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El teniente agredido en Altsasu: "Temí por mi vida, los golpes venían de todos los lados"

El guardia civil niega que la trifulca de 2016 fuera una pelea de bar. Cree que sus agresores habían bebido pero sabía lo que hacían. El no recuerda si tomó dos copas. Eran las fiestas locales.

El juicio por la agresión a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua (Navarra) empezó este lunes en la Audiencia. EFE

JULIA PÉREZ

“Fue una eternidad, pero duraría minutos. Para mi fue un calvario eterno desde el momento en que caigo al suelo”. El teniente de la Guardia Civil agredido en Altsasu (Navarra) el 14 de octubre de 2016 ha relatado en la Audiencia Nacional los “empujones, golpes y patadas” en “el linchamiento” que sufrió aquel día durante las fiestas locales durante el que temió por su vida.

El teniente ha negado que hubiera pelea alguna, aunque ha reconocido que él intentó responder en una ocasión un golpe, pero que su preocupación era salir del bar Koxka, donde comenzó la trifulca. Se formó un pasillo con “veinte o veinticinco personas”, según su versión, y continuaron los golpes y patadas.

Fuera había “otro grupo de 20 personas”, a su espalda. “Yo no me lo esperaba; por eso me quedé mirando hacia la puerta”. Los “puñetazos y patadas” continuaron “constantemente” cuando “caigo y me desplomo” al suelo. Su pierna cedió, con el tobillo roto. “Nadie se acercó a mi” para ayudarle. “Temí por mi vida, perdí la noción de estar allí” los golpes “no paraban, eran de todos los lados, no cesaban, no podía levantarme tampoco”.

Su novia, que es de la localidad navarra, le cubrió con el cuerpo en algunos momentos mientras pedía que dejaran de golpearlo. Dejó de ver al sargento y a su novia que estaban con ellos. El “calvario terrible” de los cuatro se calmó cuando llegaron unos agentes de la policía foral.

El teniente no recuerda “ni lo que cenamos ni lo que bebimos”, aunque asume que sus presuntos agresores sí que habían tomado algo pero que sabían lo que hacían. Llegaron al Koxka hacia las dos y media. Reconoce que pudieron beber allí dos copas. Una hora después comenzó la agresión, con el bar ya lleno.

Ocho jóvenes se sientan en el banquillo y afrontan penas de 12 a 62 años de cárcel porque son juzgados por delitos de lesiones terroristas, ya que la Fiscalía sitúa esta agresión dentro de las campañas del colectivo Ospa (Fuera) y de las protestas de Alde Hemendik (Fuera de aquí) del entorno de ETA que busca la expulsión de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

El teniente ha confirmado la identificación que realizó de sus presuntos agresores, pero no recuerda si hubo gritos de "fuera de aquí" o contra la guardia civil. Además, ha vinculado a dos de los procesados con estos movimientos (Joikin Unamuno y Adur Ramírez de Alda), ya que los conoce de su trabajo como agente.

A preguntas de las defensas, ha recordado que, tras la operación, vino a verle la presidenta del Gobierno de navarra, el consejero de Sanidad y el director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa.

¿Terrorismo, odio o atentado a la autoridad?

El teniente ha asegurado que no recuerda que dijera a la policía foral en el hospital que iba a declarar en la tarde siguiente a la agresión. A preguntas de la defensa de Ohian Arnanz -que afronta una petición de 62 años y seis meses de prisión-, ha negado que Fernández de Mesa le diera una orden de que no recibiera a los agentes forales.

Este punto es relevante ya que los informes iniciales de la Policía Foral y de la Guardia Civil no vinculan la agresión con delitos de terrorismo.

La diferencia es crucial: la agresión a la autoridad está penada con cinco años de cárcel y el delito de odio con una pena de una a cuatro años, mientras que los procesados son acusados por la Fiscalía de lesiones terroristas.

El defensor de Arnanz, Jaime Montero, ha considerado que no es coherente que el agente llamara al 062 mientras era golpeado y se protegía. Por su parte, el teniente ha reconocido que no sabe cómo se dispersó la gente cuando llegó la policía foral.

El agente ha declarado semi-oculto, de tal manera que sólo se ha recogido el audio de su declaración. Por su parte, las cámaras presentes en el juicio tampoco pueden enfocar primeros planos de los acusados, después de que las defensas intentaran que el juicio no fuera emitido.

Todos los acusados negaron este lunes ante el tribunal haber participado en agresión alguna contra los dos guardias civiles y sus parejas. Incluso varios de ellos aseguran que no se encontraban en el bar Koxka cuando se produjo la agresión.

El teniente, que tenía 25 años de edad, era el jefe del acuartelamiento. Está convencido que todo el mundo en el bar sabía que era guardia civil y que también conocían a su novia. No llevaba destinado ni un año en Altsasu y había comenzado a hacer patrullas a pie por el mercadillo de la localidad navarra, así como a acercar la institución armada a los ciudadanos.

Lleva en el tobillo ocho clavos y una placa. “Me rompen con la ilusión de mi vida: trabajar”. Estuvo ocho meses de baja y no regresó a Altsasu más que para recoger sus cosas y despedirse. “Quería quedarme allí, continuar con mi vida laboral”, pero veía que “me iba a convertir en un lastre”.

La pareja del teniente identifica a seis de los acusados

La novia del teniente Óscar ha identificado a seis de los acusados como los autores de las agresiones, excepto a Ainara Urquijo e Iñaki Abad. Y ha relatado, nombre a nombre, las agresiones que ella presenció.

La joven, de 21 años de edad, ha sido tajante: “Hay personas que no he acusado porque no estoy 100% segura que estaban allí ese día. Igual estaba segura al 90%, pero al faltarme ese 10% -ha explicado- yo no he acusado. Y hay testigos que van a venir de parte que yo estoy al 90% segura que estuvieron, pero por el 10% hoy no están aquí”.

La testigo, que ha declarado detrás de un biombo, sufre consecuencias psicológicas desde entonces. Se veía sola, humillada, y pensó quitarse la vida. “A mí desde aquel día se me aisló totalmente”. Sus amigos le dieron de lado, y a sus padres les pincharon las ruedas. Una de las pancartas que colocaron cerca de su casa le ha dejado “clavada” y decía: Herria ez du barkatuko (El pueblo no perdona). Ahora vive en otra ciudad y ha rehecho su vida.

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