Las comunidades energéticas avanzan en Catalunya: "Los consumidores también podemos ser productores de energía a gran escala"
Son entidades de base asamblearia y con participación abierta que impulsan proyectos de generación renovable, autoconsumo compartido y almacenamiento de energía a través de baterías.
Han surgido iniciativas sobre todo en zonas rurales, pero ahora este modelo cooperativo también busca consolidarse en ámbitos urbanos.

Barcelona--Actualizado a
La imagen final de la transición energética no solo pueden ser grandes parques eólicos o macroparques de placas solares. La transformación hacia un modelo descarbonizado también pasa por iniciativas locales, cooperativas y participativas que sitúan a la ciudadanía en el centro. Una de estas iniciativas son las comunidades energéticas, un modelo impulsado por la Unión Europea que también empieza a consolidarse en Catalunya con un nuevo marco regulador y con experiencias en todo el territorio, sobre todo en pueblos y municipios de zonas rurales.
El Govern dio luz verde el pasado octubre al nuevo decreto de renovables, que pretende potenciar las energías verdes y el almacenamiento y que por primera vez regula las comunidades energéticas, formadas por grupos de personas que se unen para generar y gestionar su propia energía. Son entidades de base asamblearia y con participación abierta que impulsan proyectos de generación renovable, autoconsumo compartido y almacenamiento de energía a través de baterías.
En este sentido, el Govern ha creado un registro de estas entidades, y también se ha regulado la participación de los entes locales -ayuntamientos, consells comarcales, equipamientos municipales- en estas comunidades, y se las dota de más autonomía. "Los consumidores también podemos ser productores de energía a gran escala", asegura el presidente de la Cooperativa Santperenca d'Energia Sostenible, Ermen Llobet, en el municipio de Sant Pere de Torelló (Osona), con 2.600 habitantes, y uno de los impulsores del proyecto Osona Energía.
Las comunidades energéticas son grupos de personas que se unen para generar y gestionar su propia energía
Con 167 socias, el objetivo de la cooperativa es "proporcionar un acceso a energía limpia y asequible para todos los habitantes del municipio, sin necesidad de inversiones iniciales por parte de las personas asociadas". Como concejal de Transición Energética en el Ayuntamiento de Sant Pere de Torelló en 2019, Llobet se preguntó "qué se podía hacer para impulsar la transición energética en un municipio pequeño", recuerda. La respuesta pasaba por estudiar el modelo de comunidades energéticas y movilizar a la ciudadanía. Después de una reunión abierta con una cuarentena de personas, nació una cooperativa de consumo que hoy forma parte de un proyecto más amplio: Osona Energía.
La iniciativa ha crecido hasta convertirse en una cooperativa de segundo grado —una cooperativa de cooperativas— bajo el nombre de OECoop con 51 entidades asociadas por toda Catalunya, desde la Garrotxa hasta la Ribera d'Ebre, pasando por el Pirineo o el Camp de Tarragona. El objetivo es dar apoyo técnico, jurídico y financiero a las comunidades locales. "Es difícil que de un grupo aleatorio de voluntarios salga suficiente capacidad para sacar adelante proyectos complejos. Hay una parte técnica, financiera, jurídica y social muy importante", explica. Y eso es lo que gestiona OECoop.
Las comunidades no sustituyen completamente a las grandes compañías eléctricas, pero son un complemento
En Sant Pere de Torelló ya se han instalado cinco cubiertas fotovoltaicas, tres de las cuales en edificios municipales cedidos por el Ayuntamiento. En total, suman entre 300 y 400 kW de potencia. La producción se reparte entre los socios para autoconsumo compartido. "Si tienes una superficie de 500 metros cuadrados puedes poner placas, generar unos 100 kW y repartir la energía entre unas 100 familias", ejemplifica Llobet. Sin embargo, las comunidades no sustituyen completamente a las grandes compañías eléctricas, pero son un gran complemento y es energía que "dejas de comprar a la compañía".
Otro ejemplo de comunidad energética exitosa es L'Electra Vallenca, impulsada por la Comunalitat de Valls y el Casal Popular La Turba. La iniciativa nace con el objetivo principal de reducir la pobreza energética y con tres proyectos en cartera: tres instalaciones fotovoltaicas compartidas con capacidad de abastecer, en su totalidad, a 100 socios. Tal y como detallan los impulsores, se ubicarán en los tejados de La Titaranya, la Associació Egueiro y la Cooperativa la Brostada.
En los próximos meses, L'Electra Vallenca pondrá en marcha un servicio de asesoramiento energético y ejecutará las tres instalaciones estudiadas gracias la subvención CE Implementa, un sistema de almacenamiento eléctrico de 61 kWh y una inversión de 170.000 euros, con el objetivo de empezar a repartir energía entre diciembre de 2026 y enero de 2027.
Las comunidades energéticas en entornos urbanos
Si en entornos rurales las comunidades energéticas han avanzado con agilidad, en los entornos urbanos el proceso es más lento y complejo, aunque ya hay experiencias en barrios de Barcelona o Vilanova i la Geltrú. La principal dificultad es encontrar superficies adecuadas para instalar placas y coordinar comunidades de vecinos con intereses diversos. "En un bloque de edificios, la superficie de la azotea a menudo es pequeña en relación con el consumo. Lo óptimo pasa por superficies más grandes y compartir la energía", explica Llobet.
La Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB) ha pedido al ayuntamiento y al resto de administraciones que prioricen los proyectos que promuevan las comunidades energéticas de barrio o las entidades de la economía social y solidaria y la ciudadanía organizada. Llobet pone como ejemplo la comunidad energética Roca Guinardó, en el barrio del Guinardó de Barcelona, que según explica, ha tardado años en conseguir poner en marcha una instalación fotovoltaica de unos 30 kW en una cubierta cedida por el Ayuntamiento.
El decreto ley del Govern también regula por primera vez la instalación de baterías, que reducen el riesgo de apagón en el sistema eléctrico y contribuyen a la rápida recuperación del suministro. El texto define la tramitación urbanística y energética que deberán seguir estas instalaciones, aclara el marco normativo y las dota de más seguridad jurídica.
Las comunidades energéticas pueden ser interlocutoras para negociar o incluso para impulsar proyectos propios
Llobet detalla que las baterías son un elemento clave para ampliar el impacto de las instalaciones fotovoltaicas comunitarias. Las placas generan electricidad durante las horas de sol, pero el consumo es constante a lo largo del día y la noche. Según explica Llobet, si a una instalación fotovoltaica le "añadimos baterías, lo que genera durante las horas de sol lo guardamos para tener consumo por la noche".
Además, las baterías reducen la dependencia de la compañía eléctrica: "Con las baterías se incrementa la parte de energía propia utilizada y, por lo tanto, es una parte que se deja de comprar a las grandes eléctricas", concluye.
Las comunidades energéticas, un interlocutor más
Más allá de la generación, las comunidades energéticas también pueden jugar un papel estratégico en la aceptación social de las energías renovables y la transición energética. "Muchos territorios han rechazado macroproyectos de parques de placas solares o molinos porque venían de fuera y no les beneficiaba. Pero si hay comunidades energéticas preparadas y organizadas, pueden ser interlocutoras para negociar o incluso para impulsar proyectos propios".
A pesar de la proliferación de comunidades energéticas y la reciente regulación, el modelo todavía está en una fase inicial. "Cuando haya muchas instalaciones funcionando, estaremos en buenas condiciones de tener retornos que permitan mantener toda la estructura. Pero estamos justo en el principio", reconoce Llobet.


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