embargo, ya hay algunos países en los que los cambios de dinámicas son un hecho, como en Grècia. Bartumeus explica que en este país "es mucho más exagerado, se está viendo mucha más actividad en diciembre, y Grecia está en unas latitudes similares a las nuestras. Creemos que afectará a todo el Mediterráneo".
¿Qué efecto tendrá en los ecosistemas?
Los mosquitos son una fuente de alimento para muchas especies. En fase acuática, hay muchos animales que se alimentan de las larvas y, en fase adulta, muchos reptiles, los murciélagos, entre otros, se alimentan de ellos. Bartumeus afirma que, desde el punto de vista ecológico, es muy interesante estudiar todos los cambios porque "vivimos en una red de conexiones" y cada modificación puede afectar a esta red.
Aunque todavía no hay ningún ejemplo concreto de una especie que se haya visto afectada por las modificaciones en las poblaciones de mosquitos, "los animales que se alimenten de mosquitos tendrán que seguir sus cambios".
Un posible impacto en la transmisión de virus
Algunos mosquitos son transmisores de virus y vivimos en un mundo global en el que las personas se mueven, en este caso, se infectan en zonas endémicas, como el sudeste asiático, Centroamérica o Sudamérica, "donde hay virus como el dengue y el Zika, y regresan infectados", explica Bartumeus. "Pero si cambian los patrones de movilidad de las personas y cambiamos el momento en el que viajamos, también puede cambiar la posibilidad de infectarse". Así pues, a los cambios que habrá en las poblaciones de mosquitos hay que sumar los cambios en el riesgo de importar enfermedades.
Federic Bartumeus pone énfasis en la importancia de la investigación porque "está claro que hay una correlación importante entre las dinámicas de las poblaciones y el cambio climático, pero tenemos que entender cómo se producirán estos cambios para, así, poder hacer prevención y predicción de estos riesgos y hacer actuaciones que sean lo más acertadas posibles". El experto concluye: "El cambio climático añade incertidumbre en cómo serán las cosas en el futuro, porque no funcionarán como hasta ahora".




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