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Mes y medio encerradas en su lugar de trabajo: el confinamiento extrema la precariedad de las cuidadoras

Trabajadoras internas del hogar denuncian las lamentables condiciones de trabajo que se ven obligadas a aceptar. En España hay en torno a 600.000 trabajadoras del hogar y cuidados. Solo dos tercios están afiliadas a la Seguridad Social. 

Una empleada doméstica trabajando una imagen de archivo. EFE
Una empleada doméstica trabajando una imagen de archivo. EFE

MARIO ESCRIBANO 

"Tengo un espacio. Dime por acá". Es lo que responde Alejandra (nombre ficticio) cuando este periódico la contacta a través de WhatsApp. Es una de las muchas trabajadoras internas del hogar que se han visto forzadas a ampliar una ya dilatada jornada laboral que ahora se extiende a las 24 horas del día de los siete días de la semana. En una amplia parte de los casos, sin tener ningún contacto con el exterior.

Alejandra llevaba siete meses trabajando en el domicilio en el que está pasando el confinamiento, donde cuida de un matrimonio de más de 90 años. Procedente de Colombia, llegó a España hace tres veranos y, desde entonces, los cuidados de personas mayores han sido su único empleo. Trabaja como interna, pero siempre había tenido un pequeño descanso semanal: desde el mediodía del sábado a la noche del domingo. "Ese tiempo ellos se quedaban solos: son una parejita y se cuidan el uno al otro", detalla a través de las notas de audio entre las que se desarrolla la entrevista.

El 15 de marzo fue el último fin de semana que tuvo ese descanso, pero también es el tiempo que ha estado prácticamente sin pisar la calle. Esas 36 horas las aprovechaba para ir a su domicilio, donde vive su pareja. "Desde que comenzó la norma estoy aquí todo el tiempo, excepto para bajar la basura", continúa. "No se me ha hecho muy dura esa parte porque él llegó a España en octubre y habíamos estado años separados".

El sueldo Alejandra es de 800 euros a pesar de cuando fue contratada el SMI ya estaba en 900

Su situación se explica porque, al igual que muchas otras compañeras, no le queda otra. "Es el único ingreso que tenemos para pagar el alquiler y los alimentos. Mi pareja estaba intentando encontrar empleo, pero es difícil con esta nueva situación", dice. "No me puedo permitir el lujo de dejar el empleo. Yo tengo claro que tengo que estar aquí y esperar a que esto pase".

De hecho, cuando llegó el confinamiento, preguntó por cuáles iban a ser condiciones laborales y le dijeron "que cuando terminara esto hablábamos, pero quería hablarlo antes porque luego me pueden salir con cualquier cosa". "El tiempo extra que trabaje me van a remunerar la mitad en dinero y la otra en tiempo. Acepté porque voy a necesitar relajarme cantidad de días, es muy estresante estar aquí encerrada", explica.

Eso sí, critica que le ofrecían 40 euros por día extra, algo a lo que se negó. "Era muy poquito". Al final tuvo que aceptar 50 euros, aunque sigue negociando en qué plazo recibirá la remuneración. "Estoy haciendo un sacrificio y no puedo trabajar fiado y cobrar por cuotas", critica, aunque ya ha tenido que ceder en algunas condiciones "porque cuando hay necesidad, toca amoldarse a las situaciones: no puedo ponerme a exigir porque no tengo papeles y encontrar empleo es medio imposible".

No tener papeles va de la mano con no poder firmar un contrato, y la consecuencia es que "el sueldo queda muy por debajo del Salario Mínimo Interprofesional". En su caso, siempre negocia con los hijos, aunque el matrimonio alguna vez le ha dicho que "no podían aumentar porque tenían muchos gastos y no les alcanzaba con la pensión". "Para eso están los hijos, para complementar lo que haga falta, pero no logro nada", agrega. Su sueldo, por cierto, es de 800 euros, "y cuando me contrataron el SMI ya estaba en 900: venía de 10 meses sin empleo y tuve que aceptar".

"Quiero que al menos me reconozcan como trabajadora, al igual que ellos trabajan en sus empresas y tienen derechos"

"Siempre dicen que hablamos después y se queda en el limbo. Quiero que al menos me reconozcan como trabajadora, al igual que ellos trabajan en sus empresas y tienen derechos, ¿por qué no hacen lo mismo?", se pregunta antes de espetar que "con el cuento de que una no tiene papeles arreglan todo, como si los papeles fueran los que trabajan: son las mismas tareas con ellos o sin ellos". "Una pierde todas las esperanzas de ganar", lamenta.

“El subsidio es importante, pero no suficiente”

En España hay en torno a 600.000 trabajadoras -el 96% son mujeres- del hogar y cuidados, y en este colectivo denuncian que solo dos tercios están afiliadas a la Seguridad Social. Prácticamente la mitad son mujeres procedentes de otros países, pero la cifra de migrantes crece cuando se trata de la modalidad interna.

Alejandra forma parte de Territorio Doméstico, una de las asociaciones en las que las trabajadoras del hogar se han organizado en los últimos años. Su portavoz, Rafaela Pimentel, explica que "la situación es la misma que durante todos estos años de lucha: el cuidado es un sistema con un régimen especial donde no se garantizan derechos básicos como puede tener otro trabajador".

"Estamos haciendo un trabajo que sostiene la vida de la gente, y ahora ha salido más a flote, sobre todo por las compañeras internas"

"Estamos haciendo un trabajo que sostiene la vida de la gente, y ahora ha salido más a flote, sobre todo por las compañeras internas", lamenta para recordar que, al ser personas mayores, "se han quedado ahí sacrificándose, sin estar en sus casa para mantener la seguridad tanto de ella como de las personas que cuidan". "Nos ocupamos, en gran medida, de atender las necesidades de atención y cuidados que no son cubiertas por un sistema público de atención, insuficiente e infradotado", critica.

Aunque Pimentel celebra la llegada del subsidio aprobado por el Gobierno, considera que es fruto de la presión que hicieron estos colectivos "desde el primer día". "Se consiguió y es importante, pero no suficiente para este colectivo porque se va a quedar fuera mucha gente, ya sean sin papeles o con papeles pero sin estar dadas de alta", apunta. También afea que este tema se trate "como si no fuera urgente, pero la vida de las trabajadoras de hogar está ante situaciones muy críticas, como las familias que no tienen qué comer".

"Nos han denominado trabajadores esenciales pero no se está cumpliendo con lo que necesitamos. Seguimos exigiendo la ratificación del convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo. Lo teníamos a punto y se podía haber ratificado ahora, que llevamos casi 13 años en esta historia", reivindica la portavoz de Territorio Doméstico.

"La Administración no puede delegar en un cuerpo a cuerpo"

Desde la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Bizkaia denuncian que "la ley de extranjería no permite estar dadas de alta a las sinpapeles" y la tachan de "hipócrita": "Saben que hay un montón de mujeres resolviendo los problemas de cuidados que hay en este país y no les da ningún derecho. Llevamos años reclamando a Inspección de Trabajo que investigue y llevan años mirando a otro lado".

Lorea Ureta, militante de este colectivo, explica que también "se quedan fuera del subsidio todas las trabajadoras del hogar cuyo empleador muera, aunque estén dadas de alta, en un contexto en el que la mayoría cuida a gente mayor". "Y luego hay muchas que no tienen casa ni dónde ir: la Administración tiene que ofrecer casas para ellas", relaciona.

Lorea Ureta, militante de este colectivo, explica que también "se quedan fuera del subsidio todas las trabajadoras del hogar cuyo empleador muera"

Otro de los puntos que destaca Ureta es que, entre quienes tienen derecho al subsidio, "va a haber un importante número que va a cobrar menos de los que les corresponde". "La Seguridad Social está cometiendo fraude con las cotizaciones porque no está regularizando en función al SMI. Tenemos muchísimos casos en los que los empleadores han declarado jornadas completas y, aunque ha subido mucho el salario mínimo, siguen cotizando por debajo", explica.

"La Seguridad Social debería haber revisado esas cotizaciones y avisado a los empleadores de que les iban a pasar una cuota en base a eso y no lo han hecho porque no les ha dado la gana", asevera. Pone como ejemplo el caso de las trabajadoras que "han declarado a tiempo completo y tienen la base de cotización de 867 euros, pero tendrían que tener 1097 euros".

En cualquier caso, en este colectivo argumentan que "el problema del empleo de hogar es que la Administración ha delegado la negociación de cada contrato en un cuerpo a cuerpo con la parte empleadora, y esto no puede seguir así". "Aquí no hay compañeros para reivindicar derechos o hacer piña. No hay posibilidad de apoyo interno dentro del trabajo", detalla.

“Solo ha cambiado que estoy totalmente encerrada”

Bárbara (nombre ficticio) ha cumplido su primer año en España encerrada en el que es, al mismo tiempo, su centro de trabajo y domicilio. Desde verano trabaja en modalidad fija con una mujer de 90 años. "Es la primera vez que trabajo de interna cuidando a una señora mayor", comenta, al igual que Alejandra, a través de notas de audio de WhatsApp.

Solo tenía un día de descanso cada dos semanas: "Esas 24 horas me quedo donde alguna amiga o algo que encuentre". El problema, incide, es que su último descanso fue el 1 de marzo, pues cuando tenía que haber sido el siguiente día para estar a su aire acababa de decretarse el estado de alarma. El día 12 fue el último que pudo pisar la calle para algo más que no fuera sacar la basura.

Al igual que Alejandra, Bárbara no tiene contrato —"mi sueldo y ya"— y ni le han ofrecido un extra por la situación

También ha tenido que decir adiós a las dos horas libres que tenía acordadas cada día, aunque no se solían cumplir: "Yo la dejaba en el bar con sus amigas, pero había días que no quedaban o quedaban menos tiempo, así que no podía disfrutar de las dos horas. En realidad, solo ha cambiado en que estoy totalmente encerrada".

"Si necesitamos algo, los hijos han dicho que llamemos y nos traen lo que necesitemos, pero a veces parece que pretenden que la compra nos dure un mes", cuenta esta cuidadora. Pese al escaso tiempo de descanso, asegura que "hasta que ha llegado el confinamiento no lo llevaba muy mal porque soy una persona a la que le gusta mucho estar en casa".

Pero también se ha acabado hartando de la situación: "Necesito poder dar una vueltica y me dé un poco el aire. Llevo una semana que ya noto que necesito salir. Me siento cansada, agobiada, de mal humor y a veces quiero descansar un poquito, recostarme… Pero si ella no me ve al lado suyo un rato empieza a quejarse".

En su caso, tampoco tiene mucha vida social por el poco tiempo que lleva en España, pues a veces ha conseguido hacer alguna amistad, "pero este trabajo no da para más, y al final te acaban haciendo a un lado, no te tienen en cuenta, porque saben que no tienes tiempo de nada y no puedes hacer planes".

“Lo ven como si fuera lo mejor par mí”

Al igual que Alejandra, Bárbara no tiene contrato —"mi sueldo y ya"— y ni le han ofrecido un extra por la situación: "Todo sigue normal, no hemos hablado, los hijos ni siquiera se han molestado en preguntar cómo llevo la cuarentena". De hecho, pone como ejemplo que la última vez que le tocaba descansar se lo recordó a la familia para que le pagaran el extra, pero simplemente le preguntaron para asegurarse de que no abandonaría el domicilio.

Cuando ha pedido días libres, la respuesta ha sido rebajar el sueldo: "Me pagan ya mal y para descansar me pagan aún peor. Encima lo ven como si esto fuera lo mejor para mí, como que debo estar satisfecha porque me ahorro el alquiler y la comida".

"No está muy valorado este trabajo. Es lo que le pone a una mal a ratos, sobre todo en esta situación en la que estás colaborando", zanja.

En ese sentido, Alejandra recuerda que "una interna hace casi el doble de horas: empiezas a las 10 de la mañana, cuando se levantan, y estás hasta que se retiran a su habitación, sobre las 12 de la noche, aunque ahora algo más tarde. Hasta entonces no puedes descansar".

"No es que haga todas las horas de oficio, sería mentira, pero sí que tienes que estar vigilante. El horario de las internas dura todo el día. Cuando te contratan, los patrones le dicen a uno que el piso es muy pequeño, que no hay mucho oficio, siempre empiezan por ahí, pero no tienen en cuenta esto", cuenta para incidir en el agravio comparativo: "Es desagradecido porque a la gente de vigilancia sí la remuneran por estar despierta aunque no haga oficio".

"No está muy valorado este trabajo. Es lo que le pone a una mal a ratos, sobre todo en esta situación en la que estás colaborando", zanja.

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