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Temporeros Toufik Alasal: la historia del primer muerto en un incendio en las chabolas de los temporeros de la fresa

El joven marroquí que falleció hace un año en Palos de la Frontera vino a España tras la muerte de su padre para mantener a su madre enferma y su cuerpo aún no ha sido devuelto a la familia.

Fotografía de diciembre de 2019, en la que dos migrantes observan el estado en el que quedó  el campamento chabolista de Palos de la Frontera (Huelva).
Fotografía de diciembre de 2019, en la que dos migrantes observan el estado en el que quedó el campamento chabolista de Palos de la Frontera (Huelva). Julián Pérez​ / EFE

Se ha cumplido ahora un año del incendio que en la madrugada del 14 de diciembre de 2019 arrasó parte de un asentamiento de chabolas en Palos de la Frontera (Huelva) y acabó con la vida de uno de sus ocupantes, un joven marroquí de 23 años. Fue la primera víctima mortal de los frecuentes incendios que calcinan las casas de plástico y cartón habitadas por cientos de temporeros migrantes en los pueblos de la fresa donde no tienen acceso a una vivienda. Un año después, Público reconstruye la historia de esa víctima anónima: quién era, de dónde venía y por qué.

El servicio de emergencias 112 Andalucía comunicó  esa mañana que se había producido un incendio en un asentamiento en el polígono industrial San Jorge de Palos, en el que un varón había fallecido y una mujer de 43 años había sido trasladada herida al hospital. El fuego había afectado a una superficie de unos 300 metros cuadrados con unas veinte chabolas. Los medios de comunicación difundieron la noticia de lo que había sido el primer incendio mortal en los asentamientos de temporeros de la provincia de Huelva, pero poco más se supo de su víctima, cuyo cuerpo aún no ha sido enviado a su familia en Marruecos.

Ese cuerpo completamente calcinado por el incendio es el de Toufik Alasal, un joven que justo un año antes, el 14 de diciembre de 2018, había llegado al litoral de Cádiz en una patera procedente de Moulay Bousselham, localidad costera situada a 44 kilómetros al sur de Larache y a 123 de Tánger. Allí siguen esperando ahora sus restos la madre, persona dependiente a causa de una grave enfermedad, cinco hermanas y un hermano, según cuenta una prima de Toufik que reside en Mazagón, Palos de la Frontera, con su familia.

Toufik tendría 22 años cuando se subió a la patera. Su padre acababa de fallecer con sólo 54 años y él decidió que debía marcharse a España para buscar un sustento para la familia, fundamentalmente para cuidar a la madre, que no puede valerse por sí misma y necesita un cuidado permanente. En Moulay Bousselham, localidad donde la fresa, como en tantos pueblos de la provincia de Huelva, es una de las principales fuentes de empleo, este joven sólo conseguía trabajos esporádicos y a cambio de un salario que no llegaba ni a los diez euros por jornadas de hasta diez horas, un dinero que no le alcanzaba para su propósito de mantener a la madre. Así que se embarcó en una de esas barcas que se juegan la vida de sus ocupantes cruzando el Estrecho y se vino a la otra orilla en busca de un futuro mejor, que acabó siendo el peor de los imaginables.

Ya en España, Toufik Alasal pasó primero por Huelva para probar suerte en la recolecta de la fresa que compite con la que se cultiva en su pueblo y luego se fue a Almería a trabajar en los invernaderos de plástico en los que son mano de obra miles de migrantes. Pero de allí, a causa de una disputa con unos amigos, se volvió a Huelva. Eso fue una semana antes del fatal incendio del asentamiento. Otro amigo, vecino suyo de Moulay Bousselham, le comentó que había una chabola en Palos en la que podía vivir él solo pagando 120 euros como si adquiriera una casa, según recuerdan la prima y su marido. Era diciembre, un mes antes de que comenzara la nueva temporada fresera en la provincia onubense. Y se fue.

El mismo día del incendio, Toufik tenía previsto mandar una remesa de dinero y comida a su familia en Marruecos. Eso es lo que le contó a su prima y a su marido cuando estuvo comiendo con ellos en su casa unos días antes del trágico suceso. "Nos dijo que estaba bien, que estaba trabajando. Era una buena persona, no bebía, no le gustaba meterse en jaleos. Le gustaba el Real Madrid (…) Luego de comer, lo llevamos en coche al asentamiento y ya no volvimos a verlo. Nos dijeron que el cuerpo después del incendio estaba irreconocible", explican los familiares del joven fallecido.

Una semana después del siniestro, la Guardia Civil detuvo a un hombre como supuesto autor del incendio que causó la muerte de Toufik. Presuntamente, el detenido había estado viviendo en el mismo asentamiento, del que había sido expulsado por motivos que se desconocen. Y un año después, los restos de la víctima permanecen en Huelva, en un depósito forense, sin que la familia haya podido aún darles sepultura en Marruecos, sin que hayan podido cerrar el duelo. Lo que en un principio parecía obedecer a causas relacionadas con la investigación del suceso pasó a ser luego un supuesto fallo en la identificación del cuerpo que ha motivado el largo aplazamiento de la repatriación del cadáver, según le informaron en el juzgado de Moguer encargado de este asunto a la presidenta de la Asociación Multicultural de Mazagón, Pepa Suárez, vecina y amiga de los primos del fallecido.

Los incendios de chabolas han seguido

El fallecimiento de este temporero migrante reavivó entonces la polémica sobre la situación de estos asentamientos en la provincia de Huelva, en los que, según el último informe publicado por la fundación Cepaim en 2018, viven más de 2.000 personas repartidas en 13 núcleos de chabolas levantados en los principales municipios freseros. Sin embargo, los incendios han seguido produciéndose este año. Unas 200 chabolas han sido calcinadas en al menos cinco fuegos en Lucena del Puerto, Lepe y otra vez en el asentamiento del Polígono San Jorge de Palos, donde en abril volvieron a arder las casas hechas de plásticos, tablas y cartones procedentes de los desechos de la producción de la fresa.

Ese panorama es el que vio a principios de este año el Relator Especial de la ONU sobre la Pobreza y los Derechos Humanos, Philip Alston, que visitó alguno de los asentamientos semanas después del incendio que había acabado con la vida de Toufik Alasal. "Me encontré con trabajadores en un asentamiento para migrantes en condiciones que rivalizan con las peores que yo he visto en ninguna parte del mundo, incluso en campamentos de refugiados. Están a kilómetros del agua y viven sin electricidad o saneamiento adecuado", dijo Alston al presentar en febrero un informe sobre la pobreza en España.

Pero pese a la indolencia institucional con este caso, la muerte de Toufik no pasó desapercibida para todo el mundo. El 22 de diciembre, una semana después de la tragedia, varias decenas de personas, vecinos, integrantes de colectivos sociales y culturales, representantes provinciales de IU y CCOO, participaron en un homenaje al joven fallecido que se celebró junto al asentamiento calcinado, organizado por la Asociación Multicultural de Mazagón y Poetas por la Paz. Allí leyeron un comunicado, en el que se decía: "hasta donde sabemos, no ha habido ni una sola reacción de condolencia por parte de los representantes de las administraciones públicas. Si un vecino de 23 años de Palos de la Frontera se hubiese quemado en su casa, no hace falta tener una gran imaginación para saber que la situación hubiese sido muy distinta. Pero Toufik era un ciudadano invisible, incluso después de morir en una situación trágica que se podía haber evitado".

También se leyó en aquel acto un poema en memoria de la víctima: "Vino Toufik Alasal de la fuente de la luz, Moulay Bousselham, al sur de Larache, para beberse el deseo con el cielo en sus ojos y la boca inundada de miel, y 23 años a sus espaldas, lloran en silencio las madres del mundo, mientras la vieja utopía duerme su borrachera, bajo la alfombra, a la sombra oscura de una antigua quimera".

La diputada de Adelante Andalucía por Huelva María Gracia González, que ha presentado varias iniciativas en el Parlamento andaluz denunciando la situación de los asentamientos chabolistas de temporeros migrantes en su provincia, también se hizo eco de la muerte de Toufik. En su cuenta de Facebook, publicó el mismo día del siniestro: "Nuevo incendio en las chabolas del Polígono San Jorge en Palos esta madrugada. Ha muerto un joven marroquí. Tenía que pasar alguna vez. D.E.P. Que la tierra le sea leve. Esperemos que haya una investigación esta vez". Y diferentes organizaciones sociales emitieron comunicados de solidaridad con la víctima y de repulsa por la tragedia, entre ellas la Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía, que achacó el siniestro a la "falta de respuesta y soluciones reales a los problemas de infravivienda" en esa provincia.

Indolencia institucional

Pepa Suárez se lamenta que aún no haya habido ni siquiera una muestra pública de condolencia del Ayuntamiento de Palos por la muerte de un joven en un incendio ocurrido en su término municipal. "Aquello –dice Pepa- fue un drama, porque era una persona joven que había venido a buscarse la vida para ayudar a su familia, para cuidar a su madre. Y un año después vemos que no ha cambiado absolutamente nada, que hay un montón de personas viviendo en asentamientos que son altamente inflamables, porque las administraciones ni las empresas se hacen cargo de las condiciones en las que viven los que son sus trabajadores".

A juicio de la presidenta de la Asociación Multicultural de Mazagón, la situación de los asentamientos como en el que murió Toufik, como la de otros que han sufrido incendios a lo largo de este año, revela una falta de respeto a los derechos humanos y una insensibilización de una parte de la clase política que trata de invisibilizar esa realidad, ninguneándola y no haciendo nada por resolverla. "Es una vergüenza", concluye tajante.

El estudio de la fundación Cepaim, que ha actualizado los datos del informe realizado por la Mesa de la Integración en 2017 sobre los asentamientos de Huelva, revela que la mayoría de los ocupantes de estas chabolas son hombres de entre 18 y 45 años, con un nivel de estudios básico y una situación administrativa regularizada, procedentes, fundamentalmente, de Marruecos, Ghana, Mali, Senegal y Rumanía. La mayoría de los asentamientos se ubican en medio del campo, aunque también los hay en las afueras de las localidades freseras, como el que ardió en Palos o junto al cementerio de Lepe, y los más antiguos, que se levantaron en el año 2001, son, a la vez, los que albergan más personas, entre 400 y 450 cada uno.

Esas chabolas están habitadas por una parte de la mano de obra de los cultivos de los frutos rojos (fresa, frambuesa y arándanos), que constituye uno de los sectores económicos más importantes de la provincia de Huelva. Según los últimos datos del Observatorio de Precios de la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía, esta provincia acaparó en la última campaña el 97% de la producción nacional fresera, con más de 6.843 hectáreas cultivadas y una producción superior a las 341.000 toneladas.

Esa producción va destinada en un 70% a la exportación, fundamentalmente Alemania, Reino Unido, Francia e Italia, con un valor total de 471,5 millones de euros en la campaña 2018-2019.

En la provincia de Huelva, 20 años después del comienzo del boom de la fresa, aún no hay ni un solo albergue para temporeros que trabajan en esos cultivos, alojamientos que sí existen, por ejemplo, en los municipios de Jaén donde se concentra la mayor recolección de la aceituna. Una ONG, Asnuci, es la que va a abrir el primer albergue de la provincia onubense, gracias a una campaña de recogida de donativos con los que pondrá en marcha un alojamiento para 40 personas en una nave que está acondicionando en Lepe.

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