Este artículo se publicó hace 4 años.
¿Cómo de sostenible es Shein?
La moda rápida ofrece a los consumidores cambios constantes de colecciones a bajos precios y alienta a comprar y desechar ropa frecuentemente. El gigante chino cumple a la perfección con este patrón. Y no es un modelo sostenible. Los expertos de la ONU consideran que esta tendencia es responsable de una amplia gama de efectos negativos en el ámbito social, económico y ambiental

Raquel Sáez
Descuentos increíbles desde 1,99 euros. Envíos gratis desde 9 euros. Incluso, si eres tiktokero, puedes hacer búsquedas y siempre encontrarás un alma caritativa que comparta códigos de descuento para aligerar todavía más el precio de tu cesta de la compra. Difícilmente se puede competir con Shein, el gigante asiático que ha revolucionado el sector de la moda. La marca china nació en 2012 de la mano de Chris Xu, un experto en optimización para motores de búsqueda en internet (SEO). Desde entonces, su crecimiento ha sido vertiginoso: ventas en 150 países y 10.000 trabajadores. Y eso que no tiene tiendas físicas, porque todo es online.
Shein tiene un arma infalible para atrapar a los consumidores: su algoritmo. El gigante textil es capaz de predecir en tiempo real las tendencias de decenas de mercados. Por eso, a diario encuentra prototipos de miles de prendas, basándose en el monitoreo del comportamiento de los usuarios.
La compañía se enorgullece de este éxito: “Nuestro primer modelo digital se encuentra con los clientes donde están más presentes: en dispositivos móviles, online y en las redes sociales. Nos hemos convertido en una de las aplicaciones de compras más populares y continuamos atrayendo a los clientes brindando múltiples flujos de contenido directamente dentro de la plataforma Shein y ofreciendo la mejor experiencia de compra online”.
¿Es sostenible Shein y la moda rápida?
Shein vale ya más que Inditex, el grupo empresarial español que gestiona marcas como Zara, Oysho, Stradivarius y Pull&Bear. Sí, has leído bien. Según Bloomberg, está en conversaciones con inversionistas para una ronda de financiamiento que podría situar a la compañía en alrededor de 100.000 millones en valor. Si tiene éxito, superaría a Fast Retailing Co., propietaria de Uniqlo. También convertiría a Shein en la startup más valiosa del mundo después de ByteDance Ltd. y SpaceX.
La plataforma practica lo que conocemos como moda rápida (fast fashion, en inglés). Vamos, un "comprar, usar y tirar o almacenar" en toda regla. Shein actualiza constantemente su catálogo. A diario. Pero no solo entran y salen miles de prendas, zapatos o complementos, sino que les pone una fecha de caducidad. Solo puedes comprarlos durante un tiempo limitado. Si se duermen en los laureles, se lo quitan, y eso crea una necesidad constante de comprar y comprar. No vaya a ser que se queden sin su prenda estrella. Es lo que se conoce como la obsolescencia programada de la ropa. Más allá de las ventas, la compañía obtiene otros beneficios: reduce costos.
El negocio les sale redondo. Para maximizar beneficios, estas empresas llevan a cabo una política de deslocalización, fabricando sus piezas en países en desarrollo, pagando a los trabajadores salarios muy bajos e incluso, sacrificando las condiciones de seguridad en las que realizan sus actividades. Según una investigación de la organización no gubernamental Public Eye, las jornadas laborales son excesivas. Los investigadores visitaron 17 fábricas que abastecen a Shein y su empresa matriz Zoetop y observaron que varios miembros del personal de hasta seis centros trabajaban 75 horas a la semana y lo harían en tres turnos.
¿Es posible escapar de la vorágine de la moda rápida?
Esta forma de producir no es sostenible. Según la ONU, la industria de la moda produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y envíos marítimos internacionales juntos, con las consecuencias que ello tiene en el cambio climático y el calentamiento global.
Unas cifras nunca vienen mal para tomar conciencia de la dimensión del problema. Confeccionar unos jeans requiere unos 7.500 litros de agua, el equivalente a la cantidad de ese líquido vital que bebe una persona promedio en siete años. La industria de la moda es responsable del 20 % del desperdicio total de agua a nivel global. La producción de ropa y calzado produce el 8 % de los gases de efecto invernadero. Cada segundo se entierra o quema una cantidad de textiles equivalente a un camión de basura.
Greenpeace también le ha sacado unos cuantos trapos sucios a Shein. Según el último informe, la marca de moda ultrarrápida tiene un modelo de negocios basado en químicos peligrosos. La organización analizó las sustancias químicas en 47 productos, encontrando que siete de ellos (15%) contenían sustancias químicas peligrosas que superan los límites reglamentarios de la Unión Europea (UE), y cinco de estos productos superan los límites en un 100% o más. Además, 15 de estos productos contenían sustancias químicas peligrosas en niveles preocupantes por encima del certificado OEKO Tex. Esto es especialmente relevante porque hasta un 60% de los productos vendidos en Black Friday pertenecían a la categoría de ropa, calzado o complementos.
La conclusión de los ecologistas: Shein está violando las normas ambientales de la UE sobre productos químicos y poniendo en peligro la salud de las personas que consumen sus productos y que trabajan para producirlos.
Mano dura con la moda rápida
Pero el chollo parece estar llegando a su fin. Al menos, esa es la intención. “Hacer que los textiles sean más duraderos, reparables, reutilizables y reciclables a fin de luchar contra la moda rápida, la basura textil y la destrucción de los productos textiles no vendidos, y velar por que su producción se lleve a cabo respetando plenamente los derechos laborales”. Este es el principal objetivo que recoge el nuevo Plan de Acción para la Economía Circular de la Unión Europea.
“La moda rápida es veneno" para el planeta y debe ser sustituida por "una moda lenta circular" de productos bien diseñados que creen menos residuos y duren más, aseguró la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen.
Siguiendo esta línea, la marca española Zubi lanzó en 2021 la campaña No soy cara, soy justa, con el objetivo de concienciar sobre el verdadero coste de producción de uno de sus bolsos, ante una queja de un usuario. Y claro, uno ve el croquis y entiende el enfado de las marcas pequeñas.
¿Seremos capaces de comprar menos?
No podemos escabullirnos, porque somos nosotros los que hacemos compras impulsivas y cuantiosas, con la seguridad de que “si no me gusta, siempre estoy a tiempo de devolverlo”. Y no tenemos pensado redimirnos de nuestros pecados. Según el último European Fashion Report, solo el 12% de los consumidores perciben la sostenibilidad como algo especialmente importante en el sector de la moda.
El precio sigue siendo el criterio más importante para los consumidores europeos cuando van a comprar ropa (68%), seguido de calidad (61%). Esas cifras chocan con otros resultados. El 42% de los consumidores europeos consideran que la compra ética es muy importante. En particular, los españoles somos de los más convencidos junto con los italianos.
Greenpeace revela cómo la industria de la moda rápida traslada "montañas de basura" a los países más pobres
Pese al sistema, sí, se puede comprar menos y de forma más sostenible. Para empezar, priorizando la calidad a la cantidad. Tampoco hay que dejarse llevar por las modas pasajeras, porque siempre vuelven y nos juntamos con dos jerseys del mismo color y casi idénticos. Además, hay que tener cuidado con las ofertas de rebajas, porque no aplican tantos descuentos como anuncian.
Si nada de esto es suficiente, en el libro Al borde de un ataque de compras de Brenda Chávez ofrece 73 claves para repensar la forma en la que nos manifestamos como consumidores. Y dar un paso más hacia la moda sostenible.