Entrevista a Maria Freixanet, politóloga"La manosfera dibuja la idea falaz de que hoy en día los hombres son las víctimas"
Entrevistamos a la autora del estudio 'Chicos, chicas y un abismo. Opiniones sobre la igualdad y el feminismo'.

El 54% de los chicos catalanes de entre 16 y 24 años consideran que "el movimiento feminista se ha ido demasiado lejos", según la encuesta que publicó el Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) en febrero de 2024. El porcentaje bajaba de forma significativa cuando se trataba de las chicas de la misma edad: un 23% lo pensaba. Este es uno de los muchos análisis que demuestran que, actualmente, existe una profunda brecha entre hombres y mujeres jóvenes en materia de feminismo e igualdad.
Lo constata también el estudio Chicos, chicas y un abismo. Opiniones sobre la igualdad y el feminismo, publicado este junio por el Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS). Hablamos de la derechización de los hombres jóvenes, de los discursos neomachistas y de feminismo con una de las autoras de la investigación, Maria Freixanet (el Masnou, 1984). Freixanet es politóloga y fue senadora y diputada en el Congreso por En Comú Podem.
En un artículo de mayo defendía que los hombres jóvenes han tomado el camino hacia la derechización. En este contexto nace el concepto "neomachismo". ¿En qué consiste y qué lo diferencia del machismo clásico?
En la actualidad, hay posturas machistas muy explícitas que ya no quedan bien. El patriarcado es un sistema metaestable, es decir, que se adapta a las situaciones. Ahora vivimos en una sociedad formalmente igualitaria. Por lo tanto, cuestionar abiertamente la igualdad no queda bien. El neomachismo es una actualización discursiva que no niega el valor de la igualdad y que está a favor del feminismo clásico hasta cierto punto, que son los derechos formales que ya tenemos. A partir de ahí, lo demás es un exceso, un abuso. La igualdad estaría vencida a la inversa. El neomachismo es una actualización discursiva que no niega el valor de la igualdad y que está a favor del feminismo clásico hasta cierto punto.
Sociedades formalmente igualitarias, pero, en la práctica, todos los indicadores demuestran que las mujeres salen perjudicadas en numerosos ámbitos. Por lo tanto, tampoco hemos alcanzado una igualdad plena.
Exacto, pero no es legal discriminar. La desigualdad se reproduce culturalmente, está por debajo. Todos los datos —trabajo, recursos, tiempo, estrés…— te demuestran cómo las mujeres sufren desigualdades.
¿Por qué muchos hombres jóvenes consideran que el feminismo ha llegado demasiado lejos? ¿Responde a una sensación de pérdida de privilegios? ¿A desinformación?
Es multifactorial. Hemos observado una paradoja: son generaciones que han crecido en tiempos formalmente igualitarios. Todo el mundo dice que chicos y chicas son iguales. Entonces piensan: ¿por qué se siguen haciendo políticas feministas? No perciben la desigualdad estructural. Tienen edades en las que aún no se han encontrado con la distribución sexual del trabajo, con la conciliación familiar, con la brecha salarial. Lo pueden ver en casa, pero no lo han vivido. Además, son hijos de la cuarta ola feminista (2018), cuando todos estos temas estaban en la agenda y parecía que la voz de las mujeres tenía valor y atención. Al mismo tiempo, llega el discurso de la manosfera, del neomachismo, que dibuja la idea falaz de que hoy en día los hombres son las víctimas. Los hombres jóvenes no perciben la desigualdad estructural porque han crecido en una sociedad formalmente igualitaria.
Hay una pérdida de posición, de identidad. Ya no pueden ser aquellos hombres que proveían y que tenían a la mujer en casa. ¿Qué hombres pueden ser ahora? Está en disputa, a la vez que el neomachismo tiene una propuesta ideológica. Actualmente hay un señalamiento público hacia prácticas que eran típicas del hombre del pasado; no hay una idea clara de qué hombre se puede ser ahora y, al mismo tiempo, la extrema derecha tiene una propuesta discursiva muy potente, que habla directamente a los chicos jóvenes. Les promete que les dejará ser los hombres que la corrección política, la izquierda y el feminismo no les dejan ser.
El estudio recoge opiniones de 239 adolescentes de entre 14 y 15 años. ¿Qué sentimientos percibía? ¿Señalamiento, rabia, injusticia, miedo?
Los chicos y las chicas conviven, pero no se comunican. Ellos sienten enfado y necesitan decir que están enfadados y que se sienten señalados. Pero es un discurso que no está conectado con su experiencia cotidiana. Hay una serie de relatos que se reproducen exactamente en un extremo y en el otro de Barcelona, con las mismas palabras. Por ejemplo, te dicen que hay 400 leyes que discriminan a los hombres. Ni 200, ni 1.500, 400. Eso es claramente un discurso que viene de fuera. Sienten que hay una acusación difusa hacia los hombres, pero no es una experiencia propia. Hasta cierto punto es positivo, porque se puede trabajar.
Todos los discursos sobre leyes, cuotas y discriminación en los tribunales que circulan en los grupos de chicos se desactivan en los grupos mixtos. No se enfrentan a ningún juicio ni están preparando unas oposiciones. Cuando les preguntas por su día a día, por cómo piensan organizar su vida futura, tienen aprendizajes igualitarios implícitos. Dan por hecho que trabajarán y cuidarán por igual, que la violencia sexual está mal y que el consentimiento es un límite. Te hablan de la pornografía como un elemento que perjudica su visión de las chicas.
¿Por qué reproducen esos discursos si han sido educados en la igualdad y tienen aprendizajes implícitos?
El malestar que sienten es real. Se sienten acusados de forma difusa. También es el momento de la irreverencia. Ellos creen que el sistema es feminista, por lo tanto, la posición irreverente es no serlo. Les da una sensación de fraternidad, es el lugar donde encajar. Una de las chicas entrevistadas nos explicaba que los chicos dicen cosas delante de los amigos que con los padres o compañeras no dicen. La paradoja es que hace unos años tenías hombres con un aprendizaje machista que, para encajar, intentaban ser feministas, y ahora es al revés. Hoy hay chicos que mandan a las chicas a fregar, pero en su casa friegan tanto o tan poco como su hermana.
Hace unos años tenías hombres con un aprendizaje machista que, para encajar, intentaban ser feministas, y ahora es al revés.
Pero hay que trabajar esos discursos.
Exacto. Si no se trabajan, acaban impregnando los comportamientos y el voto, la forma de entender el mundo. La manosfera es un espacio profundo donde los hombres comparten sus malestares de género y con el feminismo, y a veces se pueden producir radicalizaciones y posiciones de odio hacia las mujeres.
La cuarta ola del feminismo se basa sobre todo en señalar la violencia sexual. ¿Qué piensan los chicos y las chicas?
Mientras los chicos están en ese lugar tan discursivo y de queja, las chicas son hijas profundas de la cuarta ola porque su preocupación es la violencia sexual. Es lo único que las hace sentirse desiguales; por lo demás, creen que podrán elegir qué estudiarán y qué harán con su vida. La violencia sexual conecta a todas las chicas y tiene que ver con su miedo y autolimitación. El sentimiento de tener que vigilar lo que hacen para evitar ciertas situaciones les genera mucha indignación. Antes de preguntarlo en los grupos de discusión, ellas ya sacaban este tema. Siempre hay relatos en primera persona y conocen todo el abanico, desde las miradas hasta la violación múltiple. Tampoco usan estereotipos: no hablan de un señor en un callejón oscuro; puede ser un maestro, un tío, un cura. La violencia sexual conecta a todas las chicas y tiene que ver con su miedo y autolimitación.
Los grupos de chicos, por su parte, reconocen la violencia sexual, pero la minimizan. Quizá no haría falta hablar de ello todo el tiempo, al final parece que seamos todos, piensan. En los grupos mixtos, cuando hay escucha directa a las chicas, muchas veces se generan procesos de ponerse en el lugar del otro. Y ahí es donde se produce el cambio y empiezan a pensar juntos qué hacer.
¿Qué preocupa más a las chicas?
También preocupa mucho la presión en el terreno sexual. No es tanto encontrarse con alguien que las toque como tener las primeras relaciones íntimas y encontrarse con determinadas demandas, expectativas y prácticas. También hablaban mucho de la pornografía y de la presión estética.
Ha hablado de la importancia de dialogar entre chicos y chicas. ¿Qué otras herramientas pueden ayudar a desactivar el discurso neomachista?
Las recomendaciones han salido de los mismos jóvenes, de los grupos mixtos. La estrategia más clara es la de tenerlos juntos y vinculados. Ahí se puede hacer todo lo que tiene que ver con política comunitaria. Puedes incentivar grupos de teatro, deporte mixto, centros juveniles… Puedes fomentar los educadores de calle. También es importante que haya menos pantallas: si tú y yo estamos en el parque cada día, seremos más empáticos con lo que nos pasa que si estamos cada uno en casa con el móvil.
Con respecto a las redes, los grupos más igualitarios pensaban que ciertos contenidos les llegan demasiado pronto. Los chicos y chicas de 15 años me decían que con 12 o 13 ya recibían pornografía y discursos extremos de youtubers que teorizaron que el feminismo es un nazismo. Con el porno puedes poner límites más fácilmente, pero con la otra cuestión solo puedes hacer un debate público sobre cuándo pueden tener un móvil. Tenemos que ver qué herramientas tenemos para que ciertos contenidos lleguen lo más tarde posible.
¿Qué más reclamaban?
Son muy críticos con las formas en que intervenimos en las escuelas. Los talleres en las aulas generan mucho rechazo. Si estuviera más interiorizado y partiera más de la vivencia, sería más efectivo. Piden una intervención más aterrizada en su vida.

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