Mofetas, suricatas, mapaches… los riesgos de tener en casa la mascota equivocada
¿Qué mejor forma de llamar la atención que exhibirnos en redes con nuestra mascota exótica? Todo sea por los 'likes', aunque a cambio podamos contagiarnos de una enfermedad muy desagradable, hacer sufrir a animales que deberían vivir en libertad o llenar nuestros bosques de especies invasoras.

Son como peluchitos sacados de una película de Disney. Aunque no siempre son dóciles, ni se dejan abrazar, como advierte a Público Héctor Sanz, director técnico veterinario en Primadomus, centro de rescate de AAP en España.
Son seres vivos salvajes y eso significa que no han nacido para vivir en cautividad. No solo por su propio bienestar, también por el de las personas y el de los ecosistemas.
Es el caso de las cuatro mofetas rayadas -sí, como las de los dibujos animados, de pelaje negro y una ancha marca blanca en forma de V desde la cabeza al inicio de la cola- que fueron rescatadas el 5 de diciembre en Catalunya, dos en Sitges y dos en Cervelló. Se trata de una especie americana, con nombre científico Mephitis mephitis, de comportamiento solitario y nocturno.
El problema es que, cuando se sienten amenazadas, emplean sus glándulas anales como defensa, liberando un olor muy desagradable, que impregna todo a su alrededor durante semanas. Quizá, por eso, sus dueños acabaron por deshacerse de ellas y abandonarlas -un delito tipificado en el Código Penal-.
Avisaron los vecinos, cuando las observaron comiendo en una colonia felina. El hecho de ser una especie omnívora oportunista -comen de todo lo que encuentren- les facilitaba sobrevivir en un ambiente tan distinto de los bosques de Norteamérica, de donde son originarias.
Víctimas de una moda
¿Y cómo llegaron a Catalunya? "El problema no es tanto el tráfico ilegal, sino la cría en cautividad aquí mismo, en España, para su venta", explica a Público Alberto Díez Michelena, activista a favor de los derechos de los animales y portavoz de la Coalición Listado Positivo. "Hay cientos de anuncios en internet para comprarlas".
Además de mofetas, se pueden encontrar mapaches, suricatas, erizos o zorros fénec. En el centro de rescate donde trabaja Héctor Sanz llegan ejemplares abandonados o incautados de primates y pequeños mamíferos como caracales, servales, kinkayús o pentauros. Todos muy monos.
Y muy salvajes, con heridas físicas o en su comportamiento por haber sido privados de la libertad que necesitan para sobrevivir.
"La moda del exotismo en las mascotas tiene que ver con esa búsqueda de originalidad, de tener algo diferente a un perro o un gato, que es lo que todo el mundo tiene", afirma Alberto Díez. Ocurre con mamíferos salvajes y también con reptiles, un mercado en auge, sobre todo, en el norte de Europa.
Mascotas poco recomendables
"Los mamíferos exóticos, aunque algunos sean legales por el momento, como las mofetas, no llegan a ser animales de compañía adecuados. Están criados en cautividad y están acostumbrados al entorno, pero no tienen comportamientos domésticos, es decir, no son animales que se adapten a estar tumbados en un sofá como un gato", observa Sanz.
"Sus necesidades son silvestres, y no se van a poder cubrir nunca en un domicilio particular, menos en un piso. Precisan ambientes con una complejidad natural, en cuanto a la nutrición y a su socialización con sus iguales, que no se puede cubrir de forma artificial".
Y no es solo por ellos. Por ejemplo, "las mofetas, igual que los kinkayús, son portadoras muy habituales de un parásito intestinal, Baylisascaris, que es zoonótico. Cuando los humanos nos contaminamos con sus huevos, padecemos el síndrome larga migrans visceral, en el que larvas migran por el organismo, provocando problemas como ceguera y cuerpos extraños en ojos y piel", apunta el veterinario.
Suricatas invasores
Luego está el problema del posible daño a los ecosistemas. "La naturaleza hay que preservarla, no contaminarla con especies que no son de esa zona", recalca Sanz. Podrían acabar convirtiéndose en competidoras directas por los recursos de alimentación que necesitan los animales autóctonos, además de la posibilidad de que les transmitan enfermedades para las que no están preparados.
En España ha ocurrido ya con los suricatas y con los mapaches, incluidas en el Catálogo Español de Espacies Invasoras desde 2023. Antes de invadir la naturaleza local, habían sido mascotas abandonadas o que se han escapado de sus encierros.
Porque pueden pasar dos cosas si su dueño las suelta en un descampado. Que prosperen y se reproduzcan y se vuelvan invasoras. O que mueran, ya que no es fácil que se las apañen en libertad. "Como su crianza ha sido en cautividad, no pueden aprender un montón de aptitudes y comportamientos esenciales en el medio silvestre", apunta Sanz.
Por eso, las que son rescatadas, por lo general, no se devuelven luego a su hábitat natural, sino que pasan el resto de sus días en un centro como el de AAP en Países Bajos, que es donde han ido a parar las mofetas catalanas.
Listado positivo
Evitar estos problemas es el objetivo de la Coalición para el Listado Positivo, formada por las asociaciones FAADA, AAP Primadomus y ANDA -de la que Alberto Díez es director-. Lo que piden son listas de animales aptos para ser mascotas.
Por el momento, la regulación que tenemos en España está recogida en la Ley 7/2023, que prevé la creación de este listado positivo, aunque todavía no ha sido ni publicado ni puesto en práctica.
Mientras, "funcionamos todavía con listados negativos, que te dicen lo que no puedes tener: mamíferos silvestres exóticos que superen los 5 kilos de peso en la edad adulta, especies catalogadas como invasoras, o en peligro de extinción según el CITES", apunta Díez. Las mofetas no entrarían en ninguno de estos supuestos.



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