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Mayores en verano: el baile puede ser un remedio para los síntomas debilitantes del Parkinson

La Universidad de York descubre que practicar la danza con música unas cuatro horas a la semana ayuda a atajar los efectos nocivos de esta grave enfermedad.

Baile para personas mayores en la plaza del Ayuntamiento de Armilla (Granada)
Baile para personas mayores en la plaza del Ayuntamiento de Armilla (Granada). Ayto de Armilla

Aunque aprieta la canícula y hay momentos de día en los que es mejor estar al fresco o tomando un refresco, los mayores siempre puede sacar hueco estos días de verano para hacer ejercicio, muy recomendable también en época estival. Muchos son los beneficios que tiene tiene el baile para conseguir mantener el cuerpo en forma en las personas mayores que se lo puedan permitir. Pero es que además se ha demostrado que bailar puede ser un gran remedio para atajar los síntomas debilitantes de la enfermedad de Parkinson, según ha ratificado la Universidad de York (Canadá) en un estudio publicado en la revista Brain Sciences. Concretamente se recomienda bailar con música unas cuatro horas a la semana.

Esta práctica ayuda a aminorar tanto el deterioro motor y cognitivo, como así las áreas relacionadas con el habla, los temblores, el equilibrio y la rigidez, en comparación con quienes no realizan ningún ejercicio de danza. Los resultados investigación mostraron mejorías significativas.

"La experiencia de actuar y estar en un ambiente de estudio con instructores de baile parece proporcionar beneficios para estas personas. En general, lo que sabemos es que la danza activa áreas del cerebro en quienes no tienen Parkinson. Para quienes padecen la enfermedad, incluso cuando se trata de una deficiencia motora leve, el baile les hace sentirse mejor consigo mismos", declararon los expertos.

La investigación tenía como objetivo crear una estrategia a largo plazo y aplicar la neurorrehabilitación para combatir los síntomas del Parkinson. La actividad multisensorial, como el aprendizaje de la danza con música, incorporaba el uso y la estimulación de varias modalidades sensoriales en el entorno de la danza: la la percepción táctil, la percepción, la cinestesia, la organización social, la visión, la audición, y la control de la expresión, el olfato, el vestibular y el equilibrio.

En la investigación participaron 16 personas con Parkinson leve a moderado. Concretamente once hombres y cinco mujeres con una edad promedio de 69 años, fueron evaluados entre octubre de 2014 y noviembre de 2017. El emparejamiento se realizó por criterios de edad y gravedad de la enfermedad. Las personas mayores participaron en ejercicios de danza en los que practicaron movimientos aeróbicos y anaeróbicos. Luego, este grupo se comparó con 16 participantes que no bailaban (el grupo de referencia).

Las clases empezaron con un calentamiento sentado mientras sonaba música en vivo. Después trabajaron barra y terminaron moviéndose por el suelo. Todos los participantes aprendieron la coreografía para una actuación. Para concluir, los investigadores grabaron vídeos y realizaron algunas preguntas a todos los participantes con fines estadísticos.

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