Cómo Europa convirtió la ruta canaria en la más letal: "Se ha trivializado la pérdida de vidas humanas"
En 2025, más de 1.900 personas murieron intentando llegar a las Islas Canarias por mar, según el último informe de la ONG Caminando Fronteras.
"El Atlántico acabará convirtiéndose en un enorme cementerio", dice Mohammed Ouhemmou, profesor asociado de la Universidad Ibn Zohr de Agadir y especialista en políticas migratorias en el norte de África.

Madrid-
"La ruta canaria es un necrocorredor". Así define Mohammed Ouhemmou, profesor asociado de la Universidad Ibn Zohr de Agadir y especialista en políticas migratorias en el norte de África, el trayecto más letal del mundo.
En 2025, más de 1.900 personas murieron intentando llegar a las Islas Canarias por mar, según el último informe de la ONG Caminando Fronteras. Una cifra que no responde únicamente a temporales, embarcaciones precarias o a la acción de redes de tráfico, sino que, para Ouhemmou, el principal motor de esta mortalidad es fruto de las políticas públicas europeas.
"Se ha normalizado y trivializado la pérdida de vidas humanas en esta frontera", sostiene el experto en conversación con Público. La securitización y militarización de la migración, impulsadas por la Unión Europea y países asociados, han restringido y bloqueado rutas históricamente más cortas y seguras, especialmente en el Mediterráneo, según explica. El efecto ha sido un desplazamiento forzado de la movilidad hacia trayectos cada vez más largos y letales, como en el Atlántico rumbo a Canarias.
La ruta canaria funciona, además, como un espacio periférico de sacrificio. "Es el patio trasero de Europa", dice Ouhemmou, un lugar donde "las muertes ocurren lejos del foco mediático y político. A nadie le importan los cuerpos que están enterrados atrás". El Mediterráneo, en cambio, sería "el patio delantero", ya que el experto lo considera más visible, más documentado, más presente en los medios de comunicación y la agenda pública.
La peligrosidad del Atlántico se ve agravada por su enorme extensión. Cuando una embarcación pierde el rumbo, las posibilidades de alcanzar tierra o de ser localizada se reducen drásticamente. Según datos de Caminando Fronteras, entre enero y mayo del año pasado se perdió el rastro de 38 embarcaciones con todas las personas que viajaban en ellas. Solo algunas llegan, tiempo después, a costas del continente americano, sin rastro de vida a bordo, tras una travesía imposible.
El papel de la Unión Europea
Ante el aumento de las llegadas, la Unión Europea ha respondido reforzando el control y el blindaje de sus fronteras. Para ello, se ha equipado con tecnología avanzada y capacidad operativa suficiente, pero las despliega de forma prioritaria para frenar la migración, no para salvar vidas, según denuncia el experto. "Cuando se trata de impedir los cruces, hay inversión, despliegue y coordinación, pero cuando hay un accidente o personas en peligro, no ocurre lo mismo. No es un problema de medios, sino de prioridades políticas", señala Ouhemmou.
Y advierte de que "si no cambian las políticas y continúa el desinterés y la invisibilización de la ruta canaria, el Atlántico acabará convirtiéndose en un enorme cementerio".
El Atlántico acabará convirtiéndose en un enorme cementerio
Europa también ha apostado por financiar a terceros países para frenar la migración, transfiriendo millones de euros a países africanos para reforzar sus fuerzas de seguridad y detener las salidas de migrantes. Además, las instituciones europeas acaban de adoptar un acuerdo provisional sobre la legislación que permitirá crear centros para deportar a países terceros a migrantes y solicitantes de asilo, y que busca restringir la admisibilidad de las solicitudes.
A esta externalización del control fronterizo se suman, según explica el académico, los programas de desarrollo destinados a crear empleo y reducir las causas de la migración. El problema, para Ouhemmou, es que ese enfoque parte de una premisa equivocada, ya que "la migración no se explica únicamente por la necesidad económica". De hecho, considera que cuanto mayor es el nivel educativo, mayores son las aspiraciones y el deseo de migrar. "Migrar también tiene que ver con expectativas de vida, libertades individuales, posibilidades de expresión y dignidad. Ni el enfoque desarrollista ni el securitario han dado resultados sostenibles", apunta.
Para proteger verdaderamente el derecho a la vida en las fronteras, Ouhemmou habla de la necesidad de una cultura jurídica real. "La mayoría de las personas que hacen cumplir las fronteras no tienen formación en derecho ni información básica sobre derechos humanos, solo formación militar. Hay que enseñar derecho internacional humanitario a quienes están directamente implicados en la implementación operativa del control fronterizo", reclama.
El académico, además, considera que como sociedad se deben abrir vías de integración con acciones políticas. "Los políticos necesitan tener el coraje de, en lugar de capitalizar el miedo, los bulos y la ignorancia, avanzar hacia vías económicamente productivas, como en el caso de España con la regularización", remarca.


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