Publicado: 11.10.2015 20:54 |Actualizado: 11.10.2015 23:30

Insectos en la dieta europea,
¿por qué no?

La Agencia de Seguridad Alimentaria analiza los riesgos de la entomofagia y la cría para alimentación animal y humana

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Granja de grillos en Tailandia.- FAO

MADRID.- Grillos, gusanos de seda, moscas comunes y gusanos de la harina son algunos de los insectos que la Comisión Europea considera mejores candidatos para su uso en la alimentación humana o animal. Los insectos no forman parte en Europa de la tradición culinaria que sí se da en muchos países, donde se consumen de forma habitual, pero la FAO lleva varios años proponiendo aumentar su uso en todo el mundo, tanto para consumo humano (entomofagia), como para alimentación animal, por ser una fuente de proteínas importante. Algunos insectos, como los gusanos de la harina, que son en realidad larvas de un escarabajo, se utilizan ya en Europa para alimentación de mascotas, por ejemplo.

La FAO lleva años proponiendo aumentar su uso en el mundo por ser una fuente de proteínas importante

El interés por los beneficios de introducir insectos en la dieta está aumentando en el mundo, y en Europa también. Sin embargo, antes de poder dar vía libre a los insectos o a los animales que los han ingerido como pienso en la cadena de alimentación humana, es necesario evaluar los riesgos asociados a la cría y consumo de insectos, y eso es lo que ha hecho por primera vez la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), en un informe que acaba de hacer público. Los científicos se han fijado en los riesgos potenciales de tipo biológico y químico, así como en los relacionados con las alergias y los efectos medioambientales. El informe se limita a insectos criados en Europa, no a los silvestres, e incluye asimismo la importación de insectos muertos o productos derivados de ellos, pero no de insectos vivos.

Existen pocos datos
sobre la transferencia de contaminantes químicos, por lo que serían necesarios más estudios

Cuando el sustrato alimenticio utilizado en la cría de insectos es un material ya autorizado como pienso, el riesgo biológico que puedan presentar estos (en forma de bacterias, virus, parásitos, hongos o priones) se considera comparable y no superior a otras fuentes de proteína de origen animal no procesada. En el caso concreto de los priones (que causan la enfermedad de las vacas locas y su equivalente humano) existiría riesgo únicamente si en el sustrato hubiera proteínas de rumiantes o humanas, que estarían prohibidas. En cuanto al riesgo químico (metales pesados, toxinas, medicamentos veterinarios, hormonas y demás), existen pocos datos sobre la transferencia de contaminantes químicos de los diferentes sustratos posibles a los insectos, por lo que serían necesarios más estudios. También serían necesarios más estudios si se utilizara para la alimentación de los insectos estiércol, basura orgánica doméstica o incluso excrementos humanos. Además, los insectos se podrían contaminar de sustancias presentes en los plásticos de envases de alimentos, si estos formaran parte de su sustrato alimenticio. Sin embargo, en los insectos de vida corta la bioacumulación de contaminantes no tendría tiempo de producirse.



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Insectos en un puesto de alimentación en Laos.- FAO/Thomas Calame

En cuanto a las posibles alergias desencadenadas por el consumo de insectos, se conocen casos, en humanos que han ingerido insectos y también en personas que tienen contacto habitual con estos, como los entomólogos y los criadores de cebo para pescar. No parecen ser más numerosos que en otros tipos de alergia, y no se han descrito hasta la fecha en animales que consumen pienso derivado de insectos. Sin embargo, los científicos alertan de que los alérgenos en la comida son normalmente proteínas, y que lógicamente los alimentos derivados de insectos tendrían proteínas porque de eso se trata, de tener fuentes alternativas de éstas. Por tanto, no se pueden descartar reacciones alérgicas o intolerancias alimentarias, un problema que presentan muchos otros alimentos.

No se pueden descartar reacciones alérgicas o intolerancias alimentarias

Las granjas de insectos no tendrían más dificultades que cualquier otro centro de producción animal, señalan los especialistas. Las buenas pautas de higiene y producción son fundamentales, como en cualquier granja. El tratamiento de los residuos producidos por la cría debería igualmente seguir pautas similares a las de cría de otros animales, aunque se debe de tratar este aspecto caso por caso.

Y como en tantos otros alimentos, una cosa son los insectos crudos, sin procesar, y otra los procesados o cocinados, por lo que los métodos de conservación y procesamiento reducirían los riesgos biológicos, al menos, a niveles aceptables. El frío, la congelación, la alta presión, el calor, serían algunas de las técnicas a utilizar, solas o en combinación. Por ejemplo, para eliminar las enterobacterias en gusanos de la harina y grillos es eficaz hervir durante cinco minutos y almacenar a una temperatura de entre 5 y 7 grados, pero también es previsible que se utilicen técnicas de procesamiento industrial.

En cuanto a los contaminantes químicos, se puede reducir mucho su concentración con lo que ya se conoce sobre los tejidos en los que se acumulan, que se extraerían antes de fabricar productos derivados de los insectos. Los expertos advierten, no obstante, de que existen importantes lagunas en la información disponible, lo que implica que subsiste un cierto grado de incertidumbre sobre los riesgos del consumo habitual de insectos.

Se estima que el número de especies de insectos que se consumen en el mundo ronda las 1.500

Se estima que el número de especies de insectos que se consumen en el mundo ronda las 1.500. La cría de insectos para alimentación no es nueva en Europa, y el mejor ejemplo es la miel, para la que se han establecido algunos límites de seguridad alimentaria, pero solo respecto a los medicamentos veterinarios. También se crían, en centros cerrados, insectos para control de plagas y producción de seda, por lo que existe información disponible sobre los riesgos medioambientales que pueden derivar de la cría.

Tres países europeos —Bélgica, Francia y Holanda— ya han realizado informes similares al presentado ahora por la autoridad europea de seguridad alimentaria, que sería el más completo hasta la fecha. Sin embargo, los insectos se considerarían en Europa un alimento nuevo desde el punto de vista burocrático y el camino para introducirlos en la dieta humana y animal se presenta largo.