La presión de leer más: cómo las redes sociales han convertido el placer de la lectura en una obligación
Los influencers de libros ayudan a disparar las ventas pero, ¿se lee más o se lee bien?

Zaragoza-
Leer es una actividad netamente positiva, se mire por donde se mire. No se trata de ser mejor o peor persona por leer, en contra de lo que pueda pensar María Pombo. Pero es evidente que las ventajas de enfrentarse a un libro de manera regular son muchas y variadas. A saber: favorece la actividad cerebral, mejora las capacidades de concentración y memoria, aumenta la creatividad, ayuda a mejorar la salud mental, en especial patologías como el estrés o la ansiedad, y, en líneas generales, mejora el estado de ánimo.
Todo ello sin ahondar en la calidad de las obras literarias. Un buen libro aporta conocimiento, fomenta el espíritu crítico, abre debates -internos y externos-, expande nuestro vocabulario o es capaz de generar empatía. En resumidas cuentas, leer un libro siempre es un buen plan; porque además puede ser sumamente divertido. Siempre que se haga por placer y no por obligación, claro.
En el momento que percibimos los libros como una tarea, es probable que nos generen rechazo. Sucede durante la etapa escolar, en la que se fuerza a los más jóvenes a enfrentarse en ocasiones a libros poco apetecibles, aunque sean clásicos de la literatura, generando el efecto contrario al deseado. También está pasando en ese escaparate al mundo que son las redes sociales, donde las dinámicas propias de estos espacios han terminado convirtiendo a la lectura en una carrera absurda hacia ninguna parte.
¿Están las redes sociales arruinando la lectura?
Sobre ello reflexionaba María Enríquez en el podcast La broma infinita. “Cuando veo las pilas de libros de ‘voy a leer de acá a fin de año estos 10 libros’ y los ponen: ‘goals’... ¿Para qué te tienes que leer 10 libros de acá a fin de año? Léete uno y léetelo siete veces”, ironizaba la escritora argentina. Una clara crítica a la ostentación de los hábitos de lectura que se hace a través de las redes.
Sobre todo, por comparación. La lectura es un hábito que requiere tiempo y concentración para su disfrute. Especialmente en algunos géneros populares como la fantasía, la ciencia ficción o el ensayo, en los que las obras tienden a ser extensas o complejas. Sin embargo, la necesidad de sumar títulos en busca de validación social -o económica-, hace que mucha gente se frustre al no tener la capacidad, o el tiempo disponible, de completar lecturas. Es ahí donde radica el problema.
La cara negativa de 'Goodreads'
Goodreads es la red social para lectores por excelencia. Se trata de una herramienta muy útil, pues permite valorar libros y consultar reseñas, además de hallar a personas con gustos e intereses comunes y generar comunidad. Sin embargo, dentro su lado social, también posee features como retos o listas, pensadas para potenciar el hábito de leer por medio de la gamificación.
Igual que sucede con el obligar a los alumnos de 3º de la ESO con un clásico, la intención puede ser buena, lo que no implica que la idea sea eficiente. Se busca motivar a la lectura, generar pequeños hitos que cumplir poco a poco. Pero convertir algo como la lectura en una competición, o aún peor, en un instrumento de validación social, solo juega en contra de un hábito que requiere sus tiempos, los cuales son diferentes tanto entre obras como entre las propias personas que las leen.
Lectura en diagonal
La obsesión por sumar títulos a la lista es tal que en 2024 se convirtieron en virales los consejos de la influencer @probabblyoffreading para leer más rápido. Saltarse párrafos o buscar palabras clave en el texto o leer solo los diálogos eran sus pequeños trucos para terminar un libro más rápido. ¿El fin? Aumentar la colección de obras completadas. Aquel vídeo cogió una gran tracción en Tiktok e incluso fue reseñado por medios como el Daily Mail. La autora terminó borrando el vídeo ante la reacción desatada, aunque el debate estaba armado: ¿cuál es el fin último de leer un vídeo?
Lo cierto es que fueron varios los influencers de libros que, en los comentarios, salieron a defender a la autora del vídeo o confesaron utilizar técnicas similares. He aquí otro melón por abrir, la de quienes se dedican a leer libros por trabajo, o con la aspiración de que esta sea su dedicación profesional en un futuro próximo. Es el mundo de booktok (o booktube). Creadores de contenido literario que quizá comenzaron como meros aficionados, pero que han derivado en una carrera profesional.
Es entonces cuando el leer se convierte parte del trabajo y, como tal, no se puede fallar. Hay que acumular libros para hacer contenido… y para que otras personas acumulen libros a su vez, esta vez previo paso por caja. Los libros están de moda entre la generación zeta y gran parte los responsables son estos prescriptores digitales que, con vídeos cortos, animan a su público a sumergirse en el mundo de las letras. Pero, ¿a qué precio?
Los 'hauls' de libros
En sí, ser un influencer de lectura no puede ser malo. Pero el contenido sobre libros requiere tiempo y las dinámicas de redes como Tiktok obligan a una frecuencia de publicación muy amplia. Así fue como nacieron un subtipo de contenido muy específico como los hauls de libros. Son básicamente vídeos en los que el influencer de turno muestra la pila de libros que ha adquirido. El libro pasa a ser un objeto de exhibición y lo importante es acumular. Cuantos más libros, mejor, aunque la mayoría de ellos sabemos de manera implícita que no han sido abiertos.
Los hauls, o el contenido de estanterías, una versión en la que se exhibe la biblioteca personal que cada influencer posee en su casa, es un tipo de contenido que se puede hacer rápido y reporta numerosas visitas. No es necesario leer el libro, solo adquirirlo; y además anima a la audiencia a comprar libros, que es el objetivo de las editoriales. Así, Tiktok está plagado de personas mostrando una colección de publicaciones ingentes. A algunas de ellas se las han regalado, mientras que otras han pasado por caja. La lectura, entendida como el análisis del contenido de los libros, pasa a ser secundaria. En el fondo es contenido sobre acumular.
¿Es todo malo?
Evidentemente, hablar de libros en redes sociales no es negativo. De hecho tiene su parte positiva. Goodreads es una comunidad de lectores mundial, con más de 150 millones de usuarios registrados. Eso implica el poder compartir una pasión con gente con la que, de otro modo, sería imposible contactar. También el acceder a obras que hace unos años hubieran pasado completamente desapercibidas.
Incluso la figura del influencer no es negativa si se entiende a este como un crítico o un prescriptor. Los hay que poseen un criterio formado e independencia editorial, que no solo realizan buenas recomendaciones o reseñas sino que, en última instancia, animan a la lectura, algo que como hemos establecido es positivo. Identificar el contenido de calidad, tanto en fondo como en forma, es clave para que el uso de las redes sociales sea beneficioso para nuestros hábitos de lectura y no pernicioso. Para que nos anime y motive en lugar de frustrarnos.


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