La fiebre de la cámara analógica: por qué la generación zeta prefiere lo vintage al 4K
Pese a que los móviles ofrecen una calidad casi cinematográfica, cada vez más jóvenes optan por capturar su mundo con carretes caducados, errores de revelado y disparos limitados. ¿Moda, nostalgia o hartazgo digital?

En plena era del 4K, la inteligencia artificial y los megapíxeles infinitos, hay una tendencia que está conquistando a la generación zeta: la fotografía analógica. Aunque resulte paradójico, en el momento en que la cámara del móvil es capaz de detectar sonrisas, ajustar la exposición en tiempo real y hasta simular un fondo borroso al estilo de un objetivo de 1.000 euros, lo que más mola entre centennials y millennials tardíos es apretar el disparador de una cámara que no tiene pantalla, ni filtros, ni segundas oportunidades.
La resurrección de la fotografía de carrete no es puntual. En Instagram, etiquetas como #filmphotography o #35mmfilm acumulan millones de publicaciones, y cuentas como @comunidadanalogica o @dontshakethepolaroid celebran cada día esa estética granulada, cálida y, sobre todo, imperfecta. El regreso es tan evidente que marcas como Kodak, Fujifilm o Ilford han tenido que aumentar su producción de rollos tras años de caída libre. El carrete, ese objeto que muchos daban por perdido, vuelve a venderse en tiendas físicas y online como si estuviéramos en 1998.
Pero, ¿qué está pasando? ¿Por qué alguien, en pleno 2025, decide usar una cámara que no le deja ver la foto que ha hecho hasta días después?
Contra el perfeccionismo digital
El retorno de las cámaras analógicas tiene mucho que ver con el hartazgo hacia la fotografía digital, especialmente la de móvil. Las redes sociales han creado una cultura visual obsesionada con la perfección: encuadres pulidos, pieles sin poros, saturaciones estudiadas al milímetro. Frente a eso, el analógico ofrece lo contrario: limitación, sorpresa, error. Y eso, para muchos jóvenes, es un alivio.
Con el carrete hay menos presión para que todo salga bien, por no hablar del ahorro de tiempo en edición… Solo un disparo, y cuando las revelas, ¡magia! Y si han salido mal, solo hay que desecharlas y borrarlas.
Esa magia de lo imprevisible (la sobreexposición, los destellos, el grano…) se ha convertido en el nuevo filtro. De hecho, muchas apps como Huji Cam o Dazz Cam simulan la estética analógica precisamente porque la generación móvil busca ese aspecto “retro” sin complicaciones. Pero para quienes dan el paso al carrete real, no se trata solo de estética, sino de una experiencia más consciente y pausada.
Instagram: el puente entre lo analógico y lo digital
Las redes sociales han jugado un papel crucial en la popularidad renovada de la fotografía analógica. Plataformas como Instagram se han llenado de imágenes capturadas con cámaras de carrete, compartidas por fotógrafos que buscan destacar en un mar de contenido digital diverso. La estética distintiva de las fotos analógicas ofrece una frescura y autenticidad que resuena con los usuarios.
Fotógrafos como Rocío Aguirre han ganado reconocimiento por su trabajo en fotografía analógica, colaborando con artistas y marcas para crear imágenes que combinan la nostalgia del formato con una sensibilidad contemporánea. Su enfoque demuestra cómo la fotografía analógica puede coexistir e influenciar el panorama visual actual.
Pero más allá del postureo, la fotografía analógica está sirviendo a muchos jóvenes como una forma de reconectar con el presente. Porque cuando solo tienes 36 fotos, piensas mejor en lo que quieres guardar. No hay un scroll infinito. No hay 50 selfies para elegir uno. Solo un disparo, un momento, y la posibilidad de que salga bien.
Y si no sale, también vale. Porque lo analógico no busca likes, sino recuerdos.
El futuro de la fotografía analógica
Aunque es difícil predecir si la fotografía analógica mantendrá su popularidad a largo plazo, su resurgimiento actual destaca una necesidad colectiva de desacelerar y reconectarse con procesos más reflexivos. En un mundo cada vez más digital, la fotografía analógica ofrece una alternativa que valora la paciencia, la imperfección y la autenticidad.
Para aquellos interesados en explorar este medio, existen numerosas opciones accesibles, desde cámaras desechables hasta equipos más avanzados. Además, algunos colectivos y talleres locales ofrecen recursos para quienes deseen iniciarse en el mundo de la fotografía analógica.
Porque sí, lo vintage ha vuelto. Pero esta vez, no por nostalgia, sino porque, en un mundo que va demasiado rápido, a veces apetece parar, mirar, y disparar solo una vez.
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