Trabajar cuando se tiene una enfermedad mental grave como la esquizofrenia es posible... y necesario
España es uno de los países de la Unión Europea que menos personas con trastorno mental incorpora en su mercado laboral, según los expertos.

-Actualizado a
"Fue un momento muy duro", cuenta a Público Alberto Sanz García, de 33 años, diagnosticado de esquizofrenia tras un episodio psicótico en 2014, con 21 años. "Lo pasé muy mal. Me quedé los seis años siguientes en casa, en mi burbuja. Estaba muy asustado y no entendía lo que me estaba pasando", recuerda.
Hoy, Alberto se considera "recuperado en un 99%". Sus citas con psiquiatría se han reducido a dos al año, aunque debe tomar medicación a diario. "Además, gracias a lo que me pasó, estoy más prevenido para reconocer cualquier señal de una recaída", dice. Hace seis años, empezó a trabajar en el hotel El sueño del infante, en Guadalajara. "Desde entonces, todo ha ido a mejor".
"Trabajar te ayuda porque tienes unas responsabilidades y un motivo para levantarte por la mañana. También te da independencia económica, lo que te permite tener un proyecto de vida digno. Pero la motivación va más allá de ganar dinero; lo haces porque lo necesitas, porque tus compañeros lo necesitan", cuenta.
En el hotel, además de recepcionista y pianista ocasional, Alberto forma parte de la "unidad de apoyo y ajuste de personal". Esto significa que se ocupa de estar pendiente de sus compañeros y de adaptar la tarea de cada uno a su situación en ese momento.
"Por ejemplo, si un día alguien no ha dormido bien, o si la tarea le cuesta más, se le da otra más ligera. Y si hay señales de que podría estar encontrándose regular, se avisa a la terapeuta ocupacional o a la psicóloga. Así se evitan muchas recaídas", dice a Público Maribel Rodríguez Montes, terapeuta ocupacional, cofundadora y coordinadora de proyectos de la asociación AFAUS Pro Salud Mental.
Uno de los proyectos de esta asociación es el hotel donde trabaja Alberto, donde el 94% de la plantilla -34 personas- tienen enfermedades mentales graves crónicas, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión mayor o trastorno límite de la personalidad.
AFAUS reúne a profesionales de salud mental, familias y usuarios y, desde su creación en 1992, apuesta por los centros especiales de empleo, que es como se llaman los lugares de trabajo en los que al menos el 70% de los empleados tienen una discapacidad, en este caso, mental.
Trabajar es parte del tratamiento
"Es posible tener una enfermedad mental grave y llevar una vida normal en cuanto a proyectos, formación académica, amistades, ocio y mejora personal...", asegura a Público Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental. Para lograrlo, "es necesario un tratamiento integral, específico para cada persona, y que sea lo antes posible. Esto incluye abordaje farmacológico en muchos casos, psicológico y aspectos psicosociales asociados a la enfermedad".
En este último punto se incluye el trabajo, que, según esta psiquiatra, "es una fuente de salud mental, dignifica al ser humano y es necesario y complementario a los tratamientos de estos pacientes. Una persona que está estable, con sus síntomas clínicos bien tratados, puede desempeñar cualquier actividad laboral. Solo en algunos casos más graves es necesario adaptar el puesto de trabajo".
Por su parte, Maribel Rodríguez, que ha trabajado 40 años como terapeuta ocupacional en un hospital psiquiátrico, explica que "cada diagnóstico es un mundo, pero todo puede conseguirse con apoyos, igual que si tienes un problema de rodilla a veces puedes necesitar bastón para andar y otras un andador o una silla de ruedas".
En el polo opuesto, los pacientes que se quedan en casa sin trabajar, sin relaciones sociales y sin actividad caen en las garras de los peores enemigos de la salud mental: "La apatía, la desidia y la falta de motivación", advierte Rodríguez. Al revés, trabajar con más gente "te ayuda a autocuidarte, arreglarte, vestirte cada día, te obliga a organizarte y es la mejor forma de socializar".
Seguimiento continuo
La clave del éxito de esta clase de iniciativas está en el soporte constante que, en este caso, les ofrece la asociación. "No se trata solo de darles trabajo, también es necesario darles un seguimiento y un apoyo continuo", afirma Rodríguez.
Para eso está la unidad de apoyo, creada desde la asociación, que cuenta con voluntarios como Alberto y con una psicóloga y una terapeuta ocupacional.
"Procuramos que entre el propio grupo sepan autogestionarse o ayudarse. Trabajan siempre en parejas, nadie trabaja solo. Saben que tienen que cuidarse entre ellos. Hay mucho compañerismo", apunta Rodríguez.
El obstáculo económico
Contratar a una persona con trastorno mental carga con un estigma pesado que se alimenta de falsas creencias: "La gente piensa que no pueden estar de cara al público, ni trabajar ocho horas o tener puestos estresantes, que solo pueden hacer jardinería y limpieza. Y no es así", recalca Rodríguez. Lo han demostrado de sobra en los seis años de andadura de El sueño del infante.
Sin embargo, el mayor reto al que se enfrentan este tipo de iniciativas es económico. "Nos resulta muy difícil que la gente entienda que la salud mental es cosa de todos y que se necesita dinero para poder crear programas adecuados", según esta experta.
Para hacernos una idea, AFAUS atiende diariamente a más de 200 personas. "Si desapareciéramos ahora las asociaciones, sería un caos tremendo. Somos la red que tapa los agujeros del sistema público", denuncia.
Para la Administración, se trata de elegir entre apostar por la prevención, con proyectos de inserción laboral y social como este, o gastar en ingresos hospitalarios, que son caros -el coste mensual por persona puede ser de 3.500 a 4.000 euros-. Prevenirlos para que no fueran necesarios saldría más barato al Estado.
¿Y cómo? "Cuando estás trabajando con compañeros preparados para estar atentos a cualquier señal de recaída, es mucho más fácil anticiparse a un brote. Una crisis no es algo que ocurre de golpe, son procesos que van avanzando progresivamente. Si se detectan a tiempo las primeras señales, se puede pedir ayudar y prevenirlos", observa esta terapeuta ocupacional.
Un mercado laboral ignorante y poco inclusivo
El problema es que las empresas no saben nada de esto, según los expertos consultados, ni tienen idea de cómo adaptar los puestos de trabajo para empleados con trastornos mentales.
"Nosotros tenemos una enorme experiencia que podríamos compartir con las empresas. Podría serles muy útil, ya que es obligatorio que las plantillas de más de 50 trabajadores incluyan un 2% de personas con discapacidad. Pero muchas no lo cumplen y, si lo hacen, prefieren que sean discapacidades físicas. Tienen terror de no saber cómo dar apoyo a la salud mental", señala Rodríguez.
De hecho, más del 80% de las personas con trastornos mentales graves están en paro, según datos de 2025 del Ministerio de Sanidad. "España es uno de los países de la Unión Europea que menos pacientes con trastorno mental tiene incorporado al mercado laboral. Entender que son capaces, que no son violentos y darles oportunidades es importante para reducir el estigma", indica por su parte Díaz Marsá.
Estigmas a la española
¿Y no son peligrosos? Esta es, quizá, una de las falsas creencias más ridículas que la sociedad alberga hacia los pacientes de salud mental. "Ellos tienen más miedo al mundo que nadie", enfatiza Rodríguez.
Según Díaz Marsa, "El sueño del infante es una iniciativa puntera en la lucha contra el estigma porque los huéspedes se ven acogidos como en cualquier hotel y, si nadie se lo dice, no se dan cuenta de que están siendo atendidos por personas con una patología psiquiátrica, igual que no nos daríamos cuenta de si el recepcionista o la camarera tienen un trastorno renal o cardiológico".
"El proyecto es un referente que pone en evidencia que los empleados con trastorno mental pueden hacer turnos, trabajar en equipo, tener un trato amable al público, hacer ambientes fáciles e implicarse profesionalmente como cualquier otro trabajador", enfatiza.
Por su parte, Alberto reconoce que ha tenido todo a su favor para poder recuperarse, "pero hay gente que no tiene la misma suerte". "Luchamos por la normalización de nuestras enfermedades, por su desestimagtización, y porque las personas puedan acceder a estos recursos", añade.
Aunque lo peor, en su opinión, es el autoestigma: "Nadie espera a los 20 años estar loco y aunque suene duro, es así como yo lo viví. Al final, te crees la etiqueta que te han puesto. Crees que no tienes salida. Pero eso no es verdad. Eres totalmente válido y mereces tener un proyecto de vida digno, como cualquiera".
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.