La novela gráfica del nieto de un brigadista: "A veces sueño con localizar los restos de George"
Crispín Green publicó el pasado mes de octubre la novela gráfica 'Meeting trouble half way' en la que recrea la lucha de sus abuelos contra el fascismo en España.

Crispín Green (Londres, 1953) se refiere a su abuelo como George, abatido en el frente del Ebro, en 1938. Crispín se conmueve con el recuerdo de George y de Nancy, la abuela. Rozando la terapia personal, el nieto de los brigadistas ha tejido una novela gráfica, Meeting trouble half way —"Encontrarse con el problema a medio camino"—, en la que recrea la lucha de sus abuelos contra el fascismo en España, y que fue publicada en Londres a finales de octubre de 2024.
"Hemos podido documentar hasta los últimos movimientos de George, y saber quiénes estaban en la trinchera con él hasta que cayeron las bombas que causaron la gran explosión y muertes, muchas muertes", explica Crispín, minucioso y detallista en su relato y en las pruebas que demuestran sus afirmaciones. "No sabemos el lugar exacto en el que cayó, pero sí conocemos el espacio aproximado. Mi mujer y yo vamos cada año a visitarlo. Le llamamos la trinchera de George, cerca de Corbera del Ebro. Cada año añadimos unas piedras a un montón para un monumento", cuenta Crispín. Lleva años profundamente interesado e intrigado en el coraje de George y su adhesión a las Brigadas Internacionales. Primero se fue George; en una carta a Nancy, o Nan, le decía que los hospitales españoles carecían de personal; ella se presentó junto a él al cabo de poco tiempo.
Crispín no solo amontona piedras en cada visita al Ebro para un monumento. También ha esculpido una placa de madera con el nombre y señas de George, que ha depositado con el historiador Alan Warren, residente en la zona, para que pueda colocarse algún día en el lugar donde estuvo en pie por última vez. "Mi mujer y yo hablamos de poder comprar algún día el terrero para excavarlo, buscar sus restos y enterrarlos dignamente. Esto sería una muestra de respeto a lo que hicieron George y Nan, y así cerraríamos este capítulo familiar. A veces sueño con localizar los restos de George", prosigue Crispín, quien alterna palabras sueltas en español con el intento de zurcirlas en frases gramaticales correctas.
George y Nan Green formaron parte de los más de 35.000 voluntarios de 61 países repartidos por todo el mundo que acudieron a España en defensa de la democracia y contra las fuerzas fascistas de Francisco Franco, Adolf Hitler y Benito Mussolini.
Bajo el apelativo de Brigadas Internacionales, los voluntarios extranjeros combatieron durante más de dos años en la Guerra Civil que acabó con el triunfo militar franquista. Crispín Green, como otros muchos descendientes de brigadistas, se ha pegado como una lapa a los relatos de padres y abuelos y al vínculo sanguíneo e invisible que los une a la genética y a la causa política de la democracia y la libertad.
Entre los papeles que sostiene Crispín en la cita con Público, casi acariciándolos, muestra una carta de agradecimiento de Dolores Ibarruri a Nan y otra de George a su madre explicando los motivos que llevaron al matrimonio a dejar a sus hijos (Martín y Frances) en un internado y viajar a España a defender la República contra el fascismo. "Querida madre: No somos militaristas, ni aventureros, ni soldados profesionales […] Si detenemos el fascismo como fuerza mundial aquí y ahora, podemos evitar que esta batalla se repita en Hampstead Heath o en las colinas de Derbyshire", escribe George desde España a su madre en Inglaterra.
Tras la explosión que mató a George, el 23 de septiembre de 1938, en el frente de la guerra, Nan dejó el hospital de Falset (Tarragona) en el que trabajaba e inició la búsqueda de su marido por Gandesa; de allí a Barcelona, peregrinando por hospitales, cuarteles, listas de alistados y defunciones, cárceles o depósitos de prisioneros. "Regresó a Londres sin saber si George estaba muerto o vivo; hasta marzo de 1939 no recibió la notificación oficial del Gobierno británico informando que George había muerto en el frente del Ebro: punto final, no había más detalles", comenta Crispín, quien se empapó a partir de la adolescencia de abuelo muerto contra el fascismo. Martín, padre de Crispín, tenía nueve años cuando Nan, ignorante de su viudedad, dejó España en 1939; su tía, Frances, tenía seis años; ahora, con 93, vive en isla Mauricio. Y anhela también una tumba digna con nombre y apellido para George.
"Nan invitaba a toda la familia a comer los domingos en su casa de Clapham [sur de Londres] y allí empecé a oír cosas de George y de ella en España; primero hablábamos cada uno de cómo nos iba la vida, pero ella solía relacionar detalles con George y España: un día soleado en Londres era como en España, el pío de un pájaro en la ventana, algo español citado en la prensa y, especialmente, la camaradería política la relacionaba con la formada entre los brigadistas en la guerra española y de la guerra a la ausencia de George se encadenaban recuerdos y eventos", recuerda Crispín, quien, por entonces, joven adolescente, retenía los recuerdos de Nan en su mente sin procesarlos. Él había vivido su infancia en Canadá con su madre. Su familia más inmediata; su padre no reprodujo el patrón tradicional de familia al tener seis hijos de distintas mujeres, de los cuales Crispín es el mayor.
Nan Green formaba parte de la Fundación Brigadas Internacionales; publicó sus memorias, A Chronicle of Small Beer: The Memories of Nan Green, un título victoriano (Crónica de la cerveza pequeña -o las cosas de poca importancia-). A la muerte de la abuela, en 1984, su hijo Martin y su nieto Crispín heredaron parte de sus cosas, las más personales; lo más político fue adjudicado a archivos de organizaciones de izquierda. Indagando en sus papeles, padre e hijo descubrieron un nuevo aspecto de la mujer que ya dormía el sueño de los justos. La mayor gesta de la vida de ella había sido, según sus escritos, el traslado a España para combatir el fascismo. En ese capítulo empezaron a hurgar. "Entramos en contacto con brigadistas, con investigadores que reconstruían las batallas de la guerra, con el historiador Alan Warren y el libro de Walter Gregory The Shallow Grave; en 2005 viajamos por primera vez a la zona; para mí es como un proceso de encajar piezas de un puzle racional y emocional, que solo se completará con el hallazgo de los restos de George, el violoncelista que partió a España a luchar por un mundo mejor y más justo para todos", asiente el nieto.
En ese proceso personal, al que alude, de encajar piezas emocionales, Crispín ha contactado con la Dirección General de Atención a las Víctimas y Promoción de la Memoria Democrática para registrar a George como desaparecido, "con la esperanza de que, si encuentran sus restos en alguna excavación, puedan informarme; también les he provisto con muestras de mi ADN para su registro y les he dado los detalles de las coordenadas en las que puede estar enterrado en el caso de que decidan excavar algún día". Al parecer de Crispín, este organismo ha sido de gran ayuda. Al menos, no está solo en busca de los restos del abuelo George.


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.