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Obras en la Alhambra: la polémica de eterno retorno entre PP y PSOE que paraliza la conservación del patrimonio

El monumento nazarí vuelve a ver paralizado una obra en su entorno, la del Paseo de Romayla que pretende urbanizar parte de la colina sobre la que se asienta, por oponerse diversas asociaciones patrimoniales y la misma UNESCO a que se incorpore mobiliario urbano moderno o planchas de hormigón.

Alhambra
La Alhambra de Granada.- ARCHIVO

¿Debería haber bloques de hormigón a los pies de la Alhambra? ¿Y mobiliario urbano común, con farolas y bancos modernos? ¿Incluso un ascensor, de acceso para personas con problemas de movilidad? Y lo más importante: ¿estas preguntas son un debate estético, patrimonial... o político? El monumento granadino no se libra de la polémica en cualquier intervención urbanística o arquitectónica de sus alrededores, y la última actualmente en pausa, el proyecto del Paseo de Romayla, llegó al parlamento andaluz con el PSOE pidiendo más participación de la ciudad en su diseño. Se trataba de una inversión del esquema habitual: hasta finales de 2018, quien exigía al PSOE andaluz que Granada también decidiese era el PP, pero ahora es este quien por primera vez preside la Junta.

El Paseo de los Tristes, donde cuando era posible los turistas se hacían fotos en contrapicado con el palacio nazarí al fondo y que en su día un Bill Clinton de visita y todavía presidente de EEUU bautizó como "el kilómetro más bonito del mundo", está en un margen del río Darro, pero el otro margen es el que rodea la colina de La Sabika, donde se asienta la Alhambra. En este espacio donde se situaría hipotéticamente el futuro Paseo de Romayla –que recibe ese nombre por una acequia que se restauraría–, también llamado en el proyecto municipal –los permisos dependen del Ayuntamiento de Granada, que gobierna Cs con apoyo del PP a la inversa que la Junta andaluza– como Jardines del Reúma, por el Hotel Reúma, el edificio abandonado durante décadas que fuese un hotel por la década de 1910 y que la actual dirección del Patronato de la Alhambra y el Generalife desea renovar.

¿Un embrollo? El objetivo declarado del proyecto del Paseo de Romayla es habilitar para la visita la zona del Bosque de San Pedro –por la iglesia cercana–, frente al mencionado Paseo de los Tristes, urbanizándolo, incorporando acceso para personas con problemas de movilidad y recuperando toda la zona, protegida como parte del conjunto Bien de Interés Cultural (BIC) y Patrimonio de la Humanidad del Monumento. Sin embargo dos Reales Academias de Bellas Artes –la de Granada y la de San Fernando en Madrid–, dos asociaciones de patrimonio privadas –la granadina Oppidum Eleberis y la nacional Hispania Nostra, que ha incluido el palacio nazarí en su Lista Roja de patrimonio en peligro– y el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) –los ojos de la UNESCO sobre el Patrimonio Mundial– condenan su diseño y piden la paralización del proceso, que había abierto una licitación de la obra actualmente sin resolver y es suponer que pausada.

¿Qué critican? Narciso Crespo, coordinador de la asociación Oppidum Eleberis, explica a Público.es que cuando se anunció el proyecto de habilitar la margen izquierda del río se habló de "una intervención blanda". Recuerda que rehabilitar el llamado Hotel Reúma, abandonado desde la década de 1910 y adquirido en el año 2000 por la Junta en Andalucía "ya es controvertido, porque ese edificio en su día provocó impacto ambiental en el conjunto". En la opinión de Oppidum "no es necesario hacer un parque en una zona que ya es verde, apenas habilitar un paseo sin meter materiales ni arquitectura moderna que no se necesita. Con poner en valor las antiguas acequias y los restos arqueológicos y los actuales accesos sería suficiente". Entienden además que la planificación de un bloque de hormigón, el ascensor para dar acceso al paseo a las personas con problemas de movilidad y otras medidas no cumplen el criterio de no ser irreversibles al que obliga la UNESCO a Patrimonio de la Humanidad.

La Alhambra como argumento electoral (y económico)

El caso del Paseo de Romayla está lejos de ser el más sonado en intervenciones en el monumento que se paralizan o son motivo de disputa política. El más reciente y malogrado fue el famoso Atrio de la Alhambra. Fue escondido en un cajón en 2015 en mitad de vaivenes electorales autonómicos y municipales... y tras la detención de la entonces directora del Patronato, María del Mar Villafranca, acusada de prevaricación en el contrato de las audioguías del monumento. La ejecución del llamado Atrio, en realidad una habilitación de los accesos por la zona sur del monumento para, entre otras cosas, ampliarlos, se paralizó sin volver a retomarse aunque ya estaba adjudicada desde 2010 a los arquitectos Álvaro Siza, portugués ganador del prestigioso Premio Pritzker, junto al granadino Juan Domingo Santos

No se deben mezclar ambas circunstancias, aunque en la polémica del momento fueron paralelas. El proceso judicial de la exdirectora y su equipo era por la mencionada renovación en fraude de ley del contrato de las audioguías, cuyas pérdidas para el monumento la Policía Nacional cifró en 5 millones de euros. La Fiscalía pide a Villafranca 5 años de cárcel y a ella y las otras tres personas acusadas una indemnización conjunta de 1,2 millones. Se los acusa, entre otros delitos, de prevaricación, malversación de caudales públicos y blanqueo de capitales. Este mismo enero de 2021 el juzgado de Instrucción número 4 de Granada señaló el caso para juicio oral, por lo que se sentarán en el banquillo de los acusados ante la Audiencia Provincial.

Pero la controversia con el atrio no era tanto judicial o económica como política: el PP, entonces en el Ayuntamiento con el eterno alcalde José Torres Hurtado –más tarde dimitido acusado de corrupción urbanística en el ‘Caso Serrallo’, del que fue absuelto- acusaba a la Junta de Andalucía de gestionar el monumento de espaldas a Granada y querer concentrar el turismo en él restando beneficios al comercio local. En las municipales de 2011, que ganó por mayoría absoluta, Torres propuso un túnel con ascensor bajo la colina de La Sabika que conectase directamente el Paseo de los Tristes con el interior del monumento para "obligar a los turistas" a pasar por el centro de la ciudad.

Recordemos que el monumento granadino recibe, o recibía prepandemia, más de 2,2 millones de visitantes al año. También que realmente la UNESCO, sea por sí misma o a través del mencionado ICOMOS, no tiene capacidad de impedir ninguna obra, que dependen o bien de la Consejería de Cultura o del Ayuntamiento de Granada. Como mucho puede retirar el prestigioso estatus de Patrimonio Mundial. Finalmente: la actual directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife es Rocío Díaz (PP), antigua concejal de Turismo con Torres Hurtado y figura de consenso en la ciudad que sonó como alcaldable tras la dimisión de aquél. Su llegada al monumento fue nombrada por el gobierno de PP-Cs tras las autonómicas de diciembre de 2018 y le sirvió para sustraerse de la disputa interna del PP local.

Un problema de consenso

Antecesor de Díaz y de Villafranca, Mateo Revilla, director del Patronato de la Alhambra atiende a Público.es sobre el particular, recuerda que el primer proyecto del Paseo de Romayla ya fue desestimado en el Plan Especial de Protección y Reforma Interior de la Alhambra, de 1989 –aún vigente pese a que debía renovarse cada 15 años–. Revilla, que dimitió en 2004 tras 19 años al frente de la conservación del palacio nazarí, además, lamenta "la falta de imaginación, el empeño en llevar más y más turismo a la Alhambra y concentrarlo en los mismos puntos cuando hablamos de un monumento que ya está, o estaba, sobresaturado".

A las preguntas sobre este medio sobre la polémica, la actual dirección del Patronato de la Alhambra ha respondido que: "En cuanto al proyecto de remodelación del Paseo de Romayla se está trabajando ahora mismo en opciones para mejorarlo en aras de conseguir el máximo consenso", sin dar más detalles al respecto.

La arquitecta granadina especialista en rehabilitación María de la Barca Fernández-Reinoso valora para Público.es que el proyecto no es, en su opinión técnica, "tan invasivo como se ha hecho ver", y que incluye criterios similares a los que se dan en otros espacios patrimoniales españoles o del sur de Europa, como conjugar conservación patrimonial y "calidad de vida del ciudadano y el visitante", con cuestiones de seguridad y sanidad. Por otro lado advierte que el mismo plan "se adelanta a que quedan catas arqueológicas por realizar que pueden cambiar las cosas". En cuanto a la inclusión de elementos contemporáneos, como mobiliario urbano o barandillas, o el mismo ascensor, cumplen también el criterio de "autenticidad" aplicado en otros espacios Patrimonio Mundial, no ocultando las reformas según el siglo en que fueron realizadas y cumpliendo con la no irreversibilidad.

A este respecto el informe del pasado noviembre de 2020 del ICOMOS, que recogía las informaciones de Oppidum Eleberis e Hispania Nostra, defendía que el paseo de Romayla debería ser "una experiencia única, que no es comparable a la que pueda vivirse en ningún otro espacio de la ciudad y que, por lo tanto, no precisa de mobiliario urbano estándar –bancos, fuentes, papeleras, hitos...– para disfrutar de la misma". Esos elementos "normalizan y vulgarizan" dicho espacio.

Reynaldo Fernández-Manzano, director del Patronato anterior a Rocío Díaz y que ocupó el cargo tras la dimisión de Villafranca, recuerda que el actual proyecto del Paseo de Romayla partió de su mandato y que comenzó con una serie de reuniones con sectores de la cultura de la ciudad y rondas de consultas presentando los detalles. De hecho, cuando su mandato finalizó con el relevo en el gobierno andaluz, se preparaba una exposición abierta a la ciudad sobre el tema.

Fernández-Manzano, que fuese también edil de Granada pero por el PSOE y director del Centro de Documentación Musical de Andalucía, llegó a la Alhambra como figura lejos de polémicas para calmar las aguas tras la detención de su antecesora. No pone ni quita reparos al proyecto del Paseo que hay sobre la mesa pero sí que lamenta "que esa fase participativa que empezamos en 2018 se haya cortado. La Alhambra es un espacio muy sensible para Granada y cuánto más se debata de manera constructiva y más se expliquen las cosas más fácil será todo".

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