¿Cuándo comprar un GPS para perros? Los casos en los que sí merece la pena la inversión
El miedo a que nuestro perro se pierda es muy común, por lo que muchas personas valoran comprar un localizador para su mejor amigo.
Zaragoza-
Cada perro es un mundo y, por ende, tiene sus propias necesidades. La ciencia ha demostrado que los canes tienen una personalidad individual, que va incluso más allá de su raza. Así lo apunta, por ejemplo, el estudio llevado a cabo por la plataforma Darwin’s Ark, que encuestó a más de 18.000 dueños de perros y, además, realizó pruebas genéticas a 2.100 animales. Los resultados fueron palmarios: la raza solo representa el 9% de las diferencias de conducta, por lo que el comportamiento está influenciado por razones ajenas al pedigrí.
De ahí que todas las medidas que tomemos respecto a nuestro mejor amigo deban ir en función de su personalidad concreta, y no tanto en base a reglas generales o patrones repetidos según su raza. Entre ellas, la de comprar o no un GPS para perros. Se trata de una medida muy útil para poder tener bajo control a nuestra mascota en todo momento, sobre todo ante el pavor que puede suponer la idea de que algún día se pierda. Sin embargo, en algunos casos se trata de un desembolso evitable.
Qué es y cómo funciona un localizador GPS para perros
Un localizador GPS para perros es un pequeño dispositivo electrónico que se acopla al collar o al arnés de la mascota para conocer su ubicación en tiempo real. Aunque se suelen englobar todos en el mismo saco, en realidad se pueden dividir en dos grandes tipos. Por un lado, aquellos que se asemejan al GPS del coche, pues utilizan una red de satélites en órbita que sirve para trazar su posición. Por otro lado, están los que funcionan como los Airtags de Apple, utilizando la red de Bluetooth para ayudar a determinar la ubicación del perro.
Ambos permiten saber dónde se encuentra el perro y actuar con rapidez si se aleja o se pierde. Con matices, claro, pues si bien los modelos Bluetooth son una opción económica para entornos urbanos concurridos, los localizadores por satélite son los únicos que permiten saber dónde se encuentra el perro en tiempo real y en cualquier lugar. Por norma general, el tutor del perro puede consultar la información a través de una aplicación instalada en su smartphone. De este modo, la app muestra un mapa interactivo que permite localizar al perro de manera rápida y visual.
Además, muchos de estos dispositivos incluyen la función de valla virtual, que consiste en delimitar un perímetro de seguridad (por ejemplo, el jardín de casa o los límites cercados de una finca). Si el perro rebasa esa zona, el dispositivo envía una alerta inmediata al teléfono, por lo que el tutor no necesita estar mirando la pantalla en todo momento para saber que su amigo de cuatro patas está a salvo.
Cuánto cuesta un GPS para perros
A la hora de valorar el precio de estos dispositivos, hay que diferenciar claramente varias tecnologías con presupuestos y modelos de pago muy distintos. Por un lado, las opciones más económicas son los rastreadores por Bluetooth (similares a los AirTags de Apple o las SmartTags de Samsung). Estos pequeños dispositivos suponen un pago único que suele oscilar entre los 25 y los 35 euros, con la ventaja añadida de que no conllevan ningún tipo de cuota mensual. Sin embargo, su alcance es limitado y dependen totalmente de la cercanía de otros teléfonos móviles para emitir señal, por lo que resultan poco eficaces si el perro se pierde en áreas poco transitadas o en plena naturaleza.
Por otro lado, los localizadores GPS convencionales con suscripción (como Tractive, Kippy o Weenect) ofrecen cobertura por satélite continua y en tiempo real en cualquier lugar. El precio de compra del aparato suele ir de los 40 a los 80 euros, pero requieren obligatoriamente contratar un plan de servicio. Al integrar una tarjeta SIM para enviar los datos de ubicación a la aplicación del teléfono, los fabricantes cobran una mensualidad que suele rondar entre los 4 y los 13 euros al mes, dependiendo de si se contrata un plan mensual o una cuota anual pagada por adelantado.
Por último, existe una tercera alternativa: los GPS sin cuota mensual ni suscripción. En esta categoría encontramos desde modelos que funcionan introduciendo una tarjeta SIM propia de prepago hasta dispositivos profesionales de radiofrecuencia o GPS (los cuales son muy habituales en perros de caza o senderismo avanzado). Aunque evitan los pagos recurrentes a largo plazo, la inversión inicial es sensiblemente superior, con precios que suelen superar ampliamente los 100 euros y que, en el caso de los equipos de localización avanzada sin cobertura móvil, pueden alcanzar los varios cientos de euros.
Qué debes valorar antes de comprarle un localizador a tu perro
Como hemos dicho, lo primero y más importante es saber la personalidad que tiene el animal, también sus usos y costumbres. Si un animal es eminentemente casero, muy dócil y apenas corre en libertad, la inversión en un localizador probablemente no sea necesaria. Es cierto que siempre va a existir un cierto riesgo de pérdida, pero las probabilidades son muy bajas. Si por el contrario se trata de un perro que está acostumbrado a salir al monte a pasear sin correa o, simplemente, que tenga una personalidad impetuosa y aventurera, sí que es interesante que cuente con uno de estos dispositivos.
Después, el lugar en el que se resida es la otra gran cuestión. Como hemos visto, los dispositivos que funcionan mediante Bluetooth son útiles en las grandes ciudades, pues necesitan de la presencia de teléfonos móviles en el entorno para trazar la posición, pero pueden ser irrelevantes en la naturaleza. De ahí que sea muy importante valorar las costumbres sociales de nuestro mejor amigo.
Además, otras cuestiones a valorar antes de adquirir un dispositivo u otro son: la duración de la batería, la necesidad o no de una suscripción adicional, la precisión de la señal, su facilidad de uso, la compatibilidad con el teléfono móvil que tengamos, su resistencia al agua y, finalmente, el tamaño y ergonomía del dispositivo. Al fin y al cabo, no es lo mismo que lo vaya a llevar en el collar (o el arnés) un mastín del Pirineo que un caniche.
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