¿Los 'influencers' no iban a caer? Salseo y premios creados para agarrarse al candelero
Después de un verano en el que mucha gente se planteó qué tipo de contenido desean consumir, la vida parece seguir igual.

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Fabiana Sevillano, puede que les suene ese nombre. Como casi siempre que sucede la duda, una rápida búsqueda en Google podría darle la respuesta. Sin embargo, solo contaría parte de la historia. En la actualidad, si se introduce dicho apelativo, el motor de búsqueda nos devuelve una respuesta monolítica: no es la nueva pareja de Ferran Torres. Algo curioso, pues la inmensa mayoría de personas en el mundo no están saliendo con el autor del gol que le dio a España su segundo Mundial de fútbol. Y si fuese la pareja, ¿a quién le importaría? Desde luego, este no sería el espacio para comentarlo.
Quienes tengan memoria o vivan en las redes, seguramente tengan un mayor background sobre el personaje en cuestión. Concretamente, Fabiana Sevillano es influencer de profesión, principalmente sube contenido a Tiktok y alcanzó tal popularidad entre los usuarios de dicha red social que fue una de las seleccionadas por Ibai Llanos para participar en su última Velada del Año, a la sazón la cúspide de la pirámide trófica de las redes sociales. Fabiana Sevillano también es una de las principales responsables de que, por un instante, muchas personas creyeran que el fin de los influencers estaba cerca. O, como mínimo, que un cambio de paradigma estaba a la vuelta de la esquina. Sin embargo, también el ejemplo paradigmático de cómo el salseo no se crea ni se destruye, sino que simplemente se transforma.
Así fue la caída de Fabiana Sevillano
Hasta la persona más ajena al mundo digital sabe que, durante el pasado mes de agosto, una influencer se quejó de tener únicamente "un mes de verano", en lugar de los tres que, según sus propias palabras, dispone todo el mundo. Aquellas palabras generaron una fuerte controversia e indignación, quizá ayudada por la menos actualidad estival. Hasta el punto que muchas personas llegaron a la siguiente reflexión: ¿a qué tipo de personas estamos haciendo famosos?
La caída de los influencers no solo fue un tema de conversación, también tuvo repercusiones tangibles. Según el portal Lacaidadelosinfluencers, la propia Sevillano fue una de las más afectadas. Pocos días después del incidente, pasó de un seguimiento agregado (esto es, en todas las plataformas donde posee un perfil oficial) de 3,6 millones de followers a un suelo de 3.450.000. Un golpe del que no se ha recuperado por completo, pero que ha logrado tamizar con varias estrategias.
Primero subió un vídeo de respuesta en el que no solo no se disculpaba ni intentaba matizar sus palabras, sino que doblaba la apuesta asegurando que el engagement malo era positivo, algo que también le penalizó entre la audiencia. Después, varias cuentas en Internet denunciaron que la compra de bots para engordar sus cifras y así poder tamizar el golpe sufrido, sobre todo de cara a posibles marcas y patrocinadores, quienes tienen muy en cuenta las métricas para ofrecer los contratos publicitarios que son la base de su privilegiada existencia. No obstante, la jugada maestra ha sido la más vieja del mundo: sumarse al salseo.
Su supuesta relación con Ferrán Torres
El regreso de Fabiana Sevillano al primer plano sucede en una jugada basada en dos pasos, que no tienen porqué estar interconectados. Primero, un rumor. El salseo es la base del negocio de los influencers de lifestyle, igual que sucedía con muchos de los famosos tradicionales en la prensa rosa. Sobre todo aquellos que no tenían mucho más oficio y beneficio que ser conocidos. Así lo explicó, por ejemplo, el también creador de contenido Kappah, que resumió la fórmula del éxito de la siguiente manera: “Tiktoker se hace conocido, tiktoker se hace conocida, hacen shipeo, estiran el chicle durante 3 años, luego confirman que son una relación, se convierten en un pack y el resto de contenido es completamente vacío”.
Aquí el rumor, sin embargo, vino por parte de una tercera, conocida en redes como Sofía Anyway, quien aseguró en un vídeo que había visto a Sevillano y Torres darse un beso. Lo hizo en privado, con un vídeo para mejores amigos, pero solo aquel único testimonio sirvió para acaparar la conversación online respecto a la andaluza, desplazando por completo sus polémicas pasadas y la crisis reputacional por la que atravesaba. De pronto, algo había sucedido que interesaba más que una sesuda reflexión sobre qué modelo de entretenimiento online deseamos. O más bien, la resolvía de un plumazo: queremos carnaza.
Paralelamente, Sevillano fue galardonada en los Forbes Best Content Creators 2026 al mejor storytelling. Dilucidar si la tiktoker lo merece o no es complicado. Sin embargo, sobre esta clase de premios planea casi siempre una duda razonable: ¿son reconocimientos reales o simples maniobras de relaciones públicas? No solo es que sus parámetros de selección suelan ser difusos, sino que precedentes cercanos como los Premios Ídolo ya han sido criticados por beneficiar, sobre todo, a perfiles de In Management, la agencia fundada por la propia Dulceida.
La jugada es redonda, por lo tanto. Una semana antes de la ceremonia de entrega de los Forbes, durante un acto publicitario, Sevillano desmintió los rumores que le relacionaban con el futbolista de moda, pronunciando las palabras que opacaron por completo su polémica veraniega. Ese mismo día subió casi de golpe unos 100.000 seguidores en redes sociales. Por su parte, el premio otorgado por la prestigiosa publicación económica le sirve para limpiar su reputación profesional. Si antes la percepción generalizada era la de una privilegiada completamente desconectada de la realidad, ahora puede promocionarse como una creadora de contenido reconocida.
¿Dónde quedó la caída de los 'influencers'?
Aunque Sevillano va recuperando audiencia y su figura parece sacudirse el estigma del último estío, la realidad es que sus métricas siguen lejos de los días dorados y nadie sabe si volverán. A su lado, perfiles que ofrecen exactamente lo mismo, pero que se libraron de esa desafortunada carambola de errores, siguen facturando casi con total normalidad. La gran conversación sobre qué clase de Internet merecemos como público se evaporó al terminar el calor. Un verano que, bien mirado, a nadie se le hizo corto esta vez.




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