Entrevista a Samuel Nacar"El Mediterráneo es la fosa común más grande del mundo y tenemos que seguir documentándolo"
Hablamos con el fotoperiodista, galardonado con el World Press Photo en la categoría de reportaje gráfico por 'Las sombras ya tienen nombre', un proyecto que retrata a los supervivientes de las prisiones sirias.

Barcelona--Actualizado a
El fotoperiodista Samuel Nacar (Barcelona, 1992) ha ganado el World Press Photo 2025 en la categoría de reportaje gráfico de la región de Asia Occidental, Central y del Sur por Las sombras ya tienen nombre. El proyecto denuncia el horror que vivieron los supervivientes de la prisión de Sednaya, en Siria, mientras Bashar al-Assad lideraba un régimen de "miedo" y de "control". Las fotografías se publicaron en la revista 5W.
Los trabajos galardonados del prestigioso concurso internacional de fotografía se podrán ver en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) hasta el 14 de diciembre. La ganadora de la foto del año ha sido la palestina Samar Abu Elouf, por la captura de un niño mutilado por un ataque israelí en Gaza. A nivel estatal, también ha recibido un premio el fotógrafo Luis Tato por el reportaje Revuelta juvenil en Kenia.
¿Qué significa para usted recibir este premio?
Como fotoperiodista freelance, siento que mi trabajo ha sido validado. El mercado está muy complicado y, en el mundo capitalista en el que vivimos, lo más importante, normalmente, es la validación. Cuesta mucho ganar dinero y parece que lo estés haciendo mal, pero, de repente, recibir este premio implica que lo estás haciendo bien, que no es culpa tuya.
"En el mundo capitalista en el que vivimos, lo más importante es la validación"
El título del proyecto es 'Las sombras ya tienen nombre'. ¿Por qué era importante poner cara y voz a las personas que habían vivido un infierno en la prisión?
Hacía diez o 12 años que no sabíamos quiénes eran esas personas. No sabíamos el nivel de violencia que estaban sufriendo en Siria. Conseguir información era una tarea casi imposible. Amnistía Internacional lo intentó y salieron algunos documentos, pero solo una persona había hablado de lo que pasaba allí dentro. Y creo que era fundamental, porque podíamos ver cómo era la guerra, pero no la dictadura de posguerra.
En un mundo marcado por la inmediatez y la desinformación, ¿cree que reportajes como el suyo ayudan a conectar y a entender mejor lo que pasa a kilómetros de distancia?
Sí. Además, el reportaje no solo explica la historia de los prisioneros de Siria, sino que explica cómo se perpetúa un sistema de violencia y de control a través del miedo. Eso es algo muy internacional. Ese tipo de reportajes que parecen superlocales, que hablan de la prisión de Sednaya y de Siria, en realidad hablan de mucho más: de cómo la humanidad gira en torno a esas dictaduras y al control.
"El reportaje no solo explica la historia de los prisioneros de Siria, sino cómo se perpetúa un sistema de violencia y de control a través del miedo"
Una de las cuestiones que se denuncia en el reportaje publicado con sus fotografías es que, a menudo, las detenciones fueron arbitrarias.
Sí, una de las cosas que siempre se decía es que en Siria las paredes escuchaban, como en Rusia o en el Berlín Oriental del pasado. Nosotros intentamos demostrar que las detenciones eran completamente arbitrarias para generar miedo y control. El régimen necesitaba demostrar que estaba por encima.
¿Cuánto tardó en realizar este reportaje?
Una semana. Yo soy freelance y Agus [Morales] es el director de una revista que apuesta por el periodismo a fuego lento [Morales firmó el texto del reportaje en el que aparecieron las fotografías]. No teníamos que hacer una última hora. Eso lo cambia todo. En una semana puedes hacer muchas cosas, pero cuando estás atado a los deadlines, no puedes llegar a hacer una investigación en profundidad.
¿Cómo fue fotografiar a personas que pensaban que no saldrían vivas de esas prisiones, que han sufrido torturas, dolor, hambre, miedo?
Fue un acto casi psicológico. Ellos acababan de salir y tenían clarísimo que querían contar su historia. Cuando pasas por algo así, la familia o los amigos pueden mostrar interés, pero no lo entenderán. Nosotros buscábamos la profundidad y les hacíamos preguntas que ellos querían responder.
¿Cómo se ganó la confianza de los prisioneros?
No creo que sea una cuestión de ganarse la confianza, sino de que el intercambio esté claro. Nosotros queríamos documentarlo todo y ellos tenían que decidir si querían explicarse o no. La caída de Bashar al-Assad implica su marcha. Nadie lo detiene ni lo mete en prisión. Entonces, para los prisioneros, es casi un acto de rabia y venganza narrar todo lo que hizo aquel régimen.
Usted está especializado en rutas migratorias por el Mediterráneo y en refugiados. ¿Cree que este tipo de fotoperiodismo genera un impacto real en la sociedad y, de rebote, en las políticas migratorias?
Para mí hay dos debates. El primero es que no podemos dejar que la gente muera y sufra en nuestras fronteras. Y el segundo es si tenemos capacidad de integrar a toda esa gente en nuestras sociedades. En eso no entraré, porque creo que es un tema muy profundo. Yo de lo que hablo es de la injusticia en nuestras fronteras y de cómo pretenden construir un estado de derecho con todas esas ilegalidades y vulneraciones de derechos fundamentales. El Mediterráneo es la fosa común más grande del mundo. Tenemos que seguir documentando todo eso.
A la pregunta de si mi trabajo genera un impacto, yo creo que sí. Por eso lo hago y confío profundamente en ello. El reportaje de Siria plantea si Bashar al-Assad debe estar libre o no. Si ha cometido crímenes de guerra o no. Hemos certificado que vulneró derechos fundamentales, que no debería estar libre y que debería ser juzgado por un régimen que tuvo sometida a la población siria a la violencia, al control y al miedo.
"Bashar al-Assad debería ser juzgado porque vulneró derechos fundamentales y sometió a los sirios a un régimen de control y de miedo"
Sabiendo la importancia de su labor, ¿cómo describiría el panorama del fotoperiodismo en la actualidad? Y especialmente en zonas de conflicto.
En los últimos años hemos vivido una invalidación de los medios de comunicación por parte de las grandes fuerzas políticas. Cada vez vivimos en un mundo más polarizado, donde ya no confiamos en los medios, y el periodismo —no solo el fotoperiodismo— está muy denostado. ¿Qué significa eso? Que nadie quiere pagar porque no hay audiencia, y los poderes fácticos, que son los que deberían poner el dinero, han visto que ya no necesitan a los medios para hacer sus campañas políticas. Ya no los necesitan para explicar a la población cómo funciona todo; ahora tienen las redes sociales. El periodismo está en un estado de resistencia muy complicado. Ya no hablaré del dinero o de lo que cobramos, porque eso significa que, al final, está haciendo muy bien su trabajo de contrapoder.
Pero, por otro lado, por primera vez en la historia, hay una democratización de las herramientas de transmisión. Podemos llegar a un público sin tener que depender de un medio. Yo siempre pongo de ejemplo a Ruido Photo, que es una cooperativa de Barcelona que casi no utiliza los medios. Ellos hacen exposiciones en la calle y llevan esa información a muchos pueblos de Catalunya. En definitiva, el periodismo está tocado, pero ahora tenemos las herramientas para comunicar sin depender de cabeceras con una ideología.
Hablaba del periodismo como contrapoder. En Catalunya y en todo el mundo se denunció el asesinato sistemático de periodistas en la Franja de Gaza. ¿Cree que todo eso quedará impune?
Desgraciadamente, sí. En la presentación del World Press Photo tuvimos a la periodista palestina Samar Abu Elouf, que es casi una especie en peligro de extinción. En Gaza han matado al 40 o 50% de los periodistas que había. A veces solo nos quedamos con la cifra, que son alrededor de 260, más los heridos, pero en una población de dos millones de personas, es un porcentaje altísimo de periodistas asesinados. Es muy grave. Samar tenía una posibilidad de dos de sobrevivir. Ella huyó de Gaza porque sabía que era un objetivo de Israel. Las muertes quedarán impunes porque Europa, que era quien podía condenarlo, no lo ha hecho y no lo hará.
"En Gaza han matado al 40 o 50% de los periodistas que había"
¿Qué piensa del hecho de que no se permitiera la entrada de medios internacionales para cubrir la información en la Franja palestina?
Horrible. Actualmente se habla mucho de la necesidad de que sean los locales quienes hablen de su país, porque siempre somos los occidentales quienes contamos la historia. Es una cuestión colonialista. Pero pienso que nosotros, al final, trabajamos para nuestras poblaciones. Somos unos privilegiados y vivimos en Europa, uno de los continentes más potentes y con más capacidad de decisión. Por lo tanto, tenemos que impactar en nuestras sociedades y en nuestros políticos.




Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.