El código secreto de las aves: todas emiten el mismo sonido de alarma ante una amenaza
Aunque pertenecen a especies distintas y no tienen relación alguna, estas aves han creado un sonido único que alerta de la presencia de parásitos en su zona.

El conocimiento en el mundo animal es un asunto fascinante, sobre todo porque todavía aún arroja más preguntas que respuestas. ¿Cómo aprenden los animales? ¿Se enseñan unos a otros o es una situación puramente instintiva? ¿Por qué especímenes que, en principio, no han tenido contacto alguno, responden de manera similar en situaciones análogas? Poco a poco vamos comprendiéndolo mejor, aunque de vez en cuando surgen averiguaciones que rompen todos los esquemas preconcebidos. Es el caso que ahora nos compete.
Un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Cornell y de la Estación Biológica de Doñana ha hallado que aves separadas por grandes distancias geográficas y millones de años de evolución comparten una señal vocal aprendida similar para identificar enemigos parásitos cerca de sus nidos. Es decir, que aunque viven muy lejos unas de otras, y que ni siquiera son de la misma familia, han aprendido una especie de voz de alarma muy parecida cuando aparece un parásito cerca del nido. Algo intrigante pues se trata del primer ejemplo conocido de una vocalización animal aprendida a partir de una respuesta innata compartida por múltiples especies.
Un mismo sonido común a varias especies
La investigación, que ha sido publicada en Natury Ecology and Evolution, indaga en por qué aves de lugares como Australia, China y Zambia utilizan el mismo llamado para identificar a sus parásitos, a pesar de no haber entrado nunca en contacto entre sí. Cuando un ave oye el llamado de advertencia, instintivamente sale a investigar; "es entonces cuando las aves absorben las pistas que las rodean, que aprenden cuándo producir el sonido en el futuro", afirmó James Kennerley, coautor principal del estudio.
"Lo fascinante de este llamado es que representa un punto intermedio entre las vocalizaciones instintivas que solemos observar en los animales y las unidades vocales completamente aprendidas, como las palabras humanas", añadió William Feeney, ecólogo evolutivo de la Estación Biológica de Doñana y codirector del estudio. O dicho en otras palabras, es un tipo de llamada que mezcla instinto y aprendizaje: los pájaros parten de una reacción natural, pero luego aprenden a usar un sonido concreto para comunicar ese peligro en particular.
La investigación también reveló que las especies que producen el llamado quejumbroso tienden a vivir en zonas con complejas redes de interacciones entre los parásitos de cría y sus hospedadores. "Dado que las aves colaboran para ahuyentar a los parásitos, comunicar cómo y cuándo cooperar es fundamental. Por lo que este llamado está apareciendo en zonas del mundo donde las especies se ven más afectadas por el parasitismo de cría", explicó Kennerley.
Cabe recordar que el parasitismo de cría se produce cuando aves, como los cucos, ponen sus huevos en nidos de otras especies, obligando al hospedador a criar a sus crías, a menudo a expensas de las suyas propias. Por este motivo resulta ventajoso para la especie hospedadora identificar y tratar de evitar que los parásitos del nido pongan huevos, pues en el fondo afecta a todas la comunidad.
¿El origen del habla humana?
El vínculo entre el sonido innato del quejido y la respuesta aprendida por el ave es lo que hace único a este estudio. "Por primera vez, hemos documentado una vocalización con componentes tanto aprendidos como innatos, lo que podría mostrar cómo las señales aprendidas podrían haber evolucionado a partir de llamadas innatas, tal como lo sugirió por primera vez Charles Darwin", afirmó Feeney.
Los hallazgos desafían las suposiciones arraigadas sobre la clara división entre los sistemas de comunicación animal y el lenguaje humano. De hecho, los autores sugieren que los sistemas de comunicación aprendidos, como el lenguaje humano, podrían haber evolucionado mediante la integración gradual de elementos instintivos y aprendidos. "Es como ver cómo la evolución puede permitir a las especies otorgar significados aprendidos a los sonidos", añadió Feeney.
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